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Kuba

Por Federico Capobianco

 

“¿Oye, tú, eres argentino?”, me preguntó el panadero. Sí, respondí. “Háblame de Macri entonces”. Yo sonreí, debían ir, con él, unas veinte personas que después de reconocerme el acento me preguntaban sobre el nuevo presidente del país. Antes de que pueda responder continuó: “No puedo entender cómo el pueblo dejó que ese hombre llegue al poder”. Hay algunas formas de entenderlo, intenté decirle cuando me cortó con disgusto, “pero chico, ese hombre va a destruir el país, y yo le dije a mi suegro, que es político, que el pueblo va a despertar y va a salir a la calle y le va a hacer un revocatorio para sacar a la derecha del poder”.

Cristina Fernández junto a Fidel Castro

La aerolínea Aeroméxico tiene una publicidad en la que va mostrando frases como si fueran citas alguna vez dichas sobre características de los respectivos destinos a los que llegan sus vuelos mientras de fondo la imagen contradice la frase. Por ejemplo: cuando aparece “en Inglaterra nunca hay sol”, la imagen muestra a un grupo de jóvenes disfrutando en una terraza londinense mientras se divierten en un día soleado, debajo “En Aeroméxico te demostramos que es distinto”. Otro de los destinos de la aerolínea es Cuba y en la publicidad aparece una pareja bailando mientras se lee “En Cuba solo se habla de política”. Y es verdad que no se habla sólo de política pero es de lo que primero se habla. Con el taxista, con el panadero o con el que bebe en la butaca de al lado. Todos hablan de política porque tienen la política impregnada en el ser. Todo lo que le sucede a ellos es político y piensan todo a través de ella. La de su propio país y la del resto.

Lo dicho por el panadero también nos lo preguntó el taxista que nos sacó de Santa Clara: “¿Por qué el pueblo no se junta y lo saca?”. Lo que acá puede sonar idealista, allá parte de la diferente concepción que se tiene del pueblo. El socialismo que instauró la Revolución se diferencia de los demás sistemas políticos desarrollados de las teorías marxistas y leninistas, las cuales prefieren no utilizar tal concepto: “el pueblo moderno como un todo -advierte el escritor Felipe Cuevas Menéndez-, consolidado alrededor del modo de producción capitalista, es el conglomerado de clases y sectores oprimidos y explotados orgánicamente vinculados por la vida dentro de un sistema social”. Lenin llegó a alertar que el concepto del pueblo tiene un uso social clasista, que se utiliza para definir a una clase en particular pero que oculta la realidad antagónica que lo compone, es decir, que se utiliza para diferenciar al pueblo de sus gobernantes pero todo lo que queda dentro del “pueblo” es una mezcla de clases diferentes y contradictorias (el gran terrateniente sería tan pueblo como el casero de su campo).

Pero la Revolución Cubana es además “martiana”, es decir que se basa, completando el tridente teórico, en el pensamiento del “maestro” –así lo llaman- José Martí, el pensador y escritor fundador del Partido Revolucionario Cubano y organizador de la guerra de independencia de 1895 que liberó –con ayuda estadounidense- la isla del Imperio español. Martí, y de aquí su mayor grandeza, fue muerto en combate, rasgo fundamental del ideario revolucionario dónde se lucha hasta la muerte.

Por Martí el concepto “pueblo” fue introducido en el socialismo cubano. En sus escritos es pletórico en la conceptualización de pueblo. Sus dirigentes, decía, debían condensar en sí al pueblo entero para ser dignos de decidir sus destinos. Por lo que un hombre no era nada sin su pueblo porque el pueblo lo convertía en tal: “Nada es el hombre en sí y lo que es, lo pone en él su pueblo”.

Es claro que un gobierno revolucionario, para mantenerse, además de las mejoras materiales debe generar una unidad en los valores simbólicos. Así es que el pensamiento de Martí es parte fundamental de su sistema educativo, sus políticas culturales y su cotidianeidad. Es el prócer más valorado en todo el país. Otro de ellos, Ernesto “Che” Guevara, o mejor dicho su pensamiento, es inculcado a todos los jóvenes al punto de que cada egresado de la secundaria recibe como regalo “Pasajes de la guerra revolucionaria” escrito por el Che.

Martí -claramente en otros tiempos- expresaba que el pueblo convencido de su necesidad sería el ente transformador de la justicia mediante el alto escalón del combate por la revolución. Generándose también su condición: “…un pueblo es tanto más grande cuando sus partes componentes están más cercanas a la posible igualdad: sobre todo, una nación libre necesita estar formada por un pueblo de hombres” (no salten sexistas, Martí murió en el siglo XIX).

En relación a esto y a lo que Lenin alertaba, Fidel Castro, en su alegato de autodefensa en el juicio por los ataques a los cuarteles de Santiago de Cuba en 1953 –luego de encarcelado fue liberado y se exilió en México para volver, junto al Che, en 1956 para la Revolución- definió claramente la cuestión: “Nosotros llamamos pueblo si de lucha se trata, a los seiscientos mil cubanos que están sin trabajo deseando ganarse el pan honradamente sin tener que emigrar de su patria en busca de sustento; a los quinientos mil obreros del campo que habitan en los bohíos miserables, que trabajan cuatro meses al año y pasan hambre el resto compartiendo con sus hijos la miseria, que no tienen una pulgada de tierra para sembrar y cuya existencia debiera mover más a compasión si no hubiera tantos corazones de piedra; a los cuatrocientos mil obreros industriales y braceros cuyos retiros, todos, están desfalcados, cuyas conquistas les están arrebatando, cuyas viviendas son las infernales habitaciones de las cuarterías, cuyos salarios pasan de las manos del patrón a las del garrotero, a los cien mil agricultores pequeños, que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya; a los treinta mil maestros y profesores tan abnegados, … no le íbamos a decir: “Te vamos a dar”, sino: “¡Aquí tienes, lucha ahora con toda tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!”.

Todo esto explica por qué para el taxista o el panadero no es tan utópica la unión del pueblo para su liberación.

José Martí

José Martí

En Cuba hay dos diarios nacionales: el Granma –nombre del yate que llevó desde México a Cuba a Fidel, el Che, Raúl y demás para dar inicio a la Revolución-, que es el diario del Órgano oficial del Comité central del Partido Comunista de Cuba; y Juventud Rebelde, el diario de la juventud cubana. El primero tiene 15 páginas y el segundo 7, ninguno tiene ni una mínima publicidad y todos tienen sus páginas dedicadas a noticias internacionales, en el Granma es casi la mitad del diario, de la cual el 95% es cobertura sobre las realidades latinoamericanas, el resto abarca Oriente Medio y Asia. Por fuera de esto, el canal TeleSur es uno de los más visto en la isla. Para algunos de ellos porque “es mucho más objetivo y completo que nuestros canales”. La línea editorial de TeleSur es motivo de su adhesión: la cadena televisiva, creada en 2005, es propiedad conjunta de los gobiernos de Venezuela, Cuba, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Uruguay -ya no Argentina, cuyo gobierno actual anunció que se retiraba de la sociedad propietaria del canal- por lo que es afín a ese grupo presidencial que formó el bloque latinoamericano en los últimos años, liderado por Chávez, el gobernante exterior más querido por el pueblo cubano.

Néstor primero y Cristina después formaron parte de ese bloque que creó una política continental con el objetivo de crear una alternativa geopolítica que sirva entre otras cosas como apoyo y protección frente a los poderosos de siempre. Todos ellos tuvieron y tienen buena relación con el gobierno cubano. En lo que respecta a Argentina: Fidel estuvo presente en la asunción de Néstor en 2003 y Cristina se reunió varias veces con él y Raúl Castro.

El portal digital de la TV Cubana informaba de esta manera el balotaje que podía significar –como sucedió- el ascenso de Macri a la presidencia: “Después de doce años de gobiernos contrarios al neoliberalismo y defensores de la riqueza nacional, unidos codo con codo a los gobiernos de Brasil, Venezuela, Ecuador y Bolivia, ahora se puede tener a una Argentina, con un presidente aliado del Fondo Monetario Internacional. Tal situación le quita el sueño a una buena cantidad de hombres y mujeres de América Latina que sienten amenazado el bloque de izquierda creado en esta parte del mundo”.

Por tanto, el pueblo cubano, sumamente “fidelista”, reconoce lo que gobierno acepta y repele lo que no. Todos –léase ese “todos” como todos con los que tuvimos el placer de hablar- diferencian entre latinoamericano a ese bloque presidencial –de los que van quedando pocos- y el Imperio –liderado por Estados Unidos y formado por todos los obsecuentes, entre ellos nuestro nuevo gobierno-, al punto que como iniciamos nuestro viaje el mismo día que Cristina Fernández volvía a la escena política desde los tribunales de Comodoro Py, nos enteramos de todas las repercusiones allá, por boca de los cubanos que nos recibieron, contentos por su vuelta y totalmente incrédulos por no poder entender como Macri había llegado a ganar las elecciones.

Claro está que el motivo más fuerte para su afecto a Cristina es la participación en el bloque latinoamericano que involucró a Cuba en su política continental. Después de eso reconocen la diferencia entre un sistema y otro, entre un pueblo y el otro, y la ausencia de cambios estructurales reales. Pero en su preocupación por la avanzada de Estados Unidos  reconocen la diferencia entre el gobierno kirchnerista y el “favorable al Imperio” –como definen a Macri-.

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Sección Internacionales – Diario Granma (15-04-2016)

De todos los cubanos con los que hablamos, uno solo de ellos nos dijo “¿ahora con Macri están mejor, no?”, era el más joven de todos y luego de eso y otras palabras más nos pegó una embaucada magistral. A tipos como este el resto del pueblo cubano los llama estafadores y empiezo a creer que no hay casualidad entre su pregunta y su profesión.

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