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El enigma Randazzo

Por Federico Capobianco

 

Todos hablan

En Chivilcoy el revuelo fue mayor. Hacía pocos meses que en todos los medios, al menos una vez por día, se nombraba a la ciudad. Y hacía menos aún que Randazzo empezaba a verse en varios medios presentándose como el candidato ideal para continuar el proyecto político. Se coincida o no con el Frente para la Victoria, ser coterráneo a Randazzo llevaba al menos a preguntarse qué había pasado. Por eso, apenas se supo la noticia de que se bajaba de la candidatura a la gobernación porque lo habían bajado de la presidencial, el revuelo, acá, fue mayor. En cada lugar que estuve en esos días –tampoco fueron tantos- se hablaba del tema Randazzo. Todas conjeturas, ninguna certeza, pero se hablaba igual. Por eso, se puede deducir que en todos lados se habló, a favor o en contra, pero se habló. Y fue mucho más de lo que se escuchó en los medios y eso que ahí fue bastante aunque, principalmente, distinto. La “palabra dada y respetada” fue lo primero que se destacó, después, como era de esperarse, el problema se centró en la falta de crítica de la militancia. De ambos lados se habló de eso. Desde los medios opositores se hizo eje en que la militancia, ejemplificada en 678, nunca había aceptado a Scioli y de repente empezó a apoyarlo. Desde el otro, aparecía el lamento por la falta de crítica de los militantes, por miedo a ser mal visto o lo que fuere, y porque esta, en su mayoría se había quedado sin candidato.

También se habló mucho en nuestros medios: las redes. Ahí se encontró lo mismo, fiel reflejo de los exponentes masivos. Entonces surgió la duda, todos hablan de la militancia pero la militancia no. Desde la duda, surgió la pregunta: ¿qué piensan las agrupaciones peronistas alineadas al kirchernismo sobre lo que pasó?

Para Mauricio Hernández, perteneciente a Los Pasos Previos de Moreno, “el revuelo mediático fue opositor. La militancia Randazzista quedó desconcertada con la decisión y elección de la Presidenta”.

Sebastián García, militante de la Juventud Peronista de Chivilcoy, expone, en sintonía, que “se habló mucho porque Randazzo era del kirchnerismo duro, o sea del puro, y eso afectó mucho a una parte de la sociedad, porque Randazzo es un peronista puro, de las bases, y su gestión fue extraordinaria”.

Nicolás Barbier, referente de La Cámpora Chivilcoy, en cambio: “no considero que haya tenido tanto revuelo mediático ni periodístico. Sí, algunos medios tergiversaron lo sucedido para generar un estado de desazón. Pero lo importante, es respetar la decisión del Ministro de no participar de ninguna candidatura”.

El estado de desazón fue cierto. De los medios opositores quizás era lo esperado, aunque en principio “la coherencia” de Randazzo de no faltar a su palabra fue celebrada –según el escritor y periodista Mempo Giardinelli- con oportunismo. Pero, ¿no es también oportunismo lo de 678?, me pregunto, para quiénes, en un principio, Scioli era el “candidato de los Buitres” y después lo aceptaron como propio. En los medios pasa cualquier cosa y cualquier cosa se olvida rápido. La conveniencia de ambos lados es notable, algunos para oponerse, otro para mantener el relato. Haya habido oportunismo, es algo que a nadie le importa. Al menos, ya no.

 

¿Lealtad u obediencia?

Mempo Giardinelli, el mismo que mencioné antes, escribió días después de la noticia, en Página 12, una nota llamada “Florencio Blues”, en la que analiza, con certeza, que la elección por Scioli “fue un ejercicio de peronismo puro y duro. O sea, el producto de una decisión de la cima del poder, irreprochable”. La organicidad del peronismo lleva a esas cosas, la mayoría de las decisiones son tomadas desde “arriba”, con el fin máximo de garantizar su continuidad. Ese es el objetivo principal.

Giardinelli afirma que la decisión es “coherente desde el punto de vista de la militancia más rigurosa”. Pero luego analiza que “la militancia procede a la aceptación de lo decidido ‘arriba’ sin cuestionamientos ni críticas ni ideas propias. La decisión la toma el conductor y las bases obedecen y actúan en consecuencia. Y si alguno se atreve a cuestionar, es mal visto. Guste o no, cuando se es peronista la lealtad a la conducción es un dogma”. Lo que intenta decir es que no hay discusión ni debate ni crítica desde las bases peronistas militantes, lo que podría decirse también, que los militantes confunden lealtad con obediencia. Esta idea termina de cerrarla cuando cuenta la anécdota en la que él y otros tantos, en el 85, decidieron desafiliarse del PJ porque no veían renovación ni crítica en el espacio. Y acá es cuando se confunde. Se confunde en comparar épocas, comparar gobiernos y militancia. Nada de aquello, ni de lo anterior, parece verse hoy.

El 15 de mayo de 1974, Montoneros dio una conferencia de prensa para explicar su versión de los hechos ocurridos catorce días antes, el 1° de mayo, cuando después de gritarle a Perón: “¿Qué pasa General, que está lleno de gorilas el gobierno popular?”, en alusión a la burocracia sindical, éste los echó de la plaza: “Estos estúpidos que gritan. Hoy resulta que algunos imberbes pretenden tener más méritos que los que lucharon durante veinte años”.

En tal conferencia, Montoneros explicaba que “el pueblo iba efectivamente a decirle al líder si estaba de acuerdo o no con la acción de gobierno”. Y que la poca concurrencia de la agrupación al acto –poca era cien mil – “no quiere decir que el resto del pueblo hubiera dejado de ser peronista, ni mucho menos, pero si quiere decir que la mayoría del pueblo no se sintió convocada por las consignas lanzadas desde todo el aparato, y con saturación, por la comisión organizadora, y que la convocatoria nada tenía que ver con los problemas y necesidades de los trabajadores y la nación”. El problema, claro está, no era Perón, era la burocracia que Perón había puesto a su lado, y manifestarlo no ponía en peligro, ni un poco, el liderazgo de su General.

Pero ni los militantes que acompañaron a Giardinelli en la renuncia eran aquellos montoneros, ni estos militantes son aquellos que renunciaron. Lo que no quiere decir que la lealtad se esté confundiendo con obsecuencia.

Al menos Mauricio Hernández no coincide porque: “tengo convicción peronista y elijo al menos peor porque no tengo otra opción. Mi candidato era Florencio Randazzo. Pero Los Pasos Previos acompaña el proyecto, militando el territorio y ayudando a los vecinos a satisfacer sus necesidades, haciendo de puente entre el pueblo y los funcionarios del Intendente, al menos en el caso de Moreno. Para nosotros Scioli es circuntancial. Aparentemente se lo ve como una persona leal al kirchnerismo, pero yo tengo mis dudas de que sea un peronista por conciencia nacional, por procedencia popular y por convicción personal.”

Nicolás Barbier, afirma que: “nuestra agrupación –La Cámpora- integra el Frente para la Victoria, y vamos a trabajar incansablemente por este proyecto político”. La Cámpora, según se vio en los medios, nunca tuvo acercamiento a Randazzo, ni apoyó su candidatura. Tampoco se vio que lo hayan hecho con Scioli, pero los argumentos son más consistentes. Barbier deja en claro que “Daniel Scioli es un hombre que forma parte del proyecto desde el 2003. Acompañó a Néstor como Vicepresidente, y luego en dos periodos fue Gobernador de Buenos Aires. Su identificación con este proyecto político es total.”

Sebastián García lo explica perfecto: “nosotros no somos una agrupación, somos la Juventud Peronista de Partido Justicialista, y la postura que debemos tomar es alinearnos. El peronismo es verticalista, siempre lo fue, por lo tanto, cumplimos con lo que nos piden. Hoy Scioli es la continuidad de este Modelo Nacional y Popular”.

¿Deberíamos, entonces, haber esperado que la militancia, como Montoneros, vaya a la plaza a manifestar su desacuerdo con la elección de Scioli? En este tema Chivilcoy podría ser un microclima, porque quizás, no haya ningún desacuerdo fundamental para oponerse.

 

¿El candidato de la militancia?

Volvimos a hablar de política gracias al kirchnerismo, eso es innegable. El vaciamiento ideológico de los gobiernos anteriores hizo estragos en la conciencia de varias generaciones. El kirchernismo lo rearmó e hizo resurgir la discusión en miles y miles de personas. Guste a quién le guste esto es así. Toda la juventud militante, sea del partido que sea, como así también toda la juventud pensante que no milita en agrupaciones pero que se interesa en política como en miles de otros temas, resurgió con este gobierno, porque éste –el de Néstor Kirchner principalmente- lo decidió políticamente así. Después cada uno de nosotros tomó el rumbo en el que más cómodo se sintió. En contra o a favor. Pero no por eso debería dejar de reconocerse el origen.

Quizás por eso sea el partido con más militancia juvenil. Es verdad que el peronismo y el partido Justicialista tienen fuerza propia, que cada uno podrá juzgar como buena o mala, pero también es verdad que la militancia ocupa un lugar importante. Los tres entrevistados coinciden en el resurgir kirchnerista de la juventud militante:

Nicolás Barbier, afirma que la militancia creció “porque Néstor y Cristina han ejercido la mayor responsabilidad institucional de nuestro país, con una férrea impronta militante. Son dos militantes y cuadros políticos excepcionales e inigualables, son los que permitieron que miles de argentinos, jóvenes y no tan jóvenes, volvamos a creer en la política y en nuestra patria.” En la misma línea, Sebastián García expone que “gracias a la llegada de Néstor Kirchner, la Argentina volvió a creer en la política”, y que por eso, hoy ve “una militancia cada vez más fuerte”. Mariano Hernández, con más ímpetu, asegura que “el rol de la militancia fue fundamental al Proyecto Nacional y Popular de Néstor Kirchner, que continuó Cristina”.

Ahora bien, a simple vista –y a mi juicio, aclaro- se podría interpretar que Scioli no tiene nada que ver con esa juventud militante. Principalmente porque no es joven ni tampoco es parte de ese grupo que desde el sur, acompañó a Néstor Kirchner en su carrera a la presidencia, como lo es, por ejemplo, el candidato a vicepresidente Carlos Zannini. Scioli es parte de un justicialismo viejo, que luego se incorporó a las filas de kirchnerismo, pero viejo al fin. Por lo que podría juzgarse como alejado a las preferencias de la juventud.

Giardinelli afirma que “es innegable que gran parte de la militancia y del electorado general que acompaña al gobierno K se sentía más interpretado y mejor representado por Randazzo que por Scioli”. Lo de “innegable” debe ponerse en duda, quizás no era ni Scioli ni Randazzo -podría haber sido otro-, pero la discusión estuvo entre ellos durante meses.

Entonces, dejando de lado el proyecto, más relacionado con las figuras de Néstor y Cristina, ¿representa Scioli a la militancia? Acá las opiniones difieren.

Nicolás Barbier expresa que “la fórmula Scioli–Zannini expresa todo el potencial del Frente para la Victoria”.

Para Sebastián García, “el mejor candidato era Florencio Randazzo, eso es indiscutible, pero por decisión de nuestra Presidente y líder del Movimiento Peronista fue Scioli, y eso le guste a quien le guste hay que respetarlo”.

Para Mauricio Hernández, en cambio, el gobierno falló en elegir a Scioli, “porque no hubo una visión, previamente proyectada políticamente, para que sea otro el que continúe los cambios, como por ejemplo Florencio Randazzo”. Y finaliza, “lo que pienso es que el peronismo muta, cambia de piel, porque está en constante movimiento, pero no sabemos para qué lado va a estar direccionado”.

Cada uno podrá realizar la interpretación que mejor le parezca. Juzgar si así lo quiere o criticar o aplaudir. Lo que sí debería interpretarse de la misma manera es que con respecto a este tema se supuso, en casi todos lados, una discusión que nunca existió.

Se levantó el viento previo de una tormenta que no se desató ni se va a desatar. Al menos esta vez. Quizás en algún momento llegue, sería interesante verla.

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