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Realismo perturbado

Por Leticia Martin

Los deseantes, de Juan José Burzi, reúne cuatro cuentos que vuelven a inquietarnos, provocarnos e impresionarnos y que superan a sus antecesores, compilados en el volumen: Los sueños del hombre elefante. En este nuevo título, donde bien puede accederse a más de un nivel de lectura, Burzi consigue una mayor intensidad al narrar los sucesos de sus tramas a la vez que deja ver la evolución de una prosa que, acertadamente, se ha corrido a un lugar más directo -nunca transparente- que acierta en las descripciones secas de los personajes, así como en las circunstancias espacio temporales en que se decide ensamblar las acciones. La mayoría, por no decir todos los actores de estos cuentos, se distancian de los códigos preestablecidos, las normas morales y los disciplinamientos culturales. Sin abandonar sus características humanas, aunque haciendo equilibrio muy cerca de los bordes, los personajes de Burzi son narrados siempre en un registro realista y sometidos a instancias que los obligan a cruzar determinados límites como a entablar extrañas relaciones.

Este “realismo perturbado”, por llamarlo de algún modo, pone a los seres humanos a interaccionar muy cerca de la animalidad y el deterioro. El tono general del libro recuerda los más bajos fondos del periodismo policial y dibuja los trazos gruesos de una sociedad autocomplaciente, sin marco y sin contorno, donde sólo importa la consecución del deseo personal. Hay que decir, también, que por detrás de las acciones explícitas, siempre, sin excepciones, hay una atmósfera oscura y alterada que lo enturbia todo. Los pensamientos de los narradores son obtusos, desubicados, perversos. Por momentos podría pensárselos como “fantásticos”.

Por otra parte, el autor conoce en demasía del impacto que necesita el cuento para impulsarse hacia adelante. Sin derivas, entonces, se dirige desde la primera línea en la búsqueda de esos espacios indefinidos y monstruosos. “Por ahora alcanza con decir que me llamo Juan José y que el motivo de mi ruina tiene nombre y apellido: Carolina Gómez”. La cita corresponde al segundo cuento -que a la vez da nombre al volumen: Los deseantes- y nos alerta sin merodeos acerca de la poca distancia que existe entre el narrador y el autor. Allí, entonces, desde ese lugar visceral y anómalo, se narran las desventuras de un profesor (41) que es presa de las pasiones sexuales que desata en él una alumna (14), víctima y espectadora de la muerte de su propio padre. Ella, si bien lo ignora, es quien conduce al profesor a la ruina definitiva. El narrador, pornógrafo y docente, nunca cesa de tener pensamientos obscenos a partir de las mínimas acciones que despliega su alumna. ¿Cuál es el límite que se atraviesa en este cuento? ¿La misoginia? ¿La pedofilia? ¿El abuso? De qué se aprovecha este hombre oscuro y perturbado que no puede escapar a la imaginación de su presa tapada por las heces de su padre muerto, por ejemplo. ¿Por qué se excita de ese modo y con esas imágenes?

“Mientras imaginaba a Carolina Gómez siendo violada sentía cómo la erección me incomodaba al caminar. Quizá porque a mí me gustaría hacerlo, veía a un hombre que la agarraba de los pelos con una mano y con la otra le retorcía un brazo sobre la espalda”.

Si bien algunos párrafos resultan explicativos y los subtítulos fragmentan la trama sin aportar mayor utilidad, la idea y el tono vertiginoso en que está narrada esta historia la hacen tan atendible como perturbadora. “Me siento apagado y echado a perder desde que tengo memoria”, sentencia el protagonista. Los debates internos del narrador nos recuerdan, quizá, aquellos pensamientos patológicos que tuviera Humbert Humbert en Lolita, personaje que Vladimir Nabokov construyera con tanta con genialidad. Me refiero a las idas y vueltas en la duda, a la imposibilidad del personaje a la hora de reprimir sus pensamientos, a la definitiva y alterada consecución de su deseo.

Para terminar, una afirmación. Los deseantes es o puede ser leído como un inmenso acto confesional donde lo indecible es dicho con soltura y naturalidad buscando, como es el estilo del autor, provocar a los lectores.

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Los deseantes | Cuentos
Autor: Juan José Burzi
Editorial: Zona Borde
92 páginas

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