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Esos lunes azules

Por Federico Capobianco

But I’m quite sure that you’ll tell me
Just how I should feel today
New Order – Blue monday

 

El pasado lunes 16 de enero fue el tercer lunes de enero, por lo tanto el tercer lunes del año y, desde que el psicológo galés Cliff Arnall lo definió como Blue Monday, fue el día más triste del año. Así será que, según el estudio en 2005 realizado por el ex investigador de la Universidad de Cardiff (la Universidad salió a distanciarse luego de la publicación del estudio), usted no se sentirá más triste de lo que se sintió ese lunes.

Con un método poco frecuente en las investigaciones sociales, Arnall ideó una fórmula que fue modificando alrededor de los años donde distintas variables se entrecruzan para dar como resultado un día donde la tristeza nos es mayor. El método no es nuevo: los estudios probabilísticos son utilizados hasta en la investigación histórica con resultados un poco dudosos. Marc Bloch, uno de los historiadores más importantes del siglo XX, en un estudio sobre el tema, escribió: “Un tiro suelto será siempre más difícil de prever que el resultado de partida, y, por ende, una vez realizado, está sujeto a una diversidad de explicaciones mucho mayor. Por esto, a medida que se penetra más y más en los detalles, las verosimilitudes de la crítica –toda investigación social se presupone crítica- van degradándose”. Y agrega: “¿en qué medida nos está permitido pronunciar la gran palabra ‘certidumbre’?”, casi dejándonos imaginar un meme del estilo Batman y Robin donde Bloch, personificando al caballero de la noche, bofetea a un Cliff con antifaz.

Veamos, de todas formas, la última fórmula publicada por Arnall: 1/8C+ (D-d) 3/8xTI /MxNA. Esta seguidilla de elementos bastante irreconocibles representan las distintas variables utilizadas. La C corresponde al clima de la época, la D serían las deudas que se obtienen después de los gastos de fin de año y la d lo que uno cobraría a fin de mes, la T refiere al tiempo transcurrido desde Navidad hasta la fecha estipulada y la I vendría a recordarnos nuestro último fracaso en abandonar un mal hábito, la M representaría a nuestras motivaciones y, por último, la NA sería nuestra necesidad de cambio. Dicho así podría suponerse que cada uno, con sus propias variables terminaría concluyendo otra fecha, más personal, para ubicar al día más triste del año y como no hay una mínima base científica que sustente el resultado, la certeza de Arnall parecería caerse.

Pero supongamos que Cliff Arnall es un profesional con algo de honestidad intelectual que realizó tal investigación con el único objetivo de ayudar a la gente y por tal razón cree, y así lo informa, que “hay que usar el Blue Monday como un trampolín para el cambio”. Si se piensa tiene lógica, alguien descubre que tal día nos levantaremos muy tristes, claramente más tristes que cualquier otro día del año, y, sabiendo concretamente cuál es ese día, podríamos prepararnos. No hay mejor obra de bien que prevenirnos del mal.

Elliot Anderson, el hacker interpretado por Rami Malek en la serie Mr. Robot, minutos antes de informarle a un dueño de cafeterías que había descubierto su red de pedofilia, le comenta que el descubrimiento surgió a partir de lo rápida y buena que era la conexión wi-fi del local, y que era “tan buena, que arañaba esa parte de mi mente, parte que no permite existir el bien sin una condición”.

¿Cuál sería la condición, siguiendo el razonamiento, del bien generado por Arnall y su Blue Monday? Él mismo, sin un mínimo de decoro, tiene en su cuenta de twitter el siguiente tuit fijado: “Keep Calm & #StopBlueMonday in #CanaryIslands”. ¿Por qué querrá el psicólogo que paremos con el día más triste del año y lo usemos como trampolín para pasar unos días espectaculares en las Islas Canarias? No es nada más simple que porque toda la investigación de Arnall estuvo financiada –y utilizada como campaña publicitaria- por la empresa de viajes Sky Travel, promocionando la fecha como la mejor para viajar.

No seamos tan injustos con el señor Cliff, en definitiva no hace otra cosa que generar el sustento. El historiador italiano Enzo Traverso analiza en una parte de su libro ¿Qué fue de los intelectuales? la decadencia de los intelectuales críticos a causa de las crisis económicas del siglo XX, que terminó bajando del pedestal a ese grupo de iluminados y al mismo tiempo convirtiendo en tal a, por ejemplo, universitarios o periodistas. Hoy en día ya no existe esa elite cultivada que analizaba y criticaba las ideologías desde un lugar externo, el vacío dejado fue ocupado por psudointelectuales mediáticos que ejercen su profesión más abocados al marketing o la publicidad que a la construcción de algo que puede llamarse o suponerse el saber. Traverso expresa que las mismas crisis económicas mundiales terminaron mercantilizando toda ideología y reorientando nuestras prácticas sociales y modos de pensar. Si alguna vez abriéramos la olla nacional de pseudointelectuales propagandistas de este y el anterior gobierno, es posible que no la podamos cerrar jamás. Por eso no debemos ser tan crueles con Cliff, es más, hasta quizás podríamos retocar un poco su fórmula para darle sentido.

Pensemos, aunque en Europa es invierno, el factor clima nos afecta a nosotros también: nadie puede ser demasiado feliz con semejante calor. Las deudas adquiridas a fin de año vinieron a sumarse a las adquiridas durante el año y el dinero que ganaríamos a fin de mes no vendría a disminuir el déficit porque cada vez mayor porcentaje se esfuma en el costo de vida y en los impuestos. El tiempo transcurrido desde Navidad hasta la fecha sería el único dato concreto. Nuestro último fracaso en dejar o reducir un mal hábito adquirido por el estrés probablemente haya sido ayer y seguramente vuelva a repetirse mañana. A la ecuación motivaciones por necesidad de cambio podríamos dividirla por la variable PM, que vendría a representar País Macrista, generando que se anulen las anteriores por ahorcamiento económico. Así es probable que tengamos nuestro lunes azul, siete días antes que otro lunes azul, y así.

 

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