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Muerte en la noche

Por Adolfo Francisco Oteiza | Fotografía: Belén Oteiza

 

“Esta ciudad está de mi lado”

J. Carroll.

 

Mode off.

 

Bebe del pico el último sorbo de la ante última cerveza. Intenta encender un cigarrillo pero no hay más en la caja. Hora: seis de la mañana. Día: martes. Chocando muebles sale del departamento a la oscuridad del pasillo del piso en Corrientes. Prende la luz. Está ebrio. Llama al ascensor. En la espera gesticula, se estira los pómulos, intenta hilvanar un pensamiento. “Toda la noche escribiendo versos sobre la naturaleza y vivo en esta ciudad”. Abre la puerta del ascensor y se ve reflejado como dos o tres veces. La monstruosidad se le hace latente. Casi no oye el corazón. Fin de la primavera. La luz del día y la humedad lo abaten.

 

Mode on.

 

Claudia se marcha del departamento de Daniel y se toma, tras una espera tediosa, el sesenta hacia Constitución para desahogarse con una amiga. Son alrededor de las doce de la noche. Constitución no es moco de pavo a esa hora, menos para una minita bien como ella, pero no le importa. Va con unas botas con tacos, de esas que hacen romper el cuello de los hombres, jean ajustado y una musculosa blanca que sostiene, junto con su piel blanca, la mochila de la facu. Una visión de mina. Cabello castaño, ojos almendra.
En el sesenta se acerca un flaco, de esos que circulan la noche, y le pregunta dónde baja. No sabe por qué pero le dice. El flaco, rápido, dice que baja en la misma parada, ahí, por la nueva facultad de sociales. Pregunta, acercándose, si es muy atrevido de su parte invitarla a tomar algo. Ella le agradece y dice que no.

 

Mode off.

 

Las calles comienzan lentamente con el ruido matinal. Se siente un cuerpo extraño entre el sueño y la responsabilidad de la ciudad. El kiosco de la vuelta aún mantiene persianas bajas. Debe caminar casi cuatro cuadras hasta casi esquina Callao. No lo duda. Su poder de observación está demasiado limitado. Un paquero se le acerca a tantearlo y pedirle el mango. Le pasa dos pesos y continúa. Quiere llegar ya al departamento a tomarse la birra que le resta. Camina presuroso. Cuando llega al kiosco pide una Marlboro box y emprende la vuelta a casa.

 

Mode on.

 

Claudia baja en Independencia y el flaco del colectivo tras ella. Se le pone a la par. Anda nadie por la calle. El pibe la toma del brazo y le pregunta si realmente no quiere tomar algo. La mina se suelta e intenta comenzar a correr, pero el flaco la detiene de la cintura, le tapa la boca y se la lleva a la entrada de un edificio en penumbras. La apoya a Claudia con todo su cuerpo y le pela una navaja en la garganta y susurra “Calladita, dame todo lo que tenés”. El flaco se lo guarda. La comienza a manosear y a desprenderle el jean ajustado. Ella exclama, llora, con la boca tapada y el frío de la navaja en la garganta. Llega al sexo y comienza a bajarle el jean ajustado. El flaco en su excitación se descuida y Claudia logra zafarse de un empujón. La navaja cae al piso. Claudia corre y el flaco no la sigue. Para un taxi y le da la dirección a su casa. Llora todo el camino y las miradas libidinosas del tachero le dan pavor y nauseas.

 

Sueño muerto.

 

Una vez en el departamento enciende el segundo cigarro de la caja y destapa la cerveza que le restaba. Comienza a ensayar un poema. Estuvo así toda la noche desde que se fue Claudia tras una discusión por su estado. La birra pasa por su garganta como el caudal de agua que tiene el Río De La Plata. Entre olor a muerte y diferentes productos escribe lo siguiente:

 

Te nutre las venas y llega al centro –
Noche color candelabro –
Y miro hacia los mosaicos
Y me reclino en un sillón
Bien cómodo.
……………………………………………..
Con mis impulsos pueriles
Me dirijo a la terraza
Donde soy un atrevido beatnick,
Algo así como náufrago de vida,
De hecho lo soy.
Pero bien.
…………………………………………….
Solo otra seca que me divague
Otra gélida erección.
Aquí soy yo.
Soy yo en la terraza de mí edificio.
Desnudo, aquí la brisa da en mis bolas,
Mientras, con el frío de las estrellas,
Me masturbo.
……………………………………………….
En la terraza,
Luego de la experiencia liberadora,
Enciendo un tabaco
Y tomo tinta y hojas muertas con renglones
Y escribo en el diario los pensamientos libidinosos,
Desnudo, con mis bolas constreñidas
Y el techo de estrellas que es todo libertad.
……………………………………………….
Aun no terminada la aventura:
Me duermo, como con ruido a desagüe.
Y las sirenas, el miedo,
Los caminantes apresurados,
Y todo lo apretujado de la ciudad
Continúan ahí abajo
(Me llegan rumores),
Y soy el único que descansa liberado.

 

Inspirado en Jim Carroll.

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