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Un intento de ironía entre el terror y la ciencia ficción

Por Leticia Martin

Get out, la película de Universal Pictures recientemente estrenada en nuestro país bajo el nombre ¡Huye!, trama el devenir de una serie de hombres negros secuestrados por una red de blancos millonarios, y que son puestos al servicio de investigaciones científicas cuál ratas de laboratorio. Escrita y dirigida por Jordan Peele en su debut como director, la historia de ¡Huye! pone en escena lo que sucede en esta red, que es coordinada por la familia de un famoso neurocirujano que invierte todos sus recursos, propiedades y capacidades intelectuales para, secretamente, abonar la desigualdad racial. Capturados por la tan perversa como bella hija del matrimonio que dirige esta “secta”, los negros son hipnotizados y luego lobotomizados para que, tras ser estudiados minuciosamente, la familia pueda extraer la parte potencialmente más exitosa de su cerebro, que luego injertará en la cabeza de quien pague este tratamiento carísimo e ilegal. Pero ¿nadie sospecha de estos profesionales de la salud mental y las ciencias médicas? ¿Nadie reclama ni busca a los negros desaparecidos?

Al parecer no. De hecho, en la escena humorística en la que uno de los amigos del protagonista reclama a la policía por la desaparición de éste, hasta los policías negros se ríen de la demencial denuncia. Por un momento, sobre todo al principio, el film pareciera estar haciendo una crítica a las apariencias de la sociedad norteamericana como a sus máscaras políticamente correctas. Pero si bien esto resulta atractivo, no se sostiene. El género va cambiando a medida que la historia se despliega, y el rumbo de la película queda instalado más en el intento de una historia irónica, que en la ironía en sí. De este modo la crítica se diluye y la búsqueda del efecto para mantener la atención, queda demasiado expuesta. Rápidamente pasamos al suspenso, a la comedia, y más adelante al terror, sin que el film se defina como perteneciendo a un género por encima de los otros.

Esto hace que el espectador no termine de entablar un pacto de lectura con el film, y que se distancie de la historia en la búsqueda de racionalizar géneros, para ubicar qué es lo que realmente está viendo en esas dos horas. Si un detalle sí hay que destacar, es el trabajo dramático de las escenas protagonizadas por Daniel Kaluuya, lo que no se replica en el resto de los actores, sobre todo en la pareja de padres: el científico y  la psiquiatra. Si bien ¡Huye! –podría decirse– es más un thriller psicológico que ninguna otra cosa, sus promesas de suspenso, planteadas en incógnitas desde la introducción, nunca son retomadas y resueltas. Lo mismo sucede con el futuro y el terror. El intento, entonces, evidencia inverosimilitud y revela momentos más y menos lentos, que se traducen en aburrimiento y desconexión. Una peli para ver en el sillón de casa un domingo más que en la pantalla gigante.

 

 

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