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Veámoslo un poco con tus ojos

Por Adolfo Francisco Oteiza

 

Aunque estemos hablando de rock, siempre parece complicado cuando lo hacemos sobre los redondos, como con algunas otras bandas o solistas de la esfera nacional e internacional. No por una cuestión de complejidad, que de hecho la tienen, sino porque generan controversia.

Para muchos (me incluyo) es la banda más enigmática del rock argentino. Muchas veces cuando habla el Indio, figura principal de la banda, hace silencio y escucha una parte de la nación. Ese es el respeto impuesto por Patricio Rey y sus redonditos de ricota.

 

 

Fusilados por la cruz roja.

 

Norteamérica e influencia -. En el 47 (principio de la guerra fría) llega el macarthismo al senado norteamericano y transcurre la década del American Pie y la censura, el sueño americano, se establece Estados Unidos como principal puerto cultural del mundo. Al mismo tiempo el jazz y el blues ya estaban asentados en occidente, la generación beat comienza a publicar, un tanto clandestinamente, y comienza a aparecer un rock & roll ingenuo quizás para nosotros, pero que ya muestra una gran irreverencia y provocación; se forman los 60 e Inglaterra hace de las suyas. Los que más sufrieron la persecución fueron los escritores, lo cual les sumaba una excusa para seguir recorriendo Estados Unidos, México y gran parte de América. De ahí que estos escritores estadounidenses amantes del jazz y la experimentación fueran más de tierra, de productos, que de estrellas. Toda esta movida que impulsaría el hippismo y la psicodelia los redondos la curtieron, por supuesto, a su tiempo y desde Argentina. El Indio, además de poseer una cultura refinada, fue muy influenciado por la generación beat, Hofmann y la cultura del ácido. To beef or not to beef, por ejemplo, es una canción beatnick hasta en la temática.

Con claras influencias norteamericanas, los redondos, son una de las bandas que más caló en el país. Una contracultura excelente. El jazz nace en los campos, en la tierra, como el folclore nacional, y el tango nace un poco más allá del arrabal, en los puertos. Los redondos nacen en la represión. Aquí se explica que sean una banda muchas veces de protesta que postula sus verdades, porque vivieron con la libertad cohibida, además de estar permanentemente en conflicto con el statu quo.

Que han sido y siguen siendo una influencia en el rock nacional nadie parece dudarlo, y no solo por el hito de autogestión, sino también por una estética que marca gran parte del rock de los 90 y principios del 2000, comenzando a mermar un poco la influencia con Cromañón, la disolución de los asambleístas del 2001 y el mundo de la industria de espectáculo. Lograron no ser una banda de culto, primero, porque continúan individualmente produciendo, y además, porque aun algo sigue vivo en sus canciones. No es una banda anacrónica a estos tiempos. Basta pensar en un tema como El hombre eléctrico (inédito), compuesto entre la dictadura militar y el retraso tecnológico alfonsinista, que parece corresponder más con nuestra época. Por el mismo lado siempre fueron adelantados y no temieron utilizar nuevas tecnologías.

Esta experimentación constante de las artes, la experiencia controlada con drogas, vivir en el mundo de los sentidos, o sea en el mundo de los deseos, hecha por hombres de psiquis fuertes y talento, generó, puede ser, a Patricio Rey y sus redonditos de ricota; o sino, Patricio Rey, es algo que ya estaba, pero dormido, y como ciertas patologías psicológicas o psiquiátricas se desencadena de golpe con la sinapsis de ciertas neuronas y sentimientos. Aunque lo segundo parece adaptarse mejor a nosotros, sus seguidores, no me atrevo a descartar ninguno de los dos postulados.

 

Y ternuras que no son para este mundo.

 

Patricio Rey y el misticismo -. Patricio Rey funciona como un ente mitológico, pero no a la manera griega en que se adoraba y temía a los dioses, porque de hecho no es un dios, sino algo más humano, prácticamente humano. Patricio Rey simboliza a la banda y sus seguidores. Es el chamán de la tribu, el líder espiritual, lo que sucede cada vez que escuchamos la música o nos encontramos en algún show y hay diferencias y respeto porque estamos en la misma. Y tiene una lógica filosófica o teológica, porque representa un entrenamiento, una interpretación independiente de cada individuo al conectarse con la vida. No se trata solo de ser, sino de vivir. Creo que Patricio Rey está conformado por la parte más libre de cada uno de los seguidores y la banda. Patricio Rey es un misterio.

 

Preso en mi ciudad.

 

Fenómeno de masas y contexto nacional -. Generalmente, los fenómenos de masas o sociales nacen de una huerfanidad sufrida por individuos, dentro de un grupo o comunidad, carentes de un sentimiento de pertenencia concreto. Surgen de una necesidad. Cada momento histórico tiene su pulso social o más de uno. No creo necesario afirmar que los redondos no son una moda, dado que el rock no lo es. Lo que sí cabe preguntar es si son un fenómeno de masas o un medio de expresión para muchísima gente. Aquí es necesario mencionar algunos hechos históricos partiendo del bombardeo del 55.

Argentina desde el 55, pasando por los 60, hasta llegar a principios de los 70 vivió una total crisis política con gobiernos de factos represores, el surgimiento de focos guerrilleros y el peronismo (principal fuerza política del país) proscripto, que culmina con la vuelta y muerte de Perón, la firma de la AAA y el golpe cívico-militar del 76.

El contexto de los redondos es el de una banda platense, que si bien no grabó durante el proceso, si hacía presentaciones cuando la opresión lo permitía. Recién en 1984, un año después del triunfo de Alfonsín, presentan su primer disco de estudio, Gulp!. Si no el más, los 80 significan uno de los mayores auges del rock argentino. El país sale de la represión colectiva y se encuentra con las libertades que puede brindar una democracia.

Si bien los redondos no son una banda underground (como sí lo fue Sumo), deben moverse durante la dictadura por sótanos, como muchísimos jóvenes. Banda de una izquierda no “gerontocrática”, de una izquierda de libertades, logra captar a gente de distintos estratos sociales y económicos con una estética renovadora.

Ricardo Mollo cuenta que el siente que con Sumo se hizo de noche. Y veníamos de la noche, pero de la noche de los lápices, y Sumo y los redondos aportan una noche fresca, donde se caen las caretas y los tabúes.

Como mínimo es un movimiento masivo, que no cuenta con burocracia ni negociados de índole corporativo, justamente porque antes que nada es un hecho estético, que arrastra más de cien mil almas por presentación, no discrimina edades y le da el mango a todo el packaging que se monta alrededor de los shows; tiene el chori y la birra y muchas características propias de un fenómeno de masas.

No recuerdo si era por el Indio o los redondos que tuve una charla en la cual era el único de los partícipes que sostenía que eran pueblo, mientras el resto opinaba lo contrario. La verdad, no lo sé. En todo caso, no solo los marginados se sienten representados. Es una banda que recoge el buen gusto y la calle.

 

Otra polilla en busca de la luz.

 

Estupefacientes y sexualidad -. Debería ser evitable comentar esto, pero es una banda con mención de narcóticos, dealers, lo que le pasa al pibe común y corriente que anda por ahí, minas con actitud, etc.

Con los estupefacientes y la sexualidad cada quien tiene su experiencia personal. Es una decisión del sujeto ver dónde está el límite, teniendo en cuenta sus receptores cerebrales, la situación sentimental y la salud del cuerpo. Acusarlos de apología a la droga o la promiscuidad es peor que reducir a Céline, Ezra Pound o Heidegger al nazismo. Es quedarse con demasiado poco. Además, no son experiencias que inventaron, sino que suceden cotidianamente, y en más de una ocasión las condenan amablemente, sin ser pedantes ni moralistas. Oscar Wilde decía que “un libro no es moral o inmoral, está bien o mal escrito; eso es todo”.

Dependiendo lo que entendamos por políticamente correcto, los redondos son una banda políticamente correcta.

 

El documental Piedra que late abre con una frase que reza: “Solo una cosa es valiosa en el arte: lo que no se puede explicar”. La frase es ingeniosa pero falsa. La mayoría de los hechos artísticos son explicables y valiosos. Uno puede interpretar libremente las letras del Indio y reproducir los riff de Skay. Lo que sí es más difícil explicar es que un hecho artístico obtenga esta envergadura.

El arte es creer en la personalidad de las cosas, de los símbolos, necesita misticismo, y aquí los redondos ganan público.

 

 

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