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Sombras nada más

Por Martina Kaniuka

A pesar de la prosa torpe, liviana y poco atractiva, a pesar del rosario de clichés: del chico bello y multimillonario que enamora a la chica virgen de clase media soñadora, la saga de Christian Grey: el personaje que E. L. James llevó hasta la pantalla grande el día de San Valentín, es un éxito multimillonario que sigue llenando salas y reventando saldos editoriales.

Considerado un fenómeno editorial, cinematográfico y sociológico; la trilogía 50 Sombras de Grey (la autora británica, hasta ahora una ignota profesora de historia) ha vendido más de 100 millones de copias y ya ha sido traducida a más de 50 idiomas y casi alcanza la cifra del millón de entradas de cine vendidas en menos de un mes.

¿Cuál es el secreto del éxito de este Corín Tellado glamoroso en el que las páginas y los cuadros de la película, conforman el maridaje perfecto entre lo previsible y lo almibarado, lo seguro y lo que se supone osado? ¿Acaso como un disco de The Beatles al revés, oculta Grey entre sus sombras alguna especie de mensaje satánico que hace que millones de mujeres (partidarias o no), no puedan desconocerlo? ¿Qué hace que los bomberos de Londres hayan emitido un comunicado advirtiendo los peligros de imitar el libro? ¿Qué conduce a una mujer a masturbarse en un cine en México viendo la película en una pantalla perdida de Sinaloha, por qué ha muerto otra en una sesión sexual estrangulada por medias de nylon como en una escena de la novela, por qué han aumentado los casos de lesiones por juegos sexuales en Estados Unidos? Pero por sobre todo, ¿por qué se habla tanto del libro, de la película, se escribe tanto? ¿Por qué escribo esto?

El argumento del culebrón es bastante simple. Christian Grey es un multimillonario, con un nivel de intimidad tal, que hasta su propia madre duda de su sexualidad. Cuando conoce a Anastasia Steele, una estudiante de literatura que lo entrevista, comienzan una relación en apariencia solo sexual mediada por contratos escritos que Ana debe firmar: allí certifica además de la heterosexualidad de Grey, la privacidad y confidencialidad de todo lo que hagan, y se explicitan las cláusulas de la relación de dominante/sumisa.

Hasta aquí, casi que se parece uno de esos cortos con los que uno puede encontrarse si se googlea “bondage” o “hard sex” en cualquier página web; razón por la que podría entenderse la campaña: “Don´t watch 50´s shades of Grey, watch porn” (“No veas 50 Sombras de Grey, ve porno”), encabezada por tres actrices norteamericanas de la industria que recauda mundialmente más que el mismísimo gigante de Hollywood.

Sin embargo, a E.L. James, no le han bastado los disfraces y juegos que intentó incorporar en la búsqueda del erotismo de esta fan fiction basada en la adolescente saga de Crepúsculo (de Stephenie Meyer).

Por el contrario, pudiendo haber hecho de esta una interesante forma de romper con los tabúes sociales insertos que gravitan sobre el universo de la intimidad femenina, eligió utilizar la poca temperatura alcanzada en las hojas y en la pantalla, para ponerlos a baño maría cubriéndolo con el antifaz de una tibia historieta amorosa concibiendo en palabras de Stephen King: “porno para mamás” con la calidad de una prosa basura.

Lamentablemente, las estrategias de marketing hicieron que supere ampliamente las expectativas de venta, y que muchas mujeres hayan comprado ese disfraz en pos de obtener el permiso imaginario de alcanzar libremente el “grito sagrado” que aún no sabían conseguir. Ése que hace que en un mundo donde 1 de cada 3 personas que miran sitios de pornografía en internet es mujer, haya crecido la venta de e-books porque las lectoras se veían avergonzadas por la lectura “indecorosa” de la novela en público, y debieran leerlo en dispositivos móviles o cambiar la tapa del libro por otra de uno más “socialmente aceptable”. Un mundo que adolece de hipocresía: que se abarrota de imágenes de mujeres-objeto hasta para vender un dentífrico, pero se estremece, escandaliza y condena la bizarra sensación que ocasiona un libro que no destierra, pero sugiere; que no revoluciona pero se instala en las tendencias de la actualidad, mientras desde la clandestinidad de una pc en cualquier lugar del mundo esa 1 de cada 3 personas es mujer y busca satisfacción.

Desde luego que la visión de la sexualidad del emporio Grey, es neta y absolutamente machista: la relación de dominación lo tiene a él como dominatriz, no es ella quien lleva los pantalones ni se encarga de las nalgadas. Está plagado de estereotipos, donde se concibe a la protagonista como una persona emocionalmente inestable, que requiere de ciertos juegos previos: una mujer romántica que no puede tener un buen revolcón sin propinarse la seguridad de su entereza emocional. Lo comercial del asunto, favorece también a los varones de turno que, con productos estrafalarios y portaligas de la marca, se ven favorecidos con la “incursión” y la excursión a las “fantasías” de su amante.

¿Es entonces la saga el inicio de un proceso de apertura en el imaginario colectivo? Podríamos pensarlo así, si no hubiesen hecho de este un producto comercial, un fruto de la idiosincrasia capitalista; fiel a sus fines y principios; y no a los futuros y posibles finales de sus lectoras.

Existen intentos de revolucionar aquello naturalmente revolucionado. Hay páginas de “porno para mujeres”. Hay cursos de masturbación conjunta (permítanme dudar de este disfraz de bacanal). Hay libros para incentivar el autoconocimiento y el placer femenino, y que las mujeres que no saben la diferencia entre “vulva” y “vagina” por ejemplo; conozcan las propias, se comparen y hasta las nombren. Todos son intentos válidos, pero siguen siendo funcionales y estando al servicio de la mirada de un otro que hasta ahora y desde el principio de los tiempos, sigue diciendo aquello que sí, y aquello que no y casi pero casi siempre es hombre.

Faltarán entonces muchos Grey, muchas Anastasias (esperemos que aquellos no echen por tierra el estilo) para que como en otros planos de la vida, en el del deseo también hombres y mujeres puedan completar sus puntos suspensivos y terminar sus historias como más les guste sin esconderse en la clandestinidad de una sesión de incógnito en una pc.

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