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Bipartidismo y bolataje

Por Federico Capobianco y Luciano Sáliche

La Democracia tiene sus trucos. Como sistema representativo despliega un abanico de posibilidades para que el electorado elija. Con las PASO primero, las elecciones se van erosionando hasta encontrar los partidos de las mayorías. Luego, con un posible empate, se llega al balotaje reduciendo la cuestión democrática a su mínima expresión. ¿Qué sucede con todos aquellos que no se hallan representados en ese acotado espectro político? ¿Qué convicciones se apuestan en la dualidad de la batalla final? Frentes, alianzas, saltos de partidos, conversiones, todo se teje minuciosamente hasta crear la figura de un héroe salvador. El peronismo, en su esencia, es frentista: agrupa los diversos actores sociales en un significante poderoso. Luego de años, la oposición logró hacerlo también. Del caudal de votos antiperonistas hasta la concreción de un candidato con identidad propia. El futuro llegó: Scioli vs Macri. ¿A qué estamos jugando los argentinos?

La clase media leñadora

Cuando los pensadores e investigadores alemanes que crearon la Escuela de Frankfurt se exiliaron en Estados Unidos, se centraron en encontrar una explicación al surgimiento del nazismo. La principal respuesta a la que llegaron fue que el gran responsable era el sistema educativo por no haber creado sujetos libres. Porque era la educación la única capaz de presentarle a la sociedad el camino de la libertad, ya que conocerla lleva a buscarla siempre y, principalmente, a no querer perderla.

La analogía tiene la distancia prudente y obvia para con los resultados de las elecciones del domingo pasado. Es conocido el devenir cíclico de la historia política, donde dentro de un marco democrático, la clase media es elemento importante para la balanza electoral. Y sí, es verdad que apenas se ve beneficiada acude a refugiarse en el escalafón social que hace que pretenda ser algo que no es y confunda al “enemigo” mientras escupe para abajo. Evidentemente fue la clase media quien traccionó los votos hacia los candidatos no oficialistas pero, ¿a qué se debe? ¿Qué elementos modificaron el contexto del 54% al FPV en 2011? ¿Por qué esa clase media abandonó al oficialismo en esta elección? En su historia pendular, no se torna conservadora porque se le antoja. Lo hace porque es la única forma que sabe, porque es la única que le enseñaron y le incrustaron en la memoria colectiva a lo largo de la historia. El capitalismo sólo promete posibilidad de ascenso. Siempre es más fácil encontrar un culpable que hacerse cargo de los errores. ¿Es el otro el culpable? ¿Es el otro la clase media? ¿O qué somos, otra clase media iluminada?

Si deberíamos encontrar una explicación a por qué se torna conservadora una clase media nacional, la respuesta sería la misma. El sistema educativo, inmerso en un sistema político y económico, no termina de crear sujetos libres, otorgándole el progreso cultural necesario para que entiendan cómo reaccionar ante la idea futura de crisis económica. La única, desde que fuimos microbios, está en eliminar a la competencia ante la falta de sustento, porque siempre es más importante sobrevivir y porque siempre es más fácil aplastar al más débil. ¿Tenía chanche de elegir lo contrario? ¿No fue arrastrada a eso?

Zygmunt Bauman siempre responsabilizó al Estado –y lo explicó de forma simple- diciendo que se les pueden regalar hachas a los leñadores, pero que si no se enseña a usarlas era probable que terminen partiéndosela en la cabeza a otro leñador. ¿Qué pasaría entonces cuando dos leñadores se encuentren frente al mismo árbol? Las épocas pueden mostrarse más avanzadas que las anteriores pero cuando avanza, avanza todo, incluido el manejo de las libertades sociales. ¿De qué o quién puede asustarse la clase media si vive bombardeada con que el enemigo, el que convierte en inseguro su hábitat, es el pobre?

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Los tuits no son votos pero casi

El día antes de la elección, la cuenta de Twitter del diputado massista Alberto Roberti entró en pánico. Quien bien podría ser un personaje de House of Cards pasado de cocaína comenzó a esbozar una ola de tuits extraños que iban desde “Scioli para la Victoria” hasta “imaginando como te puedo acabar en la boca, puta”. En su último tuit, el Presidente del bloque de diputados del Frente Renovador que también es el esposo de una recientemente conversa al kirchnerismo, Mónica López, dijo -con el mismo estilo anterior de omitir los signos de puntuación- que su cuenta había sido hakeada.

El factor inédito de este año electoral fue el desarrollo de ese microclima de la ansiedad que son las redes sociales. Nunca antes en Argentina los usuarios se embarraron tanto en la discusión política -por momentos burda, por otros reveladora- así como nunca antes los medios le dieron tanto interés a esa exposición. Es sabido que para los conductores televisivos, tener un hashtag propio acrecentando su viralización en Twitter les da lugar para hablar de “la opinión de la gente” casi como si fuese una verdad inquebrantable que todos los que figuran en el padrón electoral tuitearon alguna pelotudez antes de meterse en el cuarto oscuro. Esa muestra de la sociedad que es el bullicio de Twitter se tornó desesperante: mientras algunos daban como definitiva la victoria en primera vuelta de Scioli, otros hablaban de que el cambio era inminente. He aquí la cuestión central: la palabra cambio aparecía totalmente desclasada y desterritorializada. ¿De qué cambio estamos hablando concretamente? El fin de ciclo, la posibilidad de narrar un país desde otra perspectiva, por fuera de los esquemas clásicos de pueblo vs corporaciones. El crecimiento exponencial de la clase media suele cuestionar al populismo y a su sujeto de cambio: el pueblo. ¿Cómo sería un mundo sin peronismo, sin el aparataje predonimante del PJ, sin la militancia juvenil efervescente, sin los organismos sociales apoyados en el Estado? Pareciera que en los cientos de anuncios pautados que el PRO metió en Facebook haciendo eje en los ojos celestes de Mauricio Macri está la respuesta.

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Peronismo, fantasma escurridizo

En una entrevista para la revista Crisis de 1974, Juan Domingo Perón explicaba que “un hombre de nuestro movimiento podrá tener cualquier defecto, pero el más grave de todos será no ser un hombre del pueblo”. Desentramar este concepto implica, además de pelearse con todos los fans del ¿neomarxista? Ernesto Laclau, apoyarle una lupa en la jeta al peronismo. El politólogo argentino Guillermo O’donnell (1936-2011) decía que el Estado no es otra cosa que la estructura político-jurídica que garantiza y encubre las relaciones desiguales entre las clases sociales. Para lograrlo tiene que tener el control de los recursos económicos, de los medios de coerción física y el control más importante, el que sostiene todo: el ideológico. Con este último se naturaliza la relación dominador-dominado y no se la cuestiona dándole un poco a cada uno: al trabajador se le da derechos laborales, a la burguesía la propiedad privada. Para Perón, tener al pueblo como sujeto de cambio implicaba una unión de corte nacionalista entre ambas clases, la masa obrera y la burguesía local, despistando -en el siglo XXI es más evidentemente- que suelen tener intereses contrapuestos.

¿De qué forma permite hoy el peronismo que este acuerdo de clases no se derrumbe? El discurso de la no represión que esbozó una vez y hace tiempo el ex presidente Néstor Kirchner quedó ridiculizado con el accionar gendarme a los despedidos de la fábrica Lear, entre muchos otros casos. Lo mismo sucede con la inflación, las paritarias cerrando siempre a la baja, el impuesto a la ganancia y la burocracia sindical dirigida desde la oficina del Ministerio de Carlos Tomada: los trabajadores se hallan desprotegidos en la representación peronista. Por la otra parte, el cepo al dólar, las trabas a las importaciones y la fortificación de la AFIP han derivado en una burguesía panicosa. No hay dudas que la refundación de un Estado fuerte con simbología nacionalista ha forjado una estructura sólida pero el pacto entre clases no parece sostenerse. El peronismo es el único -y está en la base de su doctrina- que puede asegurar su estabilidad. ¿Acaso la cuarta Presidencia del kirchnerismo con Daniel Scioli como un Vladimir Putin anaranjado es la única que puede garantizarla?

Si hay algo que ha dejado en claro esta elección es que el aparato del PJ con los Barones del Conurbano, los punteros políticos, la militancia territorial y los sindicatos oficialistas no alcanzó para retener el título de la Gobernación de Buenos Aires en manos del peronismo. Si desde el período 1983-1987 del radical Alejandro Armendáriz que no hemos conocido un Gobernador que no sea del PJ, ¿cómo es posible que gane la elección una joven politóloga de la UCA y Vice Jefa del GCBA María Eugenia Vidal? ¿Acaso la estrepitosa caída de Aníbal Fernández en las elecciones tiene que ver sólo con su adversario de las PASO Julián Domínguez o con el carpetazo que Jorge Lanata le tiró sobre sus vínculos con el tráfico de efedrina y el triple crimen de General Rodríguez? Quizás esta sea una buena posibilidad para discutir ese fantasma escurridizo que es el peronismo.

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Chivilcoy, muestra extendida

Desde lo que significaba “acariciar la gloria” como ciudad al tener un Presidente chivilcoyano a que, después de 12 años, el 10 de diciembre asuma un Intendente de otro partido. El Diputado Provincial por el massimo y ex comisario Guillermo Britos gana la elección (sacó casi el doble de puntos que su candidato a Presidente) con la promesa de limpiar todo lo malo que se hizo hasta hoy. Y acá está el nervio fundamental del por qué ganó o el por qué -más importante- el Frente para la Victoria pierde la ciudad.

Se podría analizar desde arriba. Aunque caiga mal, cuando Florencio Randazzo queda en el aire, sin alternativa de elecciones nacionales, se desprendió de todo, incluido esta ciudad. En la campaña de las PASO no apareció para acompañar a Darío Speranza -Intendente que asumió hace un año ante la huida del entonces electo Aníbal Pitelli- en su candidatura para continuar en ejercicio. Después, debido a los riesgos que asomaban, empezaron todos a mostrar las caripelas sonrientes apelando a que los ciudadanos tengan memoria y se acuerden de quién hizo mucho por Chivilcoy. Es verdad que Chivilcoy creció mucho porque, gracias a los cargos ministeriales de Randazzo, llegó mucha guita a la ciudad. Pero la consecuencia de esto fue también el motivo que generó la derrota electoral: el enriquecimiento desmedido de sus funcionarios.

Desde que el punterismo político empezó a obtener cargos con Yrigoyen que la cosa viene en crecimiento, hasta llegar a esa gran porción de militancia rentada que hay dentro de La Cámpora. El problema es que extendido al interior la cosa fue perdiendo nivel y talento.

El peor error es pensar siempre que “la gente” es estúpida. Que no ve, que no sabe, que no escucha. Y en una ciudad donde nos conocemos todos, ver a un grupo de menos de 100 personas aumentar su patrimonio a lo largo de estos 12 años de gobierno municipal es motivo fundamental para que la mayoría vote en contra. Peor aún, cuando toda una planta de empleados municipales tiene básicos menores al salario mínimo y ve a sus jefes (no todos, aclaración necesaria) ganar diez veces más. Esos funcionarios van desde Intendentes anteriores a Secretarios y Directores en distintas ramas de la administración pública. Y se ven o se manifiestan en las diferentes inversiones en obra pública, cuando la mayoría de ellas eran innecesarias y no prioritarias.

Bien, aunque esto caiga aún peor, toda esa calaña política estuvo apañada por el mandamás chivilcoyano. Porque dependieron de él y porque él los acompañó siempre. Salvo esta última vez. Ojo, Randazzo está en todo su derecho de tirar todo al carajo e irse 4 años a pasear por el mundo. Lo que sí cuesta es ver a un Intendente que deja su cargo solo, con una derrota que tiene que masticar en solitario porque nadie lo va a ayudar salvo su militancia. Los Intendentes anteriores y sus funcionarios -y varios de la actual gestión- son responsables del resultado obtenido. Eso lo sabe cualquiera, hasta el mismo Britos que así se lo hizo saber a Speranza, cuando éste, con la dignidad correspondiente, entró al bunker opositor a felicitar a su adversario.

En este contexto emerge Britos, que viene de años pero aceleró estos últimos dos. Y este contexto es lo mismo que se ve a nivel nacional: el de la polarización. Acá hubo dos candidatos fuertes que se llevaron casi la totalidad de los votos. Uno que aprovechó todo lo que el aparato del otro dejó para aprovechar. Uno que no tuvo que levantar tan alto los brazos para que los caballos a los que estaban subidos los otros se asusten y se escapen a toda velocidad. Y esto también es algo que se extiende a niveles provinciales y nacionales, aunque con cierta diferencia en los motivos: el cambio prometido por la oposición es letra creada por el oficialismo.

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