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TKM y la impunidad empresarial

Por Luciano Sáliche

Hay muchas formas de darse cuenta que un trabajo es precario, sin embargo, más allá de que los elementos aparezcan todos juntos o aislados, la significación es clara: la injusticia permanece adherida al empleo. Fue Guy Standing quien acuñó el término precariado para referirse al proletariado en condiciones de precarización, cuando la remuneración no llega a cubrir las necesidades básicas.

Un sistema laboral que permite que estas formas se propaguen más allá de que la ley lo prohíba es parte del alarmante contexto que aún hoy persiste. Las tres manifestaciones que se dieron la semana pasada hablan de lo mismo. Los docentes exigen que las paritarias se abran sin ironías; los trabajadores de la CGT, que la cúpula se ponga al frente del reclamo, pues los salarios están siendo masticados por el ajuste; y las mujeres, que el machismo empiece a erradicarse, incluso del ámbito laboral, donde prácticamente ninguna compañía cumple la licencia por violencia de género, aprobada por ley en agosto del año pasado.

Dentro de esta burbuja que se encoge día a día, los trabajadores de TKM (empresa perteneciente al Grupo VI-DA, dirigido por Viviana Zocco, esposa de Daniel Hadad) tomaron la difícil decisión de transformar la realidad. Aun así, utópico como suena, posee un camino totalmente factible. Cansados de cobrar salarios inferiores al mínimo vital y móvil ($8.060) por jornadas completas y de que sus legítimos reclamos sean ninguneados por sus jefes una y otra vez, se organizaron. Si es como dice el sociólogo Loïc Wacquant, que “el precariado sólo puede hacerse para deshacerse inmediatamente”, es decir, que la razón de su existencia es –tarde o temprano– su propia supresión, el objetivo de los trabajadores está más que claro: hay que organizarse para luchar por lo que corresponde.

El jueves 9 de marzo la empresa recibió una carta documento enviada por el SiPreBA (Sindicato de Prensa de Buenos Aires) donde se notificaba que el jueves 16 se realizarían elecciones de comisión gremial interna para que los trabajadores de TKM elijan delegado y puedan tener una representación sindical en su lugar de trabajo. Bastaron sólo un par de horas para que la empresa despida a Nicolás Duarte y Matías Carusso –candidatos a delegado y a delegado suplente, respectivamente– como forma de cortar toda posibilidad de cambio. Una vez más, la impunidad de la clase empresarial, contra toda búsqueda de justicia, parece involteable.

Esta embestida no sólo contiene la ilegalidad del despido sin causa ni previo aviso, también se enmarca en una persecución gremial que mata la libertad sindical, garantizada por la Organización Internacional del Trabajo y las Naciones Unidas. El paso siguiente que tomaron los directivos de TKM fue amenazar al resto de los trabajadores: de realizar algún tipo de medida de fuerza, serían despedidos también. Exigir la inmediata reincorporación del candidato a delegado y a delegado suplente es fundamental para que la democracia haga valer su nombre.

Si la burguesía quiere cortar cabezas, lo hace. Impunidad de clase con el aval de un Estado que garantiza el movimiento de la guillotina. En el tercer tomo de El Capital, Marx desarrolla las condiciones materiales del empresario entendido como capitalista, es decir, explotador del trabajo ajeno. ¿Cómo se compone el sueldo –que no es salario, es ganancia– del capitalista? Mediante la cantidad de trabajo ajeno apropiado. ¿Cuántas toneladas de plusvalía adquiere el Grupo VI-DA por cada minuto que sus trabajadores pasan produciendo contenido para el portal de TKM en condiciones laborales de severa precarización?

 

 

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