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Algunos aspectos nietzscheanos

Por Adolfo Francisco Oteiza

“Por más que me esforzase, no sería capaz de sacudir este árbol.
En cambio el viento, que no vemos, lo zarandea y dobla a su antojo.
Manos invisibles son las que más nos zarandean y doblan.”

Del árbol en la falda de la montaña, Zaratustra.

 

La filosofía nietzscheana diría que requiere una interpretación atenta, por lo que sus textos suelen ser claros con relecturas. Se lo suele tildar de escritor críptico, adjetivo que no creo correcto. Siguiendo esta línea debo decir que las desatenciones cuestan caro o barato, según cómo se vea.  Abarcar la filosofía del teutón en un artículo de 1500 palabras o menos es un absurdo divertido, pero no tiene rigor analítico, por imprudente; sin embargo sí podemos divulgar su obra y algunos puntos de la misma. Me volcaré en cuestiones particulares interpelando una recopilación un tanto venturosa. Cada filósofo habla su idioma y mantiene sus vicios y ejercicios. Los temas fueron arbitrariamente escogidos por mis ganas y mis gustos, pero no por ello son temáticas menores en su pensamiento.

Estado y política -. Nietzsche en gran parte de su obra es reticente al Estado, es más habla muy poco del mismo o siempre con escepticismo, por lo que no se le puede establecer una ideología clara. Lo que sí es cierto es que lo desean para sus filas todas las ideologías políticas. Se lo ha relacionado muchas veces con el anarquismo, lo cual no es falso ya que se lo puede relacionar con cualquier pensamiento occidental u oriental, dado que no dejó en sus textos – o muy vagamente- una postura afín a una utopía política, económica o social. Vale decir que como Marx es un filósofo económico, Nietzsche lo es, sobre todo, psicológico. Se centra en el estudio de los sujetos, mientras Marx en las estructuras económico-sociales. Nietzsche, en sus estudios e intuiciones, trabajó con el hoy aclamado aforismo, por lo tanto, sus sofismas son sentencias. El hablaría del conocimiento a martillazos. Es justo creer que no cree demasiado en las democracias occidentales, lo cual, al igual que a Rousseau, lo coloca cerca de los gobiernos totalitarios, pero con una salvedad: En el caso de Rousseau se lo suele atacar por el poco respeto hacia las minorías; contrariamente Nietzsche exalta a las minorías como motor funcional de los pueblos, pero le exige a las mismas cierta resignación – no sin permitirse participación- de lo que las mayorías han escogido establecido, en este caso, pongamos, la democracia. Si hay en Nietzsche una apariencia con el Social Socialismo se debe fundamentalmente al concepto de espacio vital y su carácter. El espacio vital le sirvió al nazismo como concepto teórico para su ánimo conquistador y revanchista. Machado nos refería en Nietzsche a un apartado de sí mismo. Es probable, Hitler también fue un megalómano. Y ambos en gran medida sufrieron en su vida el rechazo, lo que probablemente los volvió rencorosos. Hitler en el campo artístico, Nietzsche en el académico. Cabe aclarar que pocos filósofos se pueden jactar de ser tan respetuosos y aprehensivos como Nietzsche para con otras culturas. Probablemente el carácter de Nietzsche fue sentimental.
Ya nos referimos a que su postura política no es clara. Se podría decir que es ambivalente y desinteresada por momentos. Algún acercamiento con Maquiavelo, quizás. En todo caso va a la política como praxis. Probablemente pragmático políticamente. Supo criticar como concederle razones tanto al socialismo duro como al liberalismo económico. Parece lo que Borges llamó un anarco liberal. Siempre la observó de lejos, lo que da mayor amplitud en los razonamientos. A sus prejuicios, muchas veces burlones, no les suele faltar sabiduría. En Humano, demasiado humano refiere que los que ven pragmáticamente la política probablemente sabrán y discutirán dónde están los límites y las utilidades del socialismo. En su obra no se vislumbra, aparentemente, interés por la economía. En El mendigo voluntario ya habla del levantamiento de los estratos más bajos. Habla, también, en Las tarántulas  de su repudio a las políticas totalizantes e igualitarias litigando que no todos los hombres son iguales ni todos tienen las mismas necesidades. En El nuevo ídolo cierra el apartado (cito en extenso): “Todavía está abierta a las almas grandes una vida libre. Quien poco posee corre poco peligro de ser un poseso. ¡Loada sea la humilde pobreza! (…) Donde termina el Estado empieza el hombre que no es superfluo, la canción de lo necesario, la melodía única e insustituible”. Y cierra en Una ojeada al Estado: “Opiniones públicas, perezas privadas”.

Voluntad de poder-. Es probable que junto a Zaratustra el libro clave en Nietzsche sea La voluntad de poder (libro inconcluso, difícil de conseguir y retocado por su hermana antisemita). Cita cúlmine: “No existen hechos; solo interpretaciones”. Esta cita exhibe que no existe una verdad absoluta a la cual aferrarse. De modo que quien imponga, quien sea más fuerte más correctamente, se hará poseedor de la verdad o se hará poseedor de la sentencia ganadora del hecho. El poder se realiza por medio de construcciones, pero para las mismas hace falta voluntad y un fin claro y establecido. Aquí ya no hablamos de razones, sino de poder y cómo conseguirlo por encima del otro. Hegel ya había hablado mucho de esto. Pero Nietzsche da un nuevo aporte al establecerlo como voluntad. Hablando a grandísimos rasgos, y siendo un filósofo para nada historicista, plantea por otras vertientes lo mismo que el marxismo, políticamente hablando. Un rasgo característico del Superhombre es la voluntad; este tema se plantea ya en varios pasajes de Zaratustra. Aclaración importante: En Nietzsche el poder es entendido en cualquier situación humana. Si bien estos conceptos son muy aplicables a la politología recordemos su frase: “Lo que aplica a la sociedad, también aplica al individuo”. El objeto de estudio nietzscheano son los sujetos. Por tanto la voluntad de poder habla de la superación de sí mismo.

La cuestión moral -. Se lo ha tildado más de una vez de un filósofo amoral. Nada más errado.  Su sentencia, ni bien comenzado Zaratustra,  “Dios ha muerto” la suelen dar conjunta a otras frases similares en cualquier salón facultativo para dar origen al existencialismo. En sí, lo que refiere Nietzsche, por medio de símbolos, es que la antigua moral cristiana quedó sepultada y se debe dar paso a un estadio superior: El Superhombre. Entonces, ¿qué es el Superhombre? Aquí habla de una moral individual, libre de realizar sus deseos, que viva en concordancia no con los demás, sino con uno mismo. Si para Goya la razón genera monstros, para Nietzsche la represión. No le agradan Las moscas en la plaza donde te preguntan por sí o por no ni tampoco la chusma y la obediencia del poder hacia la misma. En Nietzsche hay constantes imposiciones morales. Solo por citar una: “¡Donde uno no pueda amar más debe pasar de largo!”. Sin ser peyorativo, se podría hasta referir que Así Habló Zaratustra es un libro de autoayuda un tanto peligroso, si es eso lo que uno anda buscando. Es más, busca una nueva moral. Sus libros son de una desesperación total con respecto a la raza humana. El tema central en la obra nietzscheana son los sentimientos morales y, por lo tanto, también su génesis. Por demasiados momentos, si no fuera por sus exaltaciones y alegorías, recuerda mucho algunos pasajes de la Ética de Spinoza.

Ya cerrando el artículo me atrevería a referir que ningún escritor – quizá solo Dostoievski- del siglo XIX alcanzó tanta influencia en la psicología. Asimismo la mala interpretación de sus textos son y fueron piedra angular de diferentes políticas. Prácticamente no hay un filósofo del S XX o XXI que no haya escrito algo sobre Nietzsche.
Para quien no lo haya leído recomiendo leerlo como filósofo poeta, ya que de hecho lo fue. Sus libros están cargados de alegorías y metáforas.

Como cierre recuerdo el apartado El adivino. Habló el adivino del cansancio del hombre, de que llega la época en que todo es vano, todo es igual. Zaratustra lo oye atentamente y una gran pesadez cae sobre su cuerpo, dándole la razón al adivino. Luego de unos días de vigilia se sumerge en un profundo sueño. Al despertar les comenta el sueño a sus discípulos, y les pide que lo ayuden a descifrarlo. El sueño, muy vagamente, consiste en que se aparta de la vida y se vuelve guardián de ciertos féretros en el castillo de la muerte. Y así transcurre el tiempo volviéndose polvoriento. Un día golpean a la puerta del castillo. Zaratustra toma la llave e intenta abrir. No puede. Una fuerte ráfaga de viento abre la puerta y deja un féretro que al abrirse vomita mil carcajadas, y le muestra formas de vida inocentes y vivas. Preso de pavor grita de espanto y su propio grito lo despierta.
A todo, aún a lo más antiguo y vigente, le llega su hora inútil y su servicio prestado. A Nietzsche todavía no le ha llegado. Por otro lado la alegoría resalta que es mejor ser guardián de la vida que de pretéritos muertos gloriosos.  Y por último: “No la ira; sino la risa mata”.

 

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