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Un divorcio premeditado

Por Adolfo Francisco Oteiza | Fotografía: Belén Oteiza

“La rosa sin porqué florece porque florece.”
Angelus Silesius

 

De la siguiente diatriba puede salir una indisciplinada bazofia, digna de alimentar perros, o una mezcolanza escandalosa pero bien cerrada que es lo que se propone el autor acerca de estos no tan distantes conceptos. La temática puede ser de tan bella mundanidad como de sublime y montañosa estrellada atención. Es debatible, llegando algunos a negar su existencia y otros, no pocos, a mistificarla, abandonado su debate o comprensión. Lo tratativa es sencilla como pregunta, pero no de simple respuesta. Hay tantos autores casi como explicaciones acerca de lo mismo. Están los que son tal Teniente Dan, otros tal una caja de bombones y los que le hablan a la tumba de Jenny como pluma en suave brisa. En lo que coinciden los tres es en que rumbo hay. En lo que no es en el método o el medio. Por medio de algunos autores y opiniones personales intentaré escribir sobre la inspiración y el destino.

 

I

Nietzsche confiaba, claro es que correctamente, en el trabajador incansable, en constante elaboración, y distinguía en el creador un juicio muy trabajado y avezado entre lo podría ser bueno, malo o mediocre. Al mismo tiempo, hablando siempre de los mismo, entendía que existían momentos de bloqueo o improducción, sea cual fuese el motivo, y que cuando el artista, en este caso, pongamos, un escritor, escapaba del bloqueo sentía como si un milagro lo impulsara, arremetiendo unas cuantas páginas o hasta una obra completa. Este aparente milagro, en realidad, pertenecía a un caudal acumulado que, lentamente, iba tomando su curso. Pero, cabe la pregunta ¿a qué corresponde este caudal, como ya vimos no del todo fortuito, sino a una forma que tranquilamente se podría llamar inspiración, dejando de lado todo misticismo que encierre la palabra? Y también, ¿el que un hecho sea más o menos explicado inhabilita su existencia o todo lo contrario? La inspiración podría ser lo que refiere Nietzsche. Cabe aclarar que si el autor habla en sentido peyorativo sobre la misma se debe en gran medida a cierta exacerbación  que sufrieron los poetas románticos del S XIX.

II

Para muchos Faulkner es el novelista más prolífico del S XX. Nos refiere el controvertido escritor: “Yo no sé nada sobre la inspiración, porque no sé lo que es eso. La he oído mencionar, pero nunca la he visto”. Para Faulkner la única forma de ser un buen novelista era “99% de talento… 99% de disciplina… 99% de trabajo”. También nos refiere que un escritor necesita observación, imaginación y experiencia, y que llegado el caso una de estas características puede suplir la falta de alguna de las otras dos, como empíricamente está probado (hay grandes escritores completamente autorreferenciales). No cabe aquí reparar en el carácter ríspido de Faulkner, sino solo mencionar que da para creer en todo lo que dice. Piglia nos comenta que Faulkner es un escritor tropical en sus ambientes. Quien lo haya leído sabe que es cierto. Todo lo que dice Faulkner, un hombre de trabajo, estructurado y duro, es cierto: “nunca la he visto”, pero no implica que otros tan buenos como él no la hayan percibido.

III

-¿Vos crees en el libre albedrío o el destino?
El inquirido suelta un encendedor sobre la mesa y contesta:
-Creo en ambos. El hecho de que haya soltado un encendedor sobre la mesa demuestra mi discernimiento para tomar una decisión, pero, por otro lado, también no se puede dejar de objetar que esa sea una decisión establecida por los astros, superadora de mi entendimiento, por decirlo de alguna manera. Lo concreto es que creo en el destino, pero al desconocerlo mi única guía es el libre albedrío. No creo explicarme del todo bien.

Algo similar, aunque no del todo, a lo referido sucede con la inspiración. Hay quienes como Faulkner o Juan Rulfo descreen totalmente de la misma, o, al menos dicen desconocerla,  y hay otros, menos comunes, más comunes en la poesía (sobre todo desde que se trabaja en verso libre) que creen en un arrebato de la psiquis y el cuerpo. La gran mayoría de los practican cualquier disciplina, porque la inspiración no corresponde tan solo al arte, y mucho menos solo a la escritura, en algún momento han sentido esa necesidad ansiosa sana extraña de una mejor predisposición para realizar una tarea, sea pintando una pared hasta creando las meninas. Esto es lo que entiendo por inspiración. Claro está que no es nuestro suceso más común. Además, generalmente, como dice Dolina, hay que trabajar con malas ideas hasta que quizá la octava sea la buena y desde ahí fluir mejor; porque, como bien refieren muchos, que la inspiración venga, pero que me encuentre trabajando. Lo mismo le ocurre al destino, porque pobre de aquellos que se sienten a esperarlo. No tendrán otro destino que la espera.

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El bellísimo verso de Angelus Silesius fue premeditadamente tomado de un libro de conferencias de Borges titulado Siete noches. La conferencia en particular se titula La poesía. Pero lo importante es el verso que elige Borges para concluir la conferencia obviando el ulterior: “… no presta atención a ella misma, no se pregunta si uno la ve”. De ordinario -y volviendo al caso del artista o el escritor- desconocemos los móviles más profundos que nos llevan a realizar una obra o un poema en dos líneas. Una pregunta recurrente es ¿Qué es la poesía? La respuesta suele ser la poesía sucede, solo que Silesius la embelleció. Destino hay. Nuestra incapacidad se encuentra en vislumbrarlo muy poco. Conocemos algunas cosas distantes, como que en otoño las hojas caen. Y es la incapacidad antes citada la que nos vuelve libres en las decisiones. Es una frase hecha pero, en general, cierta, cada hombre construye su destino, o, sino, para ser más precisos, podríamos citar a Ortega y Gasset o Sartre: “Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros”.

Si la inspiración y el destino son un divorcio premeditado es por la sencilla razón de que no son lo mismo o no pueden formar una unidad, y aunque ambos no pueden ser explicados sí pueden ser relacionados. Si la inspiración aparece es porque el destino (conformado de decisiones) nos llevó a ella. La inspiración, como el destino, se busca, y aquí se encuentra su principal correlación. Hay que trabajar nuestro destino para estar lo más posible inspirados. Una persona inspirada está mejor predispuesta, disfruta y produce más,  se pregunta menos porqués tristes y, sobre todo, construye con su libre albedrío un destino mucho más agradable que una mirada hosca y antipática.

 

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