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Germán Padinger: “La dinámica de la guerra sigue entre nosotros”

Por Luciano Sáliche

Cuando Cándido López volvió de la Guerra del Paraguay lo hizo en condiciones lamentables. Una granada había estallado a su lado y con la explosión perdió el brazo derecho. Era pintor. Estando en combate, en sus tiempos libres, se dedicaba a pintar paisajes de campamentos militares. Esos cuadros, al llegar a la Argentina, adquirieron popularidad. Tras el sangriento conflicto que duró siete años donde la Triple Alianza (Argentina, Uruguay y el Imperio del Brasil) mató alrededor de 300 mil paraguayos, Cándido López volvió a dedicarse a la pintura pero, esta vez, con su mano izquierda. Luego de surfear la pobreza y con ayuda de Bartolomé Mitre, continuó su serie de cuadros sobre la Guerra del Paraguay.

En 1893 hizo, quizás, el mejor: Asalto de la 3ra columna argentina a Curupaytí. Hoy está en el Museo Nacional de Bellas Artes y es la tapa del último libro de Germán Padinger: Retrato de Marte. Una historia de soldados en la Guerra del Paraguay. Publicada en 2016 por Olmo Ediciones, la novela de 100 páginas narra la vida de Daneri, un soldado argentino en la guerra. A diferencia lo que se espera, Retrato de Marte –que toma su nombre de la mitología romana: Marte es el dios de la guerra– es una ficción pura que no busca aportar datos históricos ni llenar la línea narrativa de fechas y nombres propios, sino que utiliza la guerra como contexto para contar la vida de un soldado más, uno de tantos otros, que siente, teme y mata como cualquier otro.

De existir, Daneri no sería otra cosa que un personaje invisible que la historia jamás registraría. Una vida olvidable que es guiada por la historia misma. Un soldado argentino que ve a Curupaytí, no como una fortaleza, sino como una colmena. Que siente que todo el bosque parece querer matarlo. Que le gustaría querer odiar a los paraguayos para que el temor o la piedad no le nublen la vista cuando esté frente a ellos. Que cuando le preguntan por qué pelea, dice “por la Bandera”. Un soldado que, a diferencia de su abuelo que peleó en Chacabuco y su padre que lo hizo en Caseros, él combate por una Nación entera. Lo que Padinger hace con Daneri es construir un túnel del tiempo hacia un horror cotidiano de frío, hambre y muerte.

¿Cómo surgió la idea de escribir Retrato de Marte? ¿Qué te motivó a hacerlo? ¿Por qué justamente la Guerra del Paraguay?

Siempre me fascinó el tema de la guerra, la manera en que parece suspender el tiempo y las necesidades individuales para coordinar a las masas en una empresa colectiva tan intensa. Siempre quedé perplejo ante su brutalidad e injusticia contrastada con el deseo de las personas de repetirla; la sed de sangre y conquista que hay en todos, así como la sensibilidad por el sufrimiento y la solidaridad que también hay en todos, y cómo las identidades cobran tanta importancia. Creo que la Guerra del Paraguay fue la más “total” de las guerras en las que participó Argentina, coordinó a los tres países de la alianza primero para resistir una invasión paraguaya y después invadir y destruir el Paraguay. La veo lejos, en escala, de las escaramuzas y batallas esporádicas que se dieron en el período de guerra civil del siglo XIX; de la represión y la guerrilla del Siglo XX; y de la corta pero muy intensa de Malvinas. Entonces esa empresa colectiva que frenó al país durante casi siete años, que suspendió el tiempo para darle el escenario a las carnicerías en Humaitá, que pareció crear identidades nacionales de cuatro naciones en medio de bayonetas y trincheras, me pareció que era materia ideal para la literatura, para una novela que pudiera ayudarme a entender a mi país, a la violencia en la se gestó pero también lo excepcional de esta situación. Me puse como norte, pero sin compararme, lo que Jünger, Remarque o Sassoon hicieron por la Primera Guerra Mundial, o Tolstoi por Crimea, pero ellos siempre desde la experiencia de haber vivido esas guerras y yo desde una experiencia imaginada.

Antes de abrir Retrato de Marte, uno se imagina que se va a encontrar con una novela histórica llena de datos, pero el camino es otro: una ficción de lo cotidiano que toma la Guerra del Paraguay como contexto. ¿Por qué tomaste esta decisión, menos predecible?

No quería escribir una novela histórica de acuerdo a las convenciones del género, tampoco quería disfrazar un libro de historia, o un panfleto ideológico sobre un suceso histórico, con elementos de ficción como si la ficción y la narrativa fueran herramientas para hacer más pasable lo “duro” o “importante”. Quería hacer una crónica como si fuera escrita por alguien que estuvo ahí, que vivió esa intensidad y después le quemaba tanto que tuvo que contarlo, un poco a la manera de los cuadros que pintó Cándido López. Después de la guerra se escribieron algunas novelas no muy buenas que exponían al conflicto en un tono romántico, sea para criticarlo como un crimen o para alabarlo como un sacrificio necesario para la patria. Son libros que además tienen como protagonistas a los oficiales y aristócratas que comandaron la guerra, y que incluso hacían hablar a Mitre o a Solano López. Yo sabía que no quería hacer eso, que me resultaba más interesante, desde lo expresivo, describir y narrar lo cotidiano y mostrar a todo el grupo que participó de los combates y en lo pequeño.

Portada de “Retrato de Marte. Una historia de soldados en la Guerra del Paraguay” de Germán Padinger

Otra decisión interesante es que Daneri, el protagonista, no es ningún héroe, incluso parece estar al borde de expresar que está en contra de la guerra. ¿Por qué?

La Guerra del Paraguay marca el fin de los ejércitos provinciales y la creación de un ejército nacional, en ese contexto, y por las investigaciones que hice para el libro, entendí que si bien ningún soldado estaba contento con marchar contra Paraguay, tampoco nadie quería dejar de contribuir con esa incipiente nación. Estamos en el siglo XIX, en las primeras décadas de una revolución que no parecía levantar cabeza y nadie quería ser visto como un cobarde ni un apátrida.

Hay algo en la humanidad de Daneri que parece ir a contramano porque “le gustaría querer matar paraguayos”, pero claramente no siente odio por ellos. ¿Imaginás que era recurrente esta postura entre los soldados argentinos?

Sí, claro. Odiar al enemigo y querer matarlo es indispensable en cualquier guerra y la construcción de ese otro inhumano ha sido una constante en los gobiernos que intentan vender un conflicto. Quizás en la Guerra del Paraguay los gobiernos no lograron generar es odio, más allá de llamar brutal dictador a Solano López o de resaltar el carácter esclavista del Imperio del Brasil, como un poco pasaría en las guerras posteriores. Daneri quiere odiar, quiere que le hierva la sangre antes de una carga porque sabe que es la única forma de que pueda hundirle una bayoneta en el pecho a un enemigo, y sabe también que si no se hace disponible a esa violencia el otro se la va a enterrar a él. Pero le es muy difícil, porque no tiene razón para odiar más allá de esta enloquecedora dinámica y si nadie le ofrece algo, aunque sea mentira, para seguir haciéndolo sabe que no lo va a poder sostener.

El ambiente que muestra la novela es muy hostil, tanto que el narrador dice que “todo en el bosque parece querer matarlos”, sin embargo es la Triple Alianza la que derrota al Paraguay, ¿es muy exagerado decir que es una venganza literaria lo que escribiste?

Es una idea interesante pero no creo que pueda decir que es una venganza de mi parte, porque yo no soy paraguayo ni tampoco creo que una venganza es lo que hace falta en el Paraguay para sanar la guerra, aunque podría entenderlo. Sí, todo es muy hostil para los soldados argentinos, brasileños y uruguayos que tras vencer en Corrientes se meten en el complejo de fortalezas de Humaitá. Y los paraguayos intentaron matarlos de una manera más rápida de lo que ellos morían, hasta que su línea colapsó.

“Asalto de la 3ra columna argentina a Curupaytí”, de Cándido López (1893)

El silencio que guarda Germán Padinger se parece bastante a la tranquilidad. Rosarino, nacido en 1986, se licenció en Ciencias Políticas en la Universidad Abierta Interamericana y realizó un magíster en Periodismo por la Universidad Torcuato Di Tella. Escribió Los Errantes en 2011 y un volumen de dos novelas cortas titulado Díptico, que salió en 2014. La escritura periodística estuvo ligada a la historia política, sin embargo en Retrato de Marte la cuestión se hace aún más patente. Su interés por la Guerra del Paraguay lo manifestó en una nota para Infobae, sitio donde escribe habitualmente. Allí, en la redacción anaranjada del diario online, teclea en silencio con la cara muy cerca del monitor. Su área es la política internacional. De ahí, su interés por revisar los mapas del pasado para entender este complejo presente.

“Fue una guerra muy debatida durante décadas entre los campos de la historia oficial y el revisionismo sin que se pudiera avanzar en ninguna dirección, y porque más allá de la evidente agresión del mariscal Solano López la Triple Alianza avanzó hasta el final y masacró un país entero generando efectos que aún se sienten en el Paraguay”, comenta sobre por qué hoy no está en agenda de discusión ni hay interés por repensarla. “Sí, creo que algo de la injusticia explica esa lejanía, como si se tratara de un período de la historia en el que mejor no meterse y hacer de cuenta que nunca pasó, porque es demasiado duro y doloroso verse a uno mismo de esa manera. Yo quería meterme y observar y tratar de hacerlo sin juzgar”, agrega.

Pero como todo escritor, hay algo más allá del objeto narrado que dispone a que el sujeto narre. Una historia de lecturas, de cultivar intensamente la sensibilidad artística, de rellenar los huecos de la biblioteca mental con conocimiento y de interrogar el mundo desde la reflexión y la crítica.

¿Cómo empezó la literatura en tu vida: las lecturas y la escritura?

Creo que empezó de la misma manera en la que empieza para muchos, era chico y agarré un libro, leí y me gustó esta experiencia de imaginar y representar en mi cabeza lo que un autor o autora había intentado exponer y sentir un cambio cuando terminé; en quién creía que era y en cómo veía al mundo. Antes de probar con la literatura leía enciclopedias, de esas que estaban en las casas, elegía tomos y letras al azar. Entre los primeros cuentos y novelas que leí y que encontré en mi casa estaban Kafka, Sábato, Orwell, algo de Sartre. De ahí pasé a Camus y Borges y Cortázar y muy desordenadamente empecé a ir de una cosa a la otra. Me marcaron mucho algunos autores latinoamericanos de la segunda mitad del siglo XX como Rulfo, Vargas Llosa, Puig y después Saer. Y también los estadounidenses de principios de ese siglo, sobre todo Hemingway y Faulkner y también Bradbury y Vonnegut. Desde esas primeras lecturas sentí que, también, quería escribir. Como cuando escuchaba música y quería también tocar un instrumento, o miraba un cuadro y quería pintar, tuve siempre esa traba de creer que la experiencia se completa haciendo. Y de todas las cosas que se puedan hacer, crear historias y mundos fue la más me atrajo y la única en la que pensé que podía aportar algo.

Portadas de Díptico (2014) y Los Errantes (2011) de Germán Padinguer

Estudiaste ciencias políticas y trabajás de periodista, ¿cómo te influyeron en tu forma de concebir la literatura ambas disciplinas?

Las ciencias políticas son el desarrollo de ese interés por las enciclopedias, que vendría a ser el interés por la historia de las cosas, y sobre todo, la historia de las personas, los grupos y las identidades. El paso de las enciclopedias a las ciencias sociales me pareció natural, y fue una formación que me ayudó a entender que la realidad es un conjunto de voces diferentes y que esas diferencias son las que crean mundos. Y el periodismo es, para mí, básicamente lo mismo, pero como práctica y como postura ante la historia mientras se va haciendo y no después de que ya pasó. Tenía y tengo el deseo de contar lo que está pasando y lo que tan fortuitamente nos tocó vivir.

Beatriz Vignoli dijo que en tus novelas anteriores está la idea de “la traición como salida” y acá también parece aplicar. ¿Por qué tu interés en la deserción como salida de un sistema opresivo?

Me gusta explorar esas situaciones en las que el contexto y las estructuras son tan fuertes que uno parece llevado en una dirección por fuerzas invisibles. La guerra es eso llevado al extremo, pero también lo vivimos a diario. Por eso me interesa la traición, que sucede siempre que uno no acepta ese “sistema opresivo” que mencionás. La traición a la patria, por ejemplo, sería el quiebre más definitivo de esa dinámica porque el traidor trata de sacarse de encima la que podríamos decir es una de las primeras y últimas de nuestras identidades.

Por último, ¿creés que la literatura tiene una función en la sociedad de hoy? ¿Cuál es el objetivo, por así decirlo, que tiene Retrato de Marte en una sociedad como la nuestra?

Realmente no lo sé, pienso mucho en eso. Mi primera reacción es decir que la literatura no tuvo nunca una función y que es una actividad válida por sí misma, y en gran medida escribí este libro en ese sentido. Pero también entiendo que la literatura ha generado cambios de interpretación o de postura frente a diferentes hechos, cambios de sensibilidad si se quiere, y también mucha visibilidad, algo que comparte con el periodismo. Me gustaría que Retrato de Marte ayudara a recordar que la dinámica de la guerra sigue entre nosotros, que alguna vez vivimos una guerra total y criminal, como toda guerra, contra los que viven del otro lado de la frontera y que eso es parte de nuestra identidad, nos guste o no.

 

 

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