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#18F

Por Adolfo Francisco Oteiza

Dos veces asistí a una marcha. Admito a partir de ahora que nunca las entendí, probablemente por la comodidad de no tener carencias, aunque convencido estoy de que justas las hay. Aclaro esto para que se tenga en consideración mi ineptitud e inexperiencia en el tema. La primera fue por la 125. Estábamos con mi viejo dando vueltas y conversando (también discutiendo), hasta que vimos en la plaza principal de nuestra ciudad, más precisamente ante las puertas del municipio, una turba no escasa de personas haciendo quilombo. Juro por mi madre que cuando mi padre estacionó en la plaza y dijo algo así como “bajemos” yo le rogaba al que vomita tibios que me haga sapo y me trague. Pero no queda ahí. Lo más curioso fue que, por bajarnos, hubo quienes se indignaron porque salimos en la tapa, de espaldas, en el diario más rimbombante de Chivilcoy, y como mi viejo y yo no participamos de las marchas o cortes no éramos dignos de tal homenaje (lo cual demuestra que la vanidad es tan poderosa como la economía), aunque ambos, a día de hoy, pensamos que esa resolución luego derogada era incorrecta. También recibí las cargadas de algunos amigos, pero eso no cuenta con demasiada importancia.

La segunda fue por la nacionalización de YPF, esta vez en el Congreso de la Nación. Si bien a favor de la medida, no asistí por convicción, sino porque era la mejor idea de un grupo de amigos. Llegamos medio tarde, tipo haciéndose de noche, y aún quedaba gente y bombo. Además de los vendedores ambulantes de cerveza lo que más me llamó la atención fue la proliferación de un olor dulzón que también exhalaba de mi boca y nariz. Como todo buen ejemplo, recibimos la visita de un niño de doce años en busca de una seca, al que amablemente le dimos a entender, no por egoístas, que mejor siguiera jugando con su pelota de básquet. Tiempo después (más bien años después) me desengañó un amigo al decirme que la marcha no era por Yacimientos Petrolíferos Fiscales, sino por la legalización de la marihuana, lo cual le dio sentido al recuerdo y también hasta cierto agrado ya que estoy a favor hasta de la venta del narcótico.

18 de febrero de 2015 -. El derecho a la manifestación lo contempla la Constitución Nacional. Pero, ¿por qué se manifiestan los que marchan hoy? En primer lugar los fiscales. Lo más lógico parece ser por el esclarecimiento de la defunción de un colega junto con su desacuerdo a las reformas del nuevo Código Procesal Penal del país. Después vienen los políticos (todos opositores, como no podía ser de otra manera) intentando sumar imagen y votos, porque es año electoral. Y por último (porque siempre llega en último) la gente. Más allá de algún consternado por la muerte del fiscal que llevaba adelante una causa por encubrimiento en el caso AMIA contra nada más y nada menos que la Presidenta de la Nación, se cae de maduro que su participación en la marcha es por las políticas y los diferentes casos de corrupción que circulan alrededor del actual gobierno.

Mucho se ha hablado desde el kirchnerismo. Se ha dicho que la marcha busca desestabilizar al gobierno y hasta hay quienes hablan de golpe. Lo primero puede que sea probablemente cierto y lo segundo falso. Solo a un descerebrado (que los hay, los hay) se le ocurriría intentar un golpe en año electoral, además de que las diferentes facciones políticas opositoras están pensando en octubre, no en destituir gobiernos democráticos, y se han manifestado todos en más de una ocasión a favor de la finalización del mandato, cosa que nos conviene a todos. Por otro lado sí se busca desestabilizar dado que la marcha tiene claras connotaciones políticas y por lo tanto se intenta bajar la imagen de la Presidenta y su gobierno, además de disminuir la intención de voto de los presidenciables kirchneristas.

Pero la pregunta es la siguiente, ¿sirve al esclarecimiento de la causa la marcha del silencio o la entorpece todavía más? La muerte del fiscal Nisman estuvo politizada desde el principio y esta marcha la politiza aún más, lo que no parece ser lo mejor para el mundo objetivo de las pericias. En todo caso que la justicia haga lo suyo, mientras los nuevos datos, falsos o no, nos asedian, las conjeturas vuelan y las afirmaciones son todavía más descabelladas.

“TODOS SOMOS NISMAN” -. Se podría, ingenuamente, hacer un cuadro comparativo sobre la representatividad simbólica, casi carnal, en el fiscal de los participantes del 18F y las tribus urbanas, pero sería un análisis superficial, por lo tanto inútil, ya que no nos referimos a adolescentes con carencias de pertenencia, sino a adultos maduros con intenciones claras ocultas bajo la parafernalia de justicia, lo cual, cabe admitir, es no solo aceptable, sino que está dentro de su derecho; sin embargo, nunca se me hubiera ocurrido en ninguna de las marchas en las que participé postular algo así como “yo soy la marihuana”, “yo soy YPF” o, que me perdone mi familia, “todos somos el campo”, sin olvidar el más reciente “ni lo intenten, Cristina somos todos”, en contraposición a la marcha del día de la fecha. Lo curioso de estos slogans es que son utilizados como argumento o derecho de principio, lo que es digno de un estudio sociológico que excede mi capacidad intelectual.

Asimismo el hecho de que un fiscal fallezca, sea por suicidio, suicidio inducido u homicidio, horas antes de comparecer en el congreso en una de las causas argentinas más importantes del S XXI nos deja atónitos y despierta confusión y aristas por todos lados, desde los centros de inteligencia hasta en el propio gobierno nacional como también en sectores de la oposición que tenían contacto directo con Nisman.

Temo que el esclarecimiento de la muerte del fiscal es tan improbable como el de la causa AMIA, sucedido en julio de 1994.

 

Imagino que, al igual que a las marchas que concurrí, al #18F no le faltará algo tan común como promesas de asesinatos, indignación, la falsa creencia de hacer patria, quizá se cuele algún estupefaciente de curso ilegal (aunque lo creo poco probable) y hasta tal vez se rompa el silencio con el cántico estridente y al unísono del Himno Nacional, con pronunciada efervescencia en su último verso: “… o juremos con gloria morir”, como es habitual en eventos deportivos y todo acto o manifestación de patrioterismo berreta. O puede ser que me equivoque y se mantengan en un silencio de luto porteño bajo el manto de pilotos y paraguas de diferentes colores. En cualquier caso la marcha está ahí.

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