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Lucas Algañaraz: “El tatuaje va a estar inculcado en los genes”

Por Federico Capobianco

 

Lucas Algañaraz tiene 31 años y hace 11 que tatúa. Al verlo trabajar uno percibe al instante que desde que empezó en esta profesión se subió a una escalera por la cual no para de subir. Su carrera viene in crescendo en un mundo que también viene in crescendo. Quizás haya algo de injusto. Todos vemos que cada vez más personas se tatúan, se reconoce que hay un “boom” del tatuaje, pero sólo se ve y se reconoce eso. El mundo detrás -el proceso creativo del tatuador, sus intereses, el arte- es desconocimiento para la mayoría de nosotros.

Cuando llegué a su local y repasaba las preguntas que tenía pensado hacerle, me quedé viendo cómo terminaba un trabajo. Se suele tener un preconcepto del tatuador, posiblemente mal fundado, de que está completamente tatuado o al menos tiene varios. Lucas Algañaraz apenas muestra uno en su antebrazo izquierdo. Lleva tatuado el mismo rostro de la pequeña estatuita que tiene en su repisa. Ahí cambia todo el sentido de la entrevista. Decido empezar por ahí.

 

¿Por qué Salvador Dalí?

A Dalí lo conocí cuando empecé a estudiar en Artes Visuales. Hasta ese momento sólo lo había sentido nombrar. Pero cuando empiezo a ver su obra y a ver más que nada la vida de Dalí, había un montón de cosas que me sorprendían y me parecían propias de un personaje. Al margen de su vida, él me parecía un personaje real. Y un genio. Había un montón de condiciones que me llamaban la atención del tipo en sí, más que nada en las fotos de él, de cómo se ponía, de cómo se presentaba delante de la gente. Imaginate que Dalí no podía estar sin llamar la atención. Iba con una campanita y si no lo miraba nadie la hacía sonar. Al margen de eso, era un genio como pintor. ¡Una bestia! El haberlo conocido e intentar contagiarme de su arte me impactó y en ese momento sentí que merecía un tatuaje.

¿Al conocerlo fue un viraje para definirte como artista o ya venías con un camino definido y lo tomaste como aprendizaje?

Bueno, ahí hay diferencias. Dalí era un artista completo y la gente suele asociar a un artista con una persona que desarrolló cierta técnica para tal cosa. Vos podés tocar excelentemente la guitarra y no quiere decir que seas un artista. O podés pintar bien y no ser un artista. Un artista es alguien que impone un modo de ver o cambia el modo de ver de ciertas cosas a la gente. Alguien que te llega a los sentimientos, que te moviliza. Eso es un artista. Yo no me considero un artista porque para lograr eso tenés que estar un “ratito” laburando y tenés que tener una visión muy propia de la cosas en general. Y también compartirla y que la gente elija ese modo de ver. Es medio complejo el tema del artista. Ya te digo, la gente suele asociar el desarrollo de una técnica con ser artista. Puede ser, pero para mí no.

Pero, por ejemplo, yo miro ese cuadro (imagen 1) y me parece muy bueno. ¿No sentís que eso me puede transmitir algo? ¿No lo relacionas con que podes tener cierto dote artístico?

Sí, cálculo que sí. La inclinación por el arte la tengo. Después uno se forma como artista por otra cuestión, no es una cuestión técnica. Para mí el arte es el mensaje. Es lo que te moviliza, te emociona y te hace reflexionar. Por ahí pasa el arte.

Imagen 1

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Pensá en tu dibujo hecho con birome que vendiste hace unos días (imagen 2). El comprador llegó a comprarlo porque algo le generó, porque vio algo que lo movilizó y quiso tenerlo con él. ¿Eso tampoco te hace considerar un artista?

Bueno, ahora que lo decís, sí. Ahí hay una cuestión de persona-obra-transmisión que podría considerarla como arte.

Imagen 2

Imagen 2

¿Desde cuándo fue que empezaste a dibujar o sentiste que eso te gustaba mucho?

Bueno, ahí hay otra cuestión. Yo empecé de muy chico por una cuestión básica de que nuestras mamás nos sentaban frente a un papel y un montón de lápices de colores. Todos los chicos se sienten bien dibujando porque no tienen prejuicios. El problema está cuando se llega a un punto en que la persona razona en base a las cosas y se anula porque le dicen “no te quedó igual”. Eso es muy influyente. Si la gente que vos tenés alrededor te alienta y te empuja todos podríamos desarrollar una técnica artística. Por suerte yo tuve a mi mamá que me sentaba con un montón de papeles y lápices o lo que sea y yo estaba ahí. Ese es el primer recuerdo que tengo. Y creo que nunca me desaté de eso. Estuve siempre en contacto porque siempre tuve la posibilidad de hacerlo y nunca tuve ese freno de “el artista nace para eso”. Esa frase es mentira, cualquiera persona puede desarrollar cualquier cosa mediante la práctica y la constancia.

¿Después decidiste ir a formarte?

Si, después decidí formarme y cursé en escuelas de caricaturas, hice cursos con profesores particulares. Más de grande estuve en la escuela de Artes Visuales y después estuve con pintores como Miguel Ronsino. Pero esa es una formación un tanto académica y yo me considero un autodidacta porque la formación que yo buscaba no es a nivel institucional sino un poco más informal, porque creo que es el mejor modo de desarrollarlo. En el arte dos más dos no es cuatro. No tiene un proceso que se debe seguir si o si, sino que acá como te tenés que expresar nadie te dice cómo hacer las cosas. En esa pintura (imagen 1) nadie me dijo como hacerlo. Yo lo hice. Elegí los colores que yo quise y lo hice. Y lo ves y es un buen resultado, pero yo no investigué como hacerlo, simplemente se dio así. Es el resultado de un momento.

Hablando de esa formación informal. ¿Sentís que hay contacto con Chivilcoy en tu forma de desarrollarte? ¿Hay conexión con el trajín de la ciudad o sentís que podría ser diferente si estarías en otra ciudad más grande?

Yo lo hago como una cuestión de alivio. Pintar, dibujar o tatuar me hace bien. Lo hago porque me gratifica, entonces no es que vinculo la ciudad con mis obras, si hubiese estado en otro lugar hubiese hecho lo mismo.

Hoy nombrabas a Miguel Ronsino y, por ejemplo, su hermano Hernán escribe historias que se desarrollan puramente en Chivilcoy, pero más allá del lugar hay una cadencia de pueblo ¿Vos crees que en la pintura la influencia del lugar donde vivís o te criaste no es tan explícita como en la literatura?

Pero Miguel también basa sus pinturas en Chivilcoy. Vos las mirás y por ahí no asocias nada pero su fundamento es Chivilcoy. A mí no me pasa, Chivilcoy no me suma ni me resta en ese sentido. Obvio que es mi ciudad y a lo mejor de acá a unos años si me empieza a pasar algo y me relaciono de otra forma con la ciudad. Pero ahora no.

Yendo más a tu actividad. ¿cómo relacionas tu “ser dibujante” con tu “ser tatuador”? ¿Crees que una es intrínseca a la otra, es decir que no se puede ser tatuador sin ser dibujante, o crees que se puede tatuar sin saber dibujar?

El primer ejemplo que se me ocurre como ser piloto de carreras o manejar un remis. De las dos maneras estás manejando, la diferencia está en lo que vos quieras hacer o a dónde vos quieras llegar. Si vos querés ser tatuador sin dibujar quizás tengas las mismas posibilidades. Pero para mí el tatuaje es el nuevo arte, más allá que tenga más de 5000 años. En todo el mundo hay tatuadores que ya están empezando a realizar sus obras y aplicar un modo de ver las cosas o de pensar en “lienzos portátiles”. Para mí el dibujo y el tatuaje están estrechamente unidas, yo no veo un dibujo si no me lo imagino tatuado. Y creo que el tatuaje tiene un futuro enorme de las dos maneras: artístico y comercial.

¿Ser tatuador fue la forma que encontraste de trabajar de lo que te gusta? ¿Se dio natural o quizás hubieses preferido tener un atelier y pintar o fue lo que elegiste?

El tatuaje fue una bisagra en mi vida cuando tenía 20 años.  No me sentía bien trabajando en relación de dependencia y necesitaba encontrar algo que en algún momento me permita un ingreso económico. Tenía facilidad para el dibujo y veía al tatuaje como muy apegado a lo mío. Me asustaba un poco lo relacionado a enfermedades o desmayos o todo lo que puede pasar. Había que tomar un montón de recaudos y empecé por informarme y formarme en ese aspecto. Después, a los que yo llamo “conejitos de la india”, que son mis amigos, se brindaron a que yo los tatúe. Así empecé. Y sin querer se formó lo que hoy tengo que es mi local y mi laburo, en el cual pude tatuar a gente de todo el país y con el cual me va muy bien. Ya lo dijo Facundo Cabral “el que hace lo que ama está benditamente condenado al éxito”. Yo hago algo que me encanta.

¿Qué reflexión te genere el “boom” de los tatuajes en los últimos años?

En esta parte del mundo es algo novedoso pero en otros países es algo que ya viene desde hace años. Acá, el tatuaje está empezando a ser mejor visto cuando se rompe el esquema del “reo” o el “malviviente” tatuado. En eso ayudó mucho la televisión en el sentido que vos ves una persona que quisieras ser. Por ejemplo, un deportista que es una persona sana y exitosa, o alguien muy reconocido como Tinelli. La gente ve un montón de cuestiones que se relacionan con el tatuaje y lo adoptan. Por ahí escuchas que dicen que es una moda y para mí la moda es un corte de pelo, que te lo cortas de una forma y el año que viene llega otra moda y el corte de pelo cambia. El tatuaje una vez que te lo hiciste lo van a ver tus hijos, tus nietos y lo van a adoptar como algo cultural de nuestro país. Es algo que va a estar inculcado en los genes. El tatuaje es algo que vino para quedarse.

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*El próximo 6,7 y 8 de Marzo se estará desarrollando en La Rural (Capital Federal) la “Convención Mandinga”, la convención más grande del tatuaje en nuestro país. Habrá invitados y celebridades de todo el mundo. Lucas Algañaraz estará representando a la Argentina con su propio stand (Stand E16). Más info de la convención en www.tattooshow.com.ar/ar/.

 

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