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Facundito – 1º entrega

Querido padre…

Ayer llegué y ya todo esto me parece un circo gigante como los que venían al pueblo en el verano y vos me llevabas, ¿te acordás? Las casas y los edificios son tan grandes y tan altos, los colectivos parecen elefantes que transportan en el lomo a cientos de monitos todos apretados, los carteles están como en el aire y parece que se van a caer pero no se caen, como los trapecistas. Esta ciudad tiene una inmensidad fabulosa y cada vez que quiero mirar a mi alrededor tengo que levantar el mentón, abrir bien los ojos y hacer una vista panorámica para ver la cantidad de detalles que tiene el paisaje. Es una locura, como un sueño que pasa a fondo. Tenía razón el Gordo esa vez que vino con los primos a ver a Boca y dijo que él al planeta no se lo imaginaba tan grande como Buenos Aires, me acuerdo la cara del Gordo, como le brillaban los ojos y estiraba los brazos y decía: Buenos Aires es más grande que el planeta. La pensión está bastante bien porque tiene bañera, y vos bien sabés lo que a mí me gusta quedarme bañándome por tiempo indefinido como cuando era chiquito y vos venías todo mugriento y me decías que me apure que toda la familia se tenía que bañar y que yo no era ningún rey de Asturias ni tenía todo el agua del mundo para dispersarla en mi cuerpo porque tampoco era tan gordo como para tardar tanto en enjabonarme. Bueno, acá sí hay bañera, no como en el pueblo, y puedo quedarme todo lo que quiero sin que nadie me diga nada. Hace un ratito la llené y me metí y estuve mucho tiempo leyendo las revistas que había en el baño, había un montón de los famosos que están en la tele, de los que mamá mira en las novelas y de los que bailan a la noche en el programa de Tinelli, ese que a vos te parece una porquería, revistas llenas de fotos y muy pocas palabras porque nunca me gustó leer, vos sabés bien que a mí la escuela me parece una pérdida de tiempo, estar 6 horas al día mirando el techo aprendiendo logaritmos, biomas, objetos indirectos y no sé cuántas pavadas más que son inútiles para la vida cotidiana, y es muy importante, te lo quiero decir, padre querido, para mí fue muy importante que me hayas dejado abandonarla, que me hayas entendido, porque prefiero venir acá a trabajar, a ganarme la vida, a conocer esta enorme ciudad. Te juro que recuerdo todas las cosas que me enseñaste, papá, y que Buenos Aires no me va a matar como dice mamá porque ella debe estar muy preocupada, por eso te mando este mail. Me vine al cyber que hay a una cuadra de la pensión, la dueña me dijo: es una cuadra, andá que no es caro. Sí, es buena onda la vieja que maneja la pensión, estuve charlando un rato, no toma mate como nosotros, toma tereré que es igual pero frío y en vez de agua lleva jugo, porque no es de acá, me dijo que es paraguaya, de Asunción, y que se lleva bien con los chicos del interior porque dice que somos buenos. Sí, papá, quedate tranquilo que me acuerdo que vos me dijiste que abra bien los ojos y que no me morfe ningún verso porque acá la gente es rara y hay que andar desconfiado mirando para todos lados, pero la vieja me cayó simpática. Te decía que vine al cyber a mandarte este mail para que mamá se quede tranquila y porque a vos te gusta leer. Ah, esos libros raros que me hiciste traer, en algún momento te prometo que me pongo a hojearlos aunque a mí leer mucho no me gusta pero sé, porque me lo repetís siempre, sé que la lectura te hace más inteligente, así que los voy a leer. Otra cosa, tenías razón, la llamada telefónica es carísima, ni que viviéramos tan lejos, qué se yo, entonces esto del mail nos viene como anillo al dedo. Te imagino yendo al kiosko del Rengo donde están las computadoras con internet y vos leyendo esto atentamente, mirando fijo el monitor, con las manos juntas abajo de la mesa. Mañana voy a ir a lo del hijo de Tito, tengo el papelito con la dirección anotada que me diste, mañana a primera hora voy a estar ahí a empezar en la obra en construcción que te dijo que tiene por Palermo. Tengo muchas ganas de ir mañana a laburar y la verdad es que me gusta esto. No te niego que Buenos Aires da un poco de julepe cuando los autos desaparecen y en las esquinas no hay un alma ni por asomo pero está bueno. Decile a mamá que estoy muy bien, que no se preocupe, que ya soy grande y me sé cuidar solo, mandale también un beso a la Vico y decile que le meta pilas con la escuela que si quiere estudiar algo va a tener que terminarla alguna vez. Te mando un fuerte abrazo, pa. La semana que viene te vuelvo a escribir y te cuento cómo me fue con el hijo de Tito.

Facundito

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