Blog

Parálisis del sueño

Por Adolfo Francisco Oteiza | Fotografía: Belén Oteiza

Una opresión en el pecho y una inmovilidad de los miembros y las articulaciones; una presencia amenazante y sombras irreconocibles en la habitación. Uno está despierto y cree estarlo. No se alcanza el botón del velador, se está inmóvil. La desesperación es inquietante y las piernas comienzan a responder con desorden, de forma ecléctica, como poseídas. Lo que en principio fue ruego mental ahora son balbuceos en busca de un grito. Aunque el saber no signifique con necesidad tranquilidad, sino, en algunos casos, todo lo contrario, sé lo que está sucediendo: Parálisis del sueño (la he sufrido en otras ocasiones). Este fenómeno suele venir precedido de una pesadilla, se recuerde o no, muy poco agradable. Si bien no es un fenómeno paranormal es lo que más cerca llegamos la mayoría a estar en uno. Es muy común, pero no por eso menos aterrador. La persona que lo sufre siente toda la aflicción que puede generar un cuarto cerrado. Por fin el cuerpo responde con alaridos un tanto irreconocibles y místicos, de desesperación y liberación. Se alcanza el velador. Comienza una vigilia más real. La psiquis está perturbada y agotada.

…………………………………………………………………………………………………………………..

Del comportamiento del fin de semana quedan más sensaciones que recuerdos. Una pelea entre dos púgiles, un cumpleaños, un comportamiento entre patético y ruin, cobarde y altanero, una discusión de boquilla con los patovicas y el pancho característico. Por el mediodía del domingo un asado en el taller de un amigo donde se continúa bebiendo. Primero cerveza, más tarde vino y el aperitivo fernet con soda. Otra vez ebrio con el sol que ciega los ojos. “Fuego, fuego… el día”.

…………………………………………………………………………………………………………………..

Mi psicólogo, un Denzel Washington con bastón, campera de caza y que fuma en pipa, me recomienda ir de pesca al río San Martín, ubicado en la Provincia de Buenos Aires. El paisaje es paradisiaco y el pique abundante. Es un día claro. Si no fuera porque se encuentra en mi provincia y el pique es de taralila pensaría que me encuentro en el sur.
Denzel se hace presente en el río y pregunta que qué carajo estoy haciendo al pedo un día de semana pescando. No tengo objeción y me retiro con él mientras a un amigo le muerde un dedo una tarucha.
Es muy inteligente el Sr. Washington.

…………………………………………………………………………………………………………………..

El domingo continúa con sus estereotipos de vacío, clonazepam, birra y pizza. Perdí un partido de relativa importancia. Ya narrando me importa todavía menos. No he parado de beber y fumar en todo el cómodo día. A veces me causa gracia la noche anterior. Intento leer un libro para una nota que vengo prolongando desde hace tiempo. No hay caso. Intento divertirme con un programa deportivo. Tampoco hay caso. Pierde gracia cuando pierde tu equipo. Aposento me da a muerte y S XVII, mejor escribo cuarto. Mañana me tengo que afeitar, pienso en la cama tras beber la última birra.

…………………………………………………………………………………………………………………..

En algún momento, no sé cómo, no sé por qué, hay una plaza y aparece un viejo con lentes de aumento, calvicie de anciano y apolillada levita con pañuelo que relata cosas raras pero estéticamente bien argumentadas. El fondo se parece a Parque Centenario. El viejo siempre me mira a los ojos, siempre. No comprendo del todo, es un estado demasiado extraño. Lentamente se va tornando oscuro el paisaje dilucidando con claridad solo al locutor. El viejo sigue hablando. Debo estar sentado porque me supera en estatura. Ahora es todo oscuro y el viejo habla de mi infancia de una forma poética que agrada pero hay algo atroz en todo esto. El viejo, terminada la diatriba, desaparece. No sé quién es. Queda una oscuridad absoluta. Una voz fuerte, como de féretro y macabra, pregunta, “¿quién es el muerto que hay a tu lado?”. Lo busco desesperado y no lo encuentro y veo sombras por todos lados. Estoy inmóvil. Primero son mis piernas formando un oleaje con las sábanas y frazadas, luego un “ahhh” completamente forzado sale de mi garganta. Alcanzo el velador. Son las 6 y 11 de la mañana. Salgo de la cama. Estoy aterrado. No quiero cerrar los ojos. Me mantengo en un punto fijo intentando escapar al recuerdo. Prendo la compu. Tengo miedo. Aún no he vuelto a dormir.

…………………………………………………………………………………………………………………..

La improductividad del día la relata el cenicero. Debo volver a dormir. Estoy cansado. Observo el cuarto de reojo. Hoy no bebí. Ya no puedo soportar otra noche sin descanso. Recuerdo unos breves versos escritos hace algún tiempo.

Era una botella de vino
(También había un cenicero)
No mucho más.
El clima estaba despejado.

Por el balcón quedó el tiempo.
Me observa la gata.
Mañana es invierno.

Todo muy desordenado.

Solo espero que una pesadilla no vuelva a litigarme. Ya el cansancio, ya la cama; la preocupación de revivir lo vivido. Los sueños son como el arte, subliman sensaciones a través de símbolos.
Sí, es muy inteligente el Sr. Washington.

 

Etiquetas: , , , ,

Comentarios

Comments are closed.

JIF Diseño y Comunicación