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María Eugenia Krauss: “Hay que desacralizar la imagen de la lectura”

Por Luciano Sáliche | Foto: Henderson Moret

María Eugenia Krauss es editora en Odelia, y como buena editora independiente hace trabajo de hormiga. Ella misma se encarga de mover sus productos por las redacciones y librerías. Con un catálogo breve pero consistente, esta pequeña editorial se lanzó al coliseo literario con buenos títulos. El año pasado reeditaron Las fuerzas extrañas de Leopoldo Lugones, 110 años después de su publicación: un libro inaugural de la ciencia ficción argentina que el mismo Borges destacó, cuando calificó a Lugones como “un fenómeno insólito en este país”. Ahora, la segunda novedad es Gaijin de Maximiliano Matayoshi, una novela que narra el mundo nikkei (los emigrantes de origen japonés y su descendencia). “Me pregunté por qué el gobierno de un país más lejano que Argentina me daba el documento que necesitaba para salir de Japón y por qué tenía que viajar solo a los trece años. De su botiquín sacó un papel más chico: mi pasaje”, narra el personaje principal. Sobre literatura, tecnología y edición, María Eugenia Krauss habló con Polvo. Este es el diálogo.

¿Por qué editar hoy libros en Argentina?

Porque siempre hay obras interesantes que merecen ser conocidas. Cualquier tiempo es bueno para editar, solo que hay contextos económicos más complicados. Hoy la situación económica no acompaña, pero de todas formas siguen apareciendo nuevas editoriales y se sigue editando mucho.

¿Cuál es tu objetivo al llevar adelante una editorial? ¿Cuál es la misión -por llamarle de alguna forma- de Odelia dentro de la cultura y de la literatura?

Cuando armamos Odelia con mis socias (somos 9 editoras) el objetivo en el que coincidimos todas fue difundir y visibilizar literatura de calidad y dirigida no solo al lector habitual sino a los lectores ocasionales que dudan en entrar a las librerías; seducir a esos lectores más esquivos. Hay que desacralizar la imagen de la lectura. En Odelia prestamos mucha atención al cuidado de la edición y al diseño. Nos interesa tanto el rescate de libros valiosos que no se consiguen como la búsqueda de autores nuevos. Las fuerzas extrañas forma parte de la colección Muertos vivos, de recobrados, que convive con Avalancha, la colección de narrativa contemporánea, donde publicamos la novela Gaijin, de Maximiliano Matayoshi y estamos preparando los cuentos de Amora, de la brasileña Natalia Borges Polesso.

“Las fuerzas extrañas”, de Leopoldo Lugones

Justamente, ¿qué las llevó a traer Las fuerzas extrañas a la actualidad, 110 años después? 

Paradójicamente, es su actualidad lo que nos convenció de volver a editarla. Los cuentos de Las fuerzas extrañas tocan temas en los que la literatura de ciencia ficción sigue indagando, aunque hayan pasado ya 110 años, como el doble, los experimentos con la luz y el sonido, la evolución del hombre y su disyuntiva entre la ciencia y el esoterismo. Leopoldo Lugones fue un precursor del género, muy mencionado por autores posteriores de la literatura fantástica, como Borges, Bioy Casares, Silvina Ocampo.

Viviste el mundo de los dos lados, antes y después de internet, ¿cómo cambió la literatura en esta bisagra?

Cambió la accesibilidad a los contenidos. Ahora cualquier contenido literario está a nuestro alcance. Antes si querías leer literatura brasileña tenías que viajar o esperar que alguien te mandara el libro por correo; ahora podés comprarlo online y bajártelo al e-book. Tampoco había tanta información sobre editoriales y escritores. A partir de los blogs primero y de otras plataformas después, se facilitó la llegada a los lectores sin intermediarios. La contracara de esto es que entre tanta abundancia el lector se pierde un poco.

¿Cómo hacerle frente a las grandes editoriales? ¿cómo es esa puja en el campo literario?

Diría que, más que hacerle frente, como editorial chica podemos editar lo que los grandes grupos no pueden por su exigencia de rentabilidad. Por esa brecha podemos entrar las pequeñas editoriales y abrir el juego; es muy interesante lo que se puede encontrar ahí. Sin esa presión financiera, nos sentimos libres para elegir textos que realmente nos interpelen o que aporten algo diferente a lo que venimos leyendo. Otra ventaja de las editoriales pequeñas es el acompañamiento constante al libro y al autor. Es imposible competir con el volumen y la capacidad de distribución que tienen los grandes grupos, pero en calidad no veo grandes diferencias; hay ediciones buenas y malas en ambos sectores.

“Gaijin”, de Maximiliano Matayoshi (Fotoamapola)

Siguiendo con internet, ¿hasta qué punto modificó la forma de narrar? ¿Por dónde creés que pasan hoy las tendencias literarias en lo que refiere a los temas y las formas de las ficciones?

Se modificó bastante. El lenguaje se relajó y empezó a imitar al lenguaje de las redes, que es el que más usamos en nuestra cotidianeidad. Incluso en la temática de varias novelas de los últimos años el protagonista es internet o la conexión/desconexión que se vive en la era de internet. También hay un regreso a la literatura por entregas como en su momento la hubo con el folletín, ahora a partir de las plataformas o blogs.

¿Cómo definirías al ambiente literario argentino de los últimos años? 

Muy efervescente. Al no haber una figura del gran escritor vivo como tuvimos en otras épocas, tienen más espacio voces nuevas, tanto hombres como mujeres de distintas edades y con diferentes estéticas. A su vez, las editoriales independientes y la tecnología permiten que se conozca a esos nuevos autores.

Por último, ¿cómo evaluás las políticas estatales de los últimos años en el mercado editorial? ¿los afectó la apertura de importaciones? ¿ves un futuro esperanzador?

Nosotras todavía no podemos evaluar si nos afectó la apertura porque tenemos un año de existencia como editorial. Sí vemos que las ventas bajaron mucho el año pasado y que el costo de los insumos aumenta y el poder de compra del lector disminuye. Cuando hay inflación el libro pasa a ser casi un objeto de lujo que se deja de consumir ante otras prioridades. Es difícil competir con los libros de saldo que se importan desde España y aunque es interesante que entren más libros, la realidad es que a las pequeñas editoriales las perjudica. Estaría bueno que hubiera más políticas de fomento y de protección a la industria del libro. En cuanto al futuro, soy optimista, si no no tendría una editorial.

 

 

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