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Consejos analíticos para no sufrir por algo que no vale gran cosa

Por Luciano Lutereau

1.

No debe haber extravío clínico mayor para un analista que el de creer que puede tratar a un obsesivo a través de plantearle que tiene que renunciar a algo. Porque la neurosis obsesiva es la interpretación misma de una pérdida como una renuncia. Y esa interpretación es sintomática, porque lleva a la impotencia.

“No se puede todo, algo hay que perder (o que elegir, o lo que sea)”, dice el analista perdido. Porque así no hace más que redoblar la neurosis de su paciente, instala la agresividad e impotentiza el análisis. En todo caso, la vía del análisis implica separar la pérdida de la renuncia. Es imposible renunciar a algo que ya está perdido.

Es el caso de un muchacho que tiene que entregar su tesis y no puede terminar los capítulos porque siempre podría corregir el texto. Duda, pero también se le ocurren ideas todo el tiempo. Lo felicito por eso. Sin duda es inteligente, y mucho más: juega con el pensamiento, quizá sea demasiado curioso para la academia. El éxito académico es para los débiles mentales. Se ríe cuando le digo estas cosas. Pero a mí sobre todo me gusta rescatar cómo él juega con las ideas, y así su pensamiento va por delante, lo excede, mientras él corre detrás de las ideas en busca de su sentido. Pobrecito, quiere tener ideas propias. Como si las ideas no se escaparan todo el tiempo. ¡Como si las ideas no estuvieran perdidas desde siempre!

¿Quién tiene una idea de la que no tenga que apropiarse con esfuerzo? Su síntoma no es que piense mucho, sino que quiera ser el dueño de su pensamiento.

2.

Nunca me pareció algo anti-analítico dar consejos. No es lo mismo que decirle a alguien lo que tiene que hacer. Es también un modo de entender mejor la abstinencia que impone el acto analítico.

Los consejos son frases hechas, el saber popular a la mano, como las letras de las canciones. Y muchas veces no hay mejor interpretación que un fragmento de una canción. Pero esta vez ella me habló de una serie de tropiezos con diversos hombres, y antes de hablar de su posición me permití decirle: “Ningún tipo que pueda ponerte en una serie te va a tomar en serio”. “¿Cómo en una serie?”. “Claro, si te acostás con un compañero de la Facultad cuando va a estudiar a tu casa, vas a ser otra compañera de la Facultad que se coge; o lo mismo si un compañero del trabajo te besa a escondidas en la oficina”. “¿Me tengo que hacer la difícil?”. “En absoluto, porque se puede ser fácil con condiciones”. Para sintomatizar la relación con un hombre, primero no tenés que dejar que te haga perder el tiempo.

No es una interpretación, es un consejo. Si un tipo no deja que le cambies la vida, siquiera un poquito, no vale gran cosa. La vas a pasar bien, puede que te guste mucho, te vas a enamorar, pero no vas a llegar muy lejos. Quizá vos no quieras llegar muy lejos, pero ¿vos sabés lo que querés? Seguro no querés estar en esa posición de esperar al otro, ni tener que pedirle que cambie, porque no solo eso no se puede pedir, sino porque los tipos no cambian. Los tipos se dejan cambiar, viven pasivamente el amor, por eso se defienden de esa pasión como del demonio. Y no es algo que tenga que ver con la voluntad. Es más básico: si un tipo no se deja cambiar la vida de entrada, no lo hará nunca. Es un auto usado que sólo sirve para taxi, pero no para viajes largos. Quizá quieras un tipo para moverte por capital, que te lleve y te traiga, es cómodo, pero ¿vos sabés lo que querés? No es lo que pensás, es lo que se piensa en vos mientras vos crees que pensás. No importa que sea bueno, lindo o lo que sea, ni siquiera importa si cambia, sino si se deja cambiar la vida. Aunque te diga que le rompés las pelotas, o que a veces no te soporta, pero que sepa que si no se deja está haciendo las cosas mal, que vaya a las puteadas pero no sienta el alivio de no ir, de zafar, ese es el indicador. Es un consejo, para que no sufras por algo que no vale gran cosa.

 

 

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