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Breve irrupción sobre la necesidad de un canon poético

Por Adolfo Francisco Oteiza

“Bajé de mi
torre de marfil
Y no encontré el mundo.”

Jack Kerouac

 

Una vez me comentó un amigo, con más fluidez que reflexión: “Hoy todos, en cuanto a poesía se refiere, escribimos a vuelapluma. Serán bendiciones del agotamiento de la métrica y la rima. Solo necesitamos algo de cadencia, no mucho más. Después vendrán los cánones, supongo, del verso libre, pero ¿cómo establecerlos?”. El interrogante que plantea es el mismo que nos deberíamos plantear todos los que deseamos una poesía nueva.

Suelo hablar mucho de poesía. Me interesa demasiado quizás. Cortázar en Imagen de John Keats nos refiere que la poesía es la más completa de las artes, manifestando que engloba a todas las otras. Es probable en varios aspectos. Junto a la pintura y la música puede prescindir en apariencia de conceptos y no por eso dejar de ser algo bien logrado, pero jamás puede prescindir de forma. En ciertas charlas lúdicas y en abstracto que solían tener Borges y Sábato se preguntaban por el alma poética. Siempre terminaban coincidiendo en dos nombres: El ya citado John Keats y William Blake. Es normal, Joyce le declaró a su hermano que jamás escribiría versos como los de Keats, pero sí podía escribir mejor prosa que Tolstoi. Blake, por su parte, trabajó la mayoría de las artes, la filosofía y el misticismo. En la actualidad me atrevo a sentenciar que la poesía está atravesando su mayor crisis. Tan grande es la crisis que se podría parafrasear a Nietzsche y decir: La poesía ha muerto. Puede ser, tampoco es tan grave, es solo una posibilidad. No aparecen poetas de peso en el campo intelectual, y desde el rompimiento necesario y terminal e irremediable con la métrica y la rima nos quedan resabios de cánones poéticos. O sea, si hay cánones se basan en la temática, en el abordaje de tema, pero no hay abordaje de forma. La historia se estudia por procesos, no por anécdotas aisladas, y la poesía también ha caído en la trampa del posmodernismo. ¿Cuál es la trampa del posmodernismo? Simple, todo es lindo, lo que importa es el intento. Y no, no es así. La estética debe tener sus soportes. En las torres de marfil hay cúpulas, pero por debajo se encuentran los cimientos, escaleras y reposos.
En la actualidad se practica el verso libre y el poema en prosa, donde la única atadura, en apariencia, es la cadencia; o sea, que se pueda leer en voz alta sin tener que salir corriendo del susto y/o la vergüenza. Un poema que no se puede leer en voz alta es una pérdida de tiempo.

La falta de un canon poético -. Si se necesita un canon es para tener una guía, un modo de trabajo, moldearlo, deshilacharlo, descartarlo y crear uno nuevo. Muchas veces las experimentaciones logran nuevos cánones, cosa que no sucede hoy, porque no hay canon. Se podría afirmar que una exacerbación experimental hoy día es un tanto nociva por no tener soporte conceptual. Ante este hecho hay dos alternativas. La primera continuar el camino de la experimentación no ya tan experimental, porque si se trata solo de provocar, bueno, los programas de chimentos tienen buen minuto a minuto, pero no por eso poseen calidad. El otro es el de conceptualizar cómo generar una buena poesía moderna por medio de ciertas restricciones.
Antonio Machado nos refería que la mejor forma de recitar poesía es tratándola como prosa, acentuando la lectura en las palabras donde el poeta así lo desea. Son cuestiones muy diferentes recitar y actuar. También nos comenta que: “Se es poeta por lo que se afirma o niega, jamás por lo que se duda”. Hay algo clásico que ya en nuestra época borda lo ridículo, ¿por qué exaltar hasta ruborizarnos una exclamación? Es más, ¿qué sentido tiene una exclamación? Una exclamación es siempre una hipérbole, y, de momento, en lo que a poesía se refiere, lo más conveniente es la mesura. Borges cuenta que las únicas palabras capaces de generar aceptación en el lector son las orales. Nada parece más cierto. Y si de buscar un canon se trata esta es una buena traba: Siempre trabajar con el idioma oral.

“La poesía no vende porque no vende”, se suele decir con recurrencia. Diría que no vende por mala, o más correctamente por repetida. Siempre que se habla de una obra se suele hablar mucho del contexto, la salud psicológica del autor y demás vicios de época, pero pocas veces se hacen análisis de obra, de su forma y contenido, lo cual demuestra incapacidad de interpretación. Viktor Frankl, en Psicoterapia y Humanismo, renegaba de las conferencias de literatura impartidas por psiquiatras y psicólogos. Preguntaba Frankl que qué importancia pueden tener la supuestas patologías de Goethe o la esquizofrenia de Hölderlin si lo realmente importante era si sus textos aportaban algo o no a la literatura y la verdad. Son palabras, siempre fueron palabras, lo importante es su ejecución exacta y su mejor lectura. En lo personal me resulta mucho más interesante colocar a un pensador antiguo en la actualidad que en su contexto. Ahí veremos si es un pensador de época o un pensador de épocas. A todo autor hasta sin querer se le cae un acierto.

La canción popular -. Se podría establecer un paralelismo entre las letras de canciones y la poesía. Pero son diferentes. La letra de una canción puede carecer totalmente de música. Por ejemplo, intentemos recitar Cantata de puentes amarillos o Música para pastillas y encontraremos la ausencia de cadencia. Son mayores los casos donde esto sucede. Es una cuestión lógica, esas letras están hechas para ser canción, y una vez convertidas en canción se convierten en, digamos, poemas musicales.
La poesía, por otro lado, necesita sí o sí generar un cuerpo propio, es indispensable. No cuenta con otra muleta que el buen ejercicio de la palabra. Son sobrados los fracasos de llevar un poema a la música. Piazzolla y Borges sería un buen ejemplo. Sospecho que quienes son los mejores poetas actuales aprendieron algunos acordes.

Ninguna nueva corriente artística logró los laureles ni la aprobación por parte de sus predecesores, obviando algún caso muy puntual. La cultura gobernante hoy sigue siendo la cultura pop, y no está mal que así sea. A los sucesos artísticos hace ya tiempo les llegó la mercantilización. Nadie, igualmente, escribe por dinero (o muy pocos). Se sabe que la literatura, sobre todo la poesía, hace ruido a metal en contados casos, y ojalá así continúe. Quién nada aún demostró no es más digno de ayuda que quién ya demostró. Hoy todos escribimos poemas, pero pocos hablan del tema. Los poetas jóvenes (si me digo poeta es porque tengo el vicio de leerla y escribirla) estamos en la obligación de leer más crítica literaria y aprender los viejos cánones, para lograr formular nuevos. Antes de sentarse o comenzar a ensayar un poema convendría hacerse algunas preguntas; por ejemplo: ¿Es necesario generar un nuevo misticismo? En caso que sea así, ¿cómo abordarlo? ¿Se puede trabajar aquí con cambios semánticos? ¿Cómo manejar la metáfora como adjetivo? ¿Es conveniente una metáfora contemplativa o hiperbólica?, etc. Pero fundamentalmente: ¿Qué falta y, sobre todo, qué sobra?

La finalidad de la poesía no es moral, aunque hay grandes poetas pedantes. La finalidad de cualquier hecho artístico es conmover.
Las leyes están para romperlas solemos decir. ¿Qué sucede cuando no tenemos ninguna?   

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Comentarios

'One Response to “Breve irrupción sobre la necesidad de un canon poético”'
  1. […] ha explicado Adolfo Oteiza en una reciente nota sobre la problemática que atraviesa la poesía actual como género debido a esa celebración […]

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