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La diferencia sexual

Por Luciano Lutereau

1.

La relación hombre-mujer estuvo siempre presente en la filosofía moderna. La moral cartesiana es una serie de consejos para señoritas. La distinción kantiana entre lo bello y lo sublime, una estética del varón enamorado. La primera parte de la Fenomenología del espíritu de Hegel, la dialéctica del deseo celoso.

La filosofía moderna es la historia de los síntomas masculinos. Incluso los del paranoico Rousseau y sus confesiones. La filosofía moderna es la filosofía heteronormativa por excelencia. La antigua es homoerótica. La medieval es teológica. Y la contemporánea es zoofílica.

2.

Cuando en su artículo Sobre las teorías sexuales infantiles (1908) Freud dice que el varón interpreta la diferencia sexual con la “teoría de la cloaca” está diciendo mucho más que para el niño los nenes tienen pito y las nenas cola. Esta teoría tiene vigencia en el análisis de los adultos y justifica cierta misoginia habitual entre varones.

Recuerdo a un muchacho que se quejaba de lo insoportable que se ponía su pareja una vez por mes. Se refería a la menstruación con asco. Le pregunté por qué. Me dijo: “Debe ser como cagarse encima”. Le respondí que por eso creía que podía ponerse expulsivo con ella y tratarla como un sorete. En ciertas culturas directamente apartan a la mujer de la sociedad en esos días. Incluso hasta hace poco existía un derecho laboral que podía eximir a la mujer de trabajar cuando estaba indispuesta. Porque a veces también la conquista de derechos puede estar basada en razones segregativas. Arjona hizo un tema para que la discriminación sobre este punto le resultara rentable. Pero la única práctica que permite atravesar esta teoría infantil y superar esta forma de machismo que siente horror por el cuerpo femenino es el psicoanálisis como dispositivo clínico.

3.

La diferencia sexual no es anatómica, sino entre dos modos de armar una familia. “Mujer” es el ser hablante que la arma en el interior de su familia de origen. “Varón” es el que lo hace por fuera. El ser hablante “mujer” padece el conflicto de que el interior pueda ser endogámico (tiene que realizar esa diferencia). El varón sufre el desgarramiento de un exterior ajeno que lo confronta a la nostalgia del regreso. Las mujeres nunca terminan de irse. Los varones se van pensando en volver.

4.

La diferencia sexual no es entre dos tipos de órganos, sino entre dos modos distintos de hacer un duelo. Los “varones” sufren por lo que fue y quisieran recuperar. Las “mujeres” por lo que no fue y pudo haber sido. Por eso las mujeres, con o sin pito, sufren más que los hombres en el amor. Porque de lo que no sucedió, no hay olvido posible.

5.

La diferencia sexual no es entre dos anatomías diferentes, sino entre dos modos diversos de anotarse a la comisión de prácticos de la UBA: varón es el que escribe con letra desprolija sobre una hoja rasgada, la mujer escribe con letra redonda sobre un rectángulo perfecto.

6.

Todas estas distinciones son triviales, pero muestran que la diferencia es irreductible. El “al menos dos” del sexo no supone términos positivos, no es una diferencia binaria, sino la discordancia absoluta en la relación sexual que, por lo tanto, no existe. Aunque que las hay, las hay.

 

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