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Facundito – 2º Entrega

Papá…

¿Cómo estás? Me parece rarísimo esto de venir al cyber para madarte un mail desde Capital aunque ahora que lo pienso bien creo que lo que realmente me resulta raro no es mandarle un mail a mi padre que vive en el pueblo sino el hecho de estar en Capital, no sé, no me acostumbro todavía, es raro, una sensación rara que me gusta y me aterra a la vez. Bueno, te cuento que arranqué a trabajar con el hijo de Tito, se llama Francisco pero le dicen Pancho, un apodo demasiado pedorro para un arquitecto que aparentemente tiene prestigio porque la obra en construcción está en Palermo, un barrio finoli finoli de Buenos Aires, pero por suerte no soy tan sapo de otro pozo porque los muchachos que trabajan en la obra se parecen mucho a mí, son buena onda, zaparrastrosos como yo, no pronuncian muchos las eses tampoco, encima hay uno re fanático de Pappo, en cambio Pancho viene todo empilchado y se pone a mirar cómo trabajamos y darnos órdenes y a algunos los trata como el culo, les dice: así no pelotudo, y los muchachos lo miran entre dientes pero no le dicen nada. A mí Pancho me cayó bastante bien, bueno, es el que me da trabajo al fin y al cabo y vos bien me dijiste que no hay que morderle la mano al que te da de comer. Entonces fui a la dirección que tenía anotada en el papelito, a la calle Humbolt, era la única obra en construcción de la cuadra, me levanté a las 7, tranqui pa que no me dormí, y me tomé el 140, de Once a Palermo me tomo el 140, eso me dijo el flaquito que atiende el cyber, y tardo una hora y media, sí, es una bocha de tiempo, el otro día me rescaté que lo mejor que puedo hacer es llevarme alguno de los libros que me diste para ir leyendo en el viaje porque la verdad que se hace interminable. Cuestión que ahora estoy aprendiendo un poco a laburar acá, es parecido a lo que hacía con vos allá en el pueblo pero a mayor escala porque acá es un edificio altísimo y los materiales que usan acá son más sofisticados, Palermo es un barrio sofisticado, esa es la palabra que usó Francia, el más grande de los que laburan conmigo, es paraguayo como la vieja de la pensión y también toma tereré, me lo hizo probar, zafa porque ahora que es medio veranito el mate caliente te hace chivar como chorizo en la guantera. Francia es el que me dice lo que tengo hacer, Pancho me dijo: vos hacele caso a Francia, hacé todo lo que él te diga y después arreglamos, así me dijo Pancho. Francia igual me aclaró que esta semana íbamos a ocuparnos de colocar los marcos de las puertas y las ventanas, que eso es tranquilo pero que para él lo mejor es pintar, que esa era su verdadera pasión: pintar. Además me dijo que en sus ratos libres pinta cuadros, que se da maña con el acrílico y que un día de estos me iba a mostrar los cuadros que hace porque a veces se va a una feria a venderlos y se hace unos mangos. Yo le dije que a vos te encantaba Monet, que en la casa del pueblo tenemos un cuadro de Monet donde hay una mujer sentada en un banco y me dijo que lo conocía y que la mujer se llamaba Camile y era la primera esposa de Monet. No sé, jamás pensé que un obrero iba a tener gusto artístico pero como al tipo le encanta pintar paredes, la pintura artística no está tan lejos como parece. No sabés, papá, el otro día se le cayó una viga a uno de los muchachos y se le hizo pelota la mano, te juro que me agarró una sensación espantosa como si tuviera mil gatas peludas pegadas en la espalda, y con los muchachos llamamos a Pancho para que lo llevara al hospital. El hombre no paraba de gritar del dolor y después cuando volvió del hospital nos contó que se le fracturó el primero y el segundo metacarpo. Cuando se le cayó la viga, no sé por qué pero miré a Francia y no sabés cómo lo vi, el viejo estaba aterrado, tenía la mirada como si hubiese visto un fantasma, entonces después, a la hora me dijo que yo tenía que tener mucho cuidado. A la noche me quedé pensando en eso y entendí todo, la cara de pánico de Francia era porque el viejo se vio a él mismo ahí, con su mano debajo de la viga toda llena de sangre con los metacarpos todos rotos, y no es lo mismo que me pase a mí o al hombre que le pasó que a él, porque él es pintor. ¿Te acordás cuando al Carlo, que estaba re cerca de ganar el torneo nacional de atletismo y una noche chocó en la camioneta del padre, se hizo pelota y le tuvieron que cortar una gamba? Pobre Carlo, jamás volvió a correr, la depresión que se agarró después era tremenda, bueno, Francia vio eso, sintió eso de cerca, por eso esa mirada. Bueno, ya está, ahora ya pasó, pero sacando eso el laburo está rebueno, paramos un par de veces a descansar, tomamos tereré, algunas galletitas Don Satur o cremonas de la panadería de la esquina y seguimos. Está bueno, me gusta laburar en Palermo, me está gustando Buenos Aires y Francia me parece un fenómeno, me encantaría que lo conozcas, capaz algún día, seguro se quedarían hablando mil horas. Te prometo que ni bien me ponga a leer los libros que me diste, te escribo para contarte qué me parecen. Mandale un saludo a toda la familia y decile que los extraño una bocha y que pienso en ellos todas las noches cuando me voy a dormir y escucho los ruidos de los colectivos que pasan por la puerta de la pensión y cada bocinazo flasho que son ustedes que llegaron del pueblo para visitarme, después me doy cuenta que estamos lejísimo y me duermo.

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