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¿Y ahora dónde jugarán las reinas?

Por Luciano Sáliche | Ilustración: Marilen Adrover

Chivilcoy vuelve a ser noticia. Esta vez no es un tornado que cierra tardíamente el siglo XX ni la última novela de Hernán Ronsino ni la proyección política de un candidato coterráneo; esta vez es una avanzada feminista sobre las tradiciones pueblerinas de los concursos de belleza y sus estereotipos caricaturescos. Por medio de una ordenanza y la voluntad de la intendencia, el Municipio no seguirá auspiciando, organizando ni promoviendo estos concursos, alegando así ser la primera ciudad del país en tomar esta medida.

A partir de esta eventualidad surge una innumerable serie de preguntas que son imprescindibles para pensar el estado intelectual de nuestra sociedad. ¿Por qué el Estado desalentará esta “tradición”? ¿Qué tan nocivo resultan estos concursos? ¿Qué legitimidad tienen en la sociedad? ¿Esta medida es realmente una prohibición y, por consiguiente, una forma más de censura? ¿Se combaten realmente los estereotipos de belleza con esta medida? Y finalmente: ¿en qué llaga de las luchas por la igualdad de género hunde su dedo este concurso?

La cosificación sexual es ineludible

Todos somos objetos sexuales. Todos nos cosificamos en torno al placer sexual ajeno. Todos somos un culo, un par de tetas, un pene erecto, una vagina suave. Nadie está ajeno a tal objetivación dado que, una vez superada la relación entre sujetos, el intercambio discursivo, los vestigios de la personalidad, los intereses en común y los detalles en la historia de cada uno, aparece el momento del cuerpo, el momento de la carne. En ese punto la cosificación es un hecho ineludible.

En el sexo todos somos objetos, todos somos una vorágine de músculos, miembros y orificios penetrándonos y lamiéndonos. ¿Para qué negarlo? El concepto de hacer el amor no es más que un pacto piadoso de confianza y propiedad privada entre las partes, un instinto inequívoco de necesidad a la hora de intimar. Somos objetos sexuales, más en el fondo que en la superficie.

Arthur Schoppenahuer sostenía que la idea de amor es lo que para los animales es el instinto. Nos enamoramos a partir de ciertos parámetros estéticos, creyendo que una fuerza mayor nos sostiene y nos flecha como almas gemelas. Sí, hay algo de eso, pero esa fuerza está encarnada en la naturaleza que nos une a partir del instinto. El instinto individual forma parte de la voluntad de la especie. Y esa unión, ese enamoramiento se da a partir de una inconsciente proyección a la procreación. Si elegimos a la pareja más hermosa es para que nuestros hijos reciban esas cualidades. Y aunque parezca ser una teoría pensada sólo para heterosexuales capaces de reproducirse, no lo sería tanto si pensamos que ese amor homosexual actúa como un instinto pulsional más allá de su naturaleza progenitora.

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La belleza como un servicio al espectador

Bienvenidos al capitalismo. Aquí todo se compra y se vende porque todo tiene un precio. En el pulcro mostrador de la oferta y la demanda, todos tenemos que poner algo para que la sociedad lo consuma. Y no me refiero al consumismo como una metralleta idiotizante de burda publicidad sino, más bien, como una necesidad humana de adquirir ciertos productos. Todos debemos mercantilizarnos para ofrecerle (y serle útil) a la sociedad bienes y servicios como comida, educación, entretenimiento, medicina.

Hoy la belleza es una mercancía más, cualquiera que tenga un voluptuoso cuerpo y un rostro angelical puede ser modelo, conductor, cantante, bailarín por un sueño, mediático, promotora. Existe un mercado amplio para la gente linda. Primera pregunta: ¿Es éticamente malo que una persona bella explote ese capital? ¿Quién no quiere ser más bello de lo que ya es? ¿O acaso todos nos cortamos el pelo, nos compramos ropa, nos producimos y hacemos ejercicio por una simple cuestión de salud y comodidad? La belleza está ahí, acechándonos, diciéndonos que es imposible evitarla porque realmente existe.

No está demás decir que los estándares de la belleza son meramente culturales porque los patrones con los cuales definimos qué es bello y qué no tienen que ver con la coyuntura de la época, con los registros de moda, con los ídolos pop, con las nuevas tendencias y con los estereotipos de marca. Esos estereotipos son impuestos por una compañías económicas pero aceptados por los consumidores. A esta altura no podemos ocultarnos detrás de la lástima y decir que fuimos sometidos inescrupulosamente a esos modelos de belleza, que somos unos corderitos temerosos maltratados por la crueldad de la moda. Porque la aceptamos. Críticamente, pero la aceptamos. La pregunta central es cuán conscientes somos de esta aceptación y qué sucede con quienes jamás podrán alcanzar ese ideal de belleza o quienes incurren en atrocidades físicas y psicológicas para alcanzarlos.

Chivilcoy se viste de bronce

¿Por qué Chivilcoy se viste de bronce y decide, en el 2014, dejar de organizar los concursos de belleza? Hoy el feminismo ha calado profundo en nuestra sociedad logrando masificar ciertos debates intelectuales que antes hubiesen sido abucheados. Esto habla de una apertura importante. Pero, ¿qué es lo que cambia con esta nueva ordenanza? ¿Cómo beneficia a la sociedad esta iniciativa? ¿Se solucionan los problemas en torno al ideal de belleza?

No podemos negar que la idea de concurso de belleza, de premiación al aspecto físico, de los conceptos de Reina o Princesa vienen reproducidos desde la más temprana infancia por lo que eliminar esta instancia en el largo proceso del, por así llamarlo, estereotipo de belleza, no destruye la cadena. Pero sí la afecta, la condiciona, la disloca. ¿Qué es lo que realmente se modifica en términos pragmáticos? La respuesta a este punto es sencilla: que el Estado, como la mayor institución social, no organice ni auspicie ni promocione estos eventos donde vemos a mujeres flacas con sonrisas de diamante y vestidos brillosos montando un ridículo espectáculo de vergüenza ajena y vanidad falsa.

Si el programa de Marcelo Tinelli tuvo un alto contenido cosificador hacia la mujer, pudo darse el lujo de hacerlo porque es una compañía privada y este capitalismo avanzado lo permite. Ok. Pero, ¿no sería un despropósito utilizar la TV Pública para que Tinelli persiga a todas las bailarinas para cortarle la pollera?

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“Hay un cambio de paradigma y un contexto adecuado”

Para indagar sobre el tema, fuimos a la Casa de los Trabajadores de la CTA en Chivilcoy y hablamos con las impulsoras de la medida: Carolina Zunino y Sonia Cancro (Asamblea por los derechos de la Niñez), Claudia Marengo y Vanesa Girotti (Secretaría de Género). El proyecto surgió a partir de una nota que escribió Marengo en el diario local La Razón que generó una gran adhesión en la comunidad. “No es que se nos antojó. Estamos trabajando con la base de dos leyes: la Ley 26485 Nacional de Violencia de Género y la Ley 26061 de Niñez. Ambas atraviesan nuestra solicitud, nuestro pedido de que estos concursos cesen. Es un petitorio al Estado para que deje de promover o auspiciar este tipo de concursos. No está orientado a la individualidad o la persona. No está en juego la libertad de los cuerpos. Acá lo que está en juego son los procesos de selección que dictaminan qué es lo bello. Ese jurado está apoyado por modelos hegemónicos de belleza, estereotipos femeninos y en la mirada masculina con respecto al cuerpo femenino.

Por su parte, Carolina Zunino explicó: “Si bien es una cuestión que tiene que ver con género, en la asamblea también nos toca porque participaban chicas que eran menores de 18 años y como tomamos el concepto de infancia de Unicef que es hasta 18 años armamos un proyecto de ordenanza y salimos a buscar adhesiones. Fueron de ciudadanos particulares que fueron alrededor de 1100, y luego de una larga lista de adhesiones colectivas como colegios profesionales, pocas agrupaciones políticas y luego espacios culturales artísticos, áreas vinculadas a la salud y después adhesiones fuera de la ciudad que están encabezadas por Adelina Dematti de Alaye [Madre de Plaza de Mayo] y Eva Giberti [Psicoanalista]”.

Zunino advirtió que “esta ley no es taxativa, como habla de violencia simbólica es interpretativa” y denunció que “está circulando en los medios: ‘en Chivilcoy se prohibieron los concursos de belleza’, y esto no es así.  No es una ordenanza que prohíbe los concursos de belleza, en realidad establece el cese de estas actividades del Municipio o de la promoción a través de un subsidio. No le está diciendo al privado que no puede hacerlo. No es prohibir, debe usarse ese término por un tema de impacto. Específicamente el nombre de la ordenanza es ‘Cese de los concursos de belleza promovidos por el Estado Municipal en el partido de Chivilcoy’”. Y agregó: “Nosotros no lo hacemos desde una posición moralista, ahora en los carnavales no hay que salir vestidos de la cabeza a los pies. Cada uno tiene la libertad de mostrar su cuerpo como quiere. Por ejemplo en el último concurso de belleza hay una categoría que es ‘la chica más femenina’. ¿Cómo medís vos la femeneidad? ¿Qué es lo femenino? La gente que apoyó fue en un 80% jóvenes”.

Para este grupo de mujeres activistas, el contexto estaba dado en la ciudad para comenzar con esta iniciativa y la importancia de hacerlo mediante una ordenanza se debió a no dejarlo en manos del gobierno de turno. “Hay un cambio de paradigma, hay una interpelación. Había un contexto adecuado para presentar esta ordenanza. Hay muchos espacios de géneros, agrupaciones políticas, había surgido la idea de consultorios amigables para las mujeres trans, hubo una marcha por la diversidad. Hubo una apertura a diferencia de otras ciudades. Además la forma que el Estado a través de salud primaria bajo a las bases como los métodos anticonceptivos. Esto en los partidos vecinos no ocurre. Había un contexto favorable. Yo creo que debe haber habido pocas ordenanzas en la historia de Chivilcoy que hayan sido presentadas con el aval que tuvo esta. ”, sostuvo Zunino.

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“Quedarse con que se combate la violencia con el sólo hecho de aprobar esta ordenanza es un error”

Por otro lado, hablamos con el concejal de Unión Celeste y Blanca, Fabio Britos, que ese abstuvo en votar el proyecto: “No hace falta una ordenanza para prohibir estos certámenes porque los mismos no fueron creados por ordenanza sino por la voluntad política de quienes lo organizan. En este caso el Intendente había anunciado la suspensión y por lo tanto considerábamos que para enriquecer el debate el expediente podía quedar en comisión y seguir incorporando voces y que el tema no se agote en la elección de los reinados. Como el pedido había tenido eco a través de la decisión del Intendente, para nosotros lo mejor era esperar y seguir debatiendo”.

El concejal, que asegura no ser partidario de este tipo de concursos, dijo que “el debate no debe agotarse en esto solamente si hablamos de prevenir la violencia y la cosificación de la mujer. Nosotros hace más de tres años que presentamos proyectos. Chivilcoy también tiene que tener hogares de tránsito para las mujeres víctimas de violencia. Y muchas herramientas más. Por eso quedarse con que se combate la violencia con el sólo hecho de aprobar esta ordenanza es, a nuestro criterio, un error”. Además acotó que en términos de estereotipos “también se ven en aquellas publicidades donde se dice que tomando determinada bebida o consumiendo determinado producto se puede tener un cuerpo perfecto, como si el culto al cuerpo fuese algo necesario para encontrar mejores oportunidades”.

“La prohibición o la no realización de estos eventos es un derecho que tiene, en este caso, la municipalidad  para aplicarlo. Uno de los planteos que hicimos desde nuestro bloque es por qué si se llega a la conclusión que estos eventos son perjudiciales no se prohíbe la realización total y no solamente en la fiesta aniversario de la fundación o en los carnavales. También nos parecía contradictorio  que mientras se aprobaba esta ordenanza nada se decía de la contratación de vedettes y figuras conocidas por mostrar el cuerpo en las fiestas de carnaval, que la Municipalidad realiza año tras año. Nos preguntamos: ¿eso no es también fomentar estereotipos falsos?”, agregó.

Reinas muertas

A partir de ahora el Estado no organizará concursos de belleza. El suplemento para el que se realizaba el 22 de octubre –aniversario de la ciudad- es una convocatoria que reconocerá a personas de entre 15 y 30 años que, en forma individual o colectiva, se hayan destacado en actividades solidarias. Para Britos “siempre las premiaciones tienen algo de arbitrarias” pero comparte en “que pueden servir para destacar conductas y para que otros imiten”. Quizás aparezcan personalidades de la cultura, artistas, deportistas y activistas intentando pregonar una actitud más crítica que el mero exhibicionismo hipnotizador de una cara angelical. Y en febrero, fecha de carnavales, se suplantará el concurso con uno de máscaras, que -aseguró Marengo- “no es lo mismo un concurso de máscaras que uno de belleza porque el primero son objetos y el segundo personas”.

Pero hay toda una generación de mujeres que crecieron con las barbies, el color rosa, el auto de Ken, la ropita de Hello Kitty, las telenovelas mexicanas, la divertida huerfanidad de Chiquititas, las penetrantes historias de Disney, los delirios del castillo y el príncipe azul o algo de todo esto, y desean con todas sus fuerzas subirse al escenario como Reinas con una banda que dice Chivilcoy y saludar al público con sonrisa contenida. O están también las que ya ganaron alguno de estos concursos y decoran la casa de sus padres enormes portarretratos con la fotografía del evento. Si hay un cambio de paradigma, ¿qué sucederá con todas estas mujeres? La pregunta correcta es: ¿Y ahora dónde jugarán las reinas?

 

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