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El futuro es imágenes

Por María Lobo

1)

Estamos en el cine; vemos Grandes Héroes. Mi hija me pregunta si estoy llorando por lo que pasa en la película o por las cosas en las que la película me hace pensar. El arte es materia, lenguaje, imagen, sonido. Materia maleable.

2)

La película es materia. Pero mi hija se da cuenta de que quizás lo esencial de ese momento estético que experimentamos juntas no está pasando dentro de la pantalla sino fuera de ella. Las luces del cine van a apagarse. Hemos estado incómodas en una butaca. Acabamos de mirarnos, disimulamos la veracidad de las lágrimas. Uno de los protagonistas de la película ha muerto hace un instante. Me pregunto en qué ha estado pensando ella y ella se pregunta en qué he estado pensando yo.

3)

Y no lo sé. El arte es materia maleable. Estrógenos, la novela de Leticia Martin, es un libro de tapas negras y estampa erótica. “Comedia distópica, ciencia ficción”, dice en la contratapa. Cuenta acerca de un futuro donde los hombres han desarrollado la capacidad de embarazarse y de parir hijos. Está hecho de una materia reconocible. La autora encarna en primera persona la voz de un hombre que se deja inseminar por su mujer; la estructura narrativa es lineal entre los días previos a la inseminación y las consecuencias de ese embarazo. En su rasgo formal más sobresaliente, la novela describe un universo futurista a partir de un lenguaje que es directo, pero al mismo tiempo frágil. La voz del narrador se desliza hábilmente desde el pragmatismo hacia la añoranza. Cerrar un libro después de días de lectura es como salir del cine. No estoy avanzando entre la marea de espectadores que, como yo, acaba de abandonar la sala. Pero mientras pongo el señalador en una página cualquiera, sé que en algún lugar, quizás en este mismo momento, otro lector también acaba de terminar con su propia lectura de Estrógenos.

4)

Mi hija tiene dos hermanos mayores; probablemente ella haya estado pensando en ellos durante el momento irreversible de Grandes Héroes. En entrevistas recientes, con motivo de la publicación de Estrógenos, se le pregunta a Leticia Martin sobre el universo futurista, sobre su idea de género, sobre la posibilidad de procreación masculina. Se le pregunta sobre las relaciones entre hombre y mujer, sobre las relaciones desiguales. Busco otras entrevistas, quiero conversar con los demás espectadores del cine. Se le pregunta a Leticia Martin sobre la maternidad y el feminismo. En ese murmullo de las entrevistas escucho que se le pregunta, a Leticia Martin, sobre el contrato social. Su materia maleable ha llevado a los lectores a pensar en el hombre y en la mujer, en embarazos futuros, en los pactos simbólicos y naturales.

5)

No pensamos las mismas cosas a partir de una misma materia maleable. Cierro Estrógenos y pienso: “proyección audiovisual”. Los hermanos de mi hija son mis hijos y yo he estado pensando en ellos desde el fatal momento de la fatal película. Pero ellos no son mis hermanos: son mis hijos.

"Estrógenos", de Leticia Martin

“Estrógenos”, de Leticia Martin

6)

En el futuro de Leticia Martin, los hombres se inyectan estrógenos que les permiten iniciar un proceso de gestación. El embarazo de los hombres es idéntico al que hasta hoy conocemos experimentan las mujeres. Lo que cambia en el futuro, en el futuro de Leticia Martin, es el cuerpo donde se producen esos embarazos. Aunque puestas en un universo inquietante -como es inquietante cualquier cosa que venga del futuro-, las consecuencias del embarazo masculino no me parecen preocupantes. A la salida del cine, le diría yo al espectador ávido de comentarios que no he visto en ese embarazo masculino la cuestión fundamental de Estrógenos. Le diría que vuelva a la sala y preste atención al tratamiento del cuerpo que hace Leticia Martin. Le diría que vuelva a leer los párrafos sobre el modo de existencia del cuerpo humano en aquel futuro en que los hombres intercambian funciones corporales con las mujeres. “Mi hijo en imágenes es cincuenta veces más grande que su tamaño real”; “Necesito mirar con atención”. Me refiero a estos párrafos. En el futuro, cuerpos intercambiables. No habrá, en el futuro, grandes cosas con el cuerpo. Me refiero a que la cuestión central de esta novela es la necesidad que tendrá el hombre de proyectarse en imágenes. Necesitará mirarse para existir. Un día, lo fundamental no será el cuerpo, sino sus proyecciones audiovisuales.

7)

En el futuro, la esencia humana ingresa en una especie de sistema informático y virtual llamado Nit. Ese sistema constituye el almacén del pensamiento. Se oprime un botón y se accede a las imágenes de lo que uno ha sido. El hombre y la mujer necesitan conectarse a ese sistema para emprender actividades que hoy son espontáneas y gratuitas, como recordar. No importa si es un hombre o una mujer. Ninguno de ellos podrá recordarse a sí mismo sin ingresar a ese conglomerado de imágenes que se proyectan como una película de video. Nadie, en el futuro, podrá prescindir de ese sistema de proyección de imágenes. “Cuando los elementos de la imagen recordada no coinciden con su correspondiente filmación en el Nit, la proyección no se descarga ni se despliega en las paredes y entonces me quedo boyando en el recuerdo incompleto de la mente humana”. Me refiero, todo el tiempo, a estos párrafos. Sin imágenes, no habrá pensamiento posible.

8)

Quizás ante la materia maleable, echamos mano de lo que tenemos más cerca. De nuestras emociones, de lo inmediato. Estamos en Argentina. Entiendo que a la salida de Estrógenos haya una marea de espectadores obnubilados por el género, el feminismo, el embarazo de los hombres, el fin de la representación de maternidad que han construidos nuestros imaginarios sociales modernos y occidentales. Pero el narrador de esta novela se detiene y dice: “Quiero adentrarme en el recuerdo del momento real pero la proyección no se activa. Insisto un poco más. Intento pensar en objetos puntuales, en las sensaciones de ese día, en el sonido de la profundidad del océano, en el zumbido de los tímpanos debajo del agua. Sin embargo no encuentro nada”. Soy nadadora; sé cómo es el sonido debajo del agua. También soy lectora. Sé dejarme llevar por una autora que, detrás del disfraz de un lenguaje masculino, consigue hablar de las cosas que hemos perdido con el paso del tiempo. “Quiero entender por qué supe guardar unos fragmentos y otros no, qué perdí en el camino, qué omito adrede, por qué es tan difícil recordar”. Sé dejarme atrapar por la apariencia de frialdad, y sé caer rendida a los pies de un libro cuando ese disfraz desaparece.

9)

En el futuro, el futuro es la consecuencia de la cultura de la imagen. Me alejo lentamente del cine; el murmullo de la marea de gente se hace difícil de escuchar. La necesitamos. Necesitamos esa proyección de imágenes para recordar quiénes somos. El futuro es la repetición cíclica de las pérdidas que se iniciaron con la aparición de la imagen. Tal vez, en la sala de un cine. Leticia Martin no ha hecho más que hablar de pérdidas y de la imagen, ese problema moderno. Mi hija está pensando en sus hermanos y yo en mis hijos pero poco importa, porque ella no ha leído Estrógenos. Aunque algún día la leerá. El hombre, sin distinción de sexo, ha quedado atrapado en el lugar de intérprete ante un sistema de aparatos. Cada vez más, el murmullo se torna inaudible. Imagino esa conversación con mi hija. La imagen, prisión inevitable, está en el centro del futuro. Y allí, en ese mundo de proyecciones audiovisuales, resulta imposible recordar.

 

 

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