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Una historia para la astrología

Por Mercedes Dellatorre | Fotos: Abdul Rahman

Están haciendo mierda la astrología. ¿Quiénes? Los astrólogos que hacen de esta disciplina un rito mágico-religioso cuando se asumen como profetas o magos. Sus posturas no contribuyen a construir conocimientos objetivos, dado que prefieren creer más en la revelación que en la ciencia. Pero, empecemos por lo primero: ¿Qué se entiende por astrología?

En principio, es una de las disciplinas más antiguas del mundo. Durante milenios se codeó con las matemáticas, la física y la astronomía, sin embargo hoy apenas ocupa el lugar de una pseudo ciencia. Desde que los sacerdotes egipcios eran consultados para predecir las crecidas del Nilo para luego ser expulsados cuando esto no se cumplía, hasta el astrólogo Karl Ernst Krafft que “predijo” que Adolf Hitler iba a sufrir un atentado y fue apresado por eso, quienes practicaron la astrología fueron admirados y juzgados alternativamente en todos los tiempos y lugares. En la actualidad, continúa su derrotero entre fanáticos y detractores en medidas similares. Sin embargo, sigue viva.

A la astrología se le suele objetar sus errores predictivos. También se le retruca su desfazaje sistemático con respecto a las mediciones astronómicas debido al movimiento de precesión equinoccial, término que se utiliza para denominar el cambio en la orientación del eje de rotación de la Tierra, que hace que su posición en la esfera celeste se desplace alrededor del polo de la eclíptica, recorriendo una circunferencia completa cada 25.776 años; lo que genera el criticado   desplazamiento entre signo y constelación.

La mala intención

Es posible que exista una animosidad especial para desacreditar a la astrología. Sin embargo, nunca se piensa que tal vez sean los mismos astrólogos quienes la desacreditan. La falta de rigor con la que expresan conceptos tan variopintos como “energía”, “vibración”, “cuántico”, e incluso la incapacidad de algunos astrólogos para contextualizar la interpretación de un mapa natal y particularizar los elementos que la constituyen, dificulta aún más la posibilidad de hacer de la astrología una ciencia.

Por otra parte, los astrólogos tienen una tendencia a hacerse pasar por seres especiales. Se consideran personas con un alto grado de percepción extra sensorial, cuando no místicos, esoteristas, brujos, sacerdotes. Naturalmente, esto genera un cierto grado de desconfianza. Gran parte de las veces, quien asiste a una consulta astrológica no sabe a dónde está yendo. Lo cierto es que, como en cualquier disciplina, hay astrólogos de toda índole. La gran diferencia es que en astrología no hay -como en psicología o medicina- una matrícula que les de un aval.

Dame una cita

Y es que, tal vez, uno de los principales motivos por los cuales la astrología no puede ocupar un lugar entre las disciplinas legitimadas es que no se interpela lo suficiente a sí misma. La astrología no ha reconstruido aún su historia, ni posee un corpus o un canon legitimados. La mayor parte de las escuelas astrológicas no tienen una materia que se dedique a conocer la historia de su disciplina. Si bien existieron renombrados investigadores astrólogos, como el psicólogo francés Michel Gauquelin -que se ocupó de realizar estadísticas en miles de mapas natales de todo el mundo-, el renombrado manifiesto de Patrice Guinard en la Sorbona o El tratado astrológico de André Barbault, la investigación histórica no es una práctica que se haya hecho extensiva.

Uno de los mayores inconvenientes con los que se encuentran los astrólogos a la hora de trazar una línea histórica es con la escasez de fuentes. Esto tiene que ver con la manera en que la astrología se define a sí misma. Existe un borramiento que podría pensarse como intencional o, cuanto menos, producto de una causa previa.

Si bien -de acuerdo a los estudios arqueológicos- es imposible establecer una certeza de cuál es el inicio de la astrología, el origen del simbolismo celeste puede datarse en un segmento particular de tiempo. El arqueólogo Norteamericano Alexander Marshack intentó demostrar que las muescas aparentemente aleatorias o sin sentido en los huesos hallados en la Grotte de Thaïs en el sur de Francia (que data de aproximadamente 12.000 AC) podían ser interpretables como series estructuradas de números. Marshack planteó la hipótesis de que las muescas en la placa ósea se estructuraron en subconjuntos de 29 muescas, lo que sugiere que se utilizaron para marcar la duración entre dos lunaciones. De ser correcta esta hipótesis, la astrología podría haberse iniciado alrededor de este período.

En La cronología de los reinos antiguos modificada (1728), libro póstumo de Isaac Newton, dice: La práctica de observar las estrellas comenzó en Egipto en los días de Ammon, como se mencionó, y se propagó desde allí, en el reino de su hijo Sesac, a África, Europa y Asia, por conquista, y entonces Atlas formó la esfera de los libios [956 a.C.], y Quirón la de los griegos [939 a.C.]; y los caldeos también hicieron una esfera propia. Pero la Astrología fue inventada en Egipto por Nichepsos, o Necepsos, uno de los reyes del Bajo Egipto, y Petosiris su sacerdote, un poco antes de los días de Sabacon y propagada desde allí a Caldea, donde la conoció Zaratustra, el legislador de los Magos.”

Así, la astrología no es una disciplina eterna, sino que tiene un comienzo relativamente nuevo. Por este motivo, datar los inicios astrológicos puede traer otros inconvenientes.

Los símbolos no bajaron del Cosmos

Encontrar orígenes permite, al mismo tiempo, definir contextos. La astrología puede entenderse como un lenguaje simbólico. Estos símbolos, si bien representan una lectura de la posición de los cuerpos y puntos celestes, no bajaron del Cosmos.

Los símbolos astrológicos se modificaron a lo largo del tiempo. Incluso el zodiaco griego se supone que es una adaptación del Camino de Sin babilónico.

La actual carta natal se fue construyendo en, al menos, tres períodos históricos muy diferentes. El primero, que se inicia alrededor del año 2000 a.C., en el que se encuentra el primer registro textual astrológico mundano codificado, con la secuencia posicional planetaria caldea. El segundo, entre el siglo XIII y el XV, en el que la astrología desarrolla múltiples sistemas de cálculos y métodos de localización, buscando aliarse a los avances astronómicos de la época. Por último, con la incorporación de los tres nuevos cuerpos celestes (Urano, Neptuno y Plutón) entre 1781 y 1930, esta disciplina inicia un período de reestructuración importantísimo que llega hasta la fase humanística actual.

La astrología debería plantearse una deconstrucción de índole semántico-lingüístico que codifique el significado de sus símbolos pese a la tarea sumamente dificultosa de desandar la interpenetración que sufren las distintas lenguas a lo largo del tiempo. Sin embargo, desconocerlo puede llevar a interpretaciones incorrectas.

Por otra parte, la lengua misma tiene una intencionalidad de pode. Se cree que tanto en Mesopotamia se utilizaron lenguas más antiguas que las usaban coloquialmente para plasmar en los soportes escritos sus relatos épicos. Es algo similar a lo que sucede en la misa católica y la utilización del latín. Esta acción deliberada consigue definir un origen arcaico y, al mismo tiempo, mostrarse incomprensible.

En esta acción puede leerse la idea de Foucault de que no es posible ejercer poder sin haberse apropiado previamente un saber. Y es que el saber no es sólo un objeto de deseo (una joya preciosa), ni siquiera es sólo una justificación del poder (una exótica máscara), sino que es uno de sus instrumentos de dominación más potentes: una lanza afiladísima.  Decidir qué se sabe y qué no, no es un asunto tan inocente.

La astrología refiere al tiempo pero no tiene historia

De acuerdo a lo planteado anteriormente, que la astrología exista antes que otras disciplinas le da supremacía. Y, al mismo tiempo, que algo no tenga historia lo convierte en algo eterno. Una astrología atemporal, magnifica la idea de la universalidad que plantea.

En el libro anteriormente citado, Newton menciona el borramiento de los hechos fácticos de manera intencional. Dice: “Después de que Cambises se había llevado los registros de Egipto, los sacerdotes fueron diariamente simulando nuevos reyes, para hacer que sus dioses y su nación se vieran más antiguos”.

El Cielo puede ser entendido como un ‘libro’ a descifrar. Isaac Newton, en Philosophiae Naturalis Principia Mathematica (1686/7) dice que: “El Universo es una máquina eternamente en movimiento y en constante expansión. Funciona por mecanismos internos y propios que pueden ser matemáticamente explicados.”

Las matemáticas no siempre se entendieron como una versión ‘laica’ y ‘neutra’ de la naturaleza, por el contrario son centrales y constitutivas de muchas tradiciones de pensamiento místico (como por ejemplo en los pitagóricos y la Kabalah). En la antigüedad el conocimiento matemático (como el alquímico y el astronómico) formaba parte del conocimiento de lo sagrado. Paracelso, Kepler o Newton, además de grandes científicos, fueron miembros de sectas herméticas, alquímicas y astrólogos.

La astrología y su mito fundacional

En la línea de la astrología como tradición sagrada es que esta disciplina se desliga de su historia y funda sus bases en la figura de Hermes Trimegisto. Se desconoce si hubo un único individuo llamado el “tres veces grande”. De ser así, puede haber existido en Egipto, en el siglo I a.C. Sin embargo, su imaginario lo convierte en un ser de características sobrehumanas. Sus enseñanzas se traducen en una serie de tratados y máximas que fundaron las bases del esoterismo.

Tal vez sea esto, y no la falta de capacidad de la astrología para convertirse en una disciplina científica, lo que la aleja voluntariamente de la ciencia para convertirla en un asunto de fe. Es el caso de los astrólogos que entienden su actividad como un “sacerdocio”.

En este sentido, la astrología como la hermana profana de las religiones, se interesa en agrandar aún más la distancia entre historia y mito, generando del mismo modo, la idea de que hay que creer en ella. Es así como el conocimiento “objetivo” es reemplazado por la revelación, y los símbolos se convierten en imágenes.

A Cielo abierto

Si la astrología estuviera realmente interesada en obtener legitimidad como disciplina, debería someterse a los tres procesos que confluyen en la consolidación de un modelo de producción y legitimación del conocimiento: un debate gnoseológico (la crítica al modelo de conocimiento basado en la autoridad), el desarrollo de una sistematización histórica del lenguaje y consolidar definitivamente el proceso de desacralización del Cielo.

Pero, mientras que la astrología continúe bajo el marco del esoterismo no obtendrá la legitimidad que reclama. Y esto no se debe tanto a que la astrología no cumpla con los requisitos para ser lo que se propone sino que, de esta manera, el astrólogo se agiganta bajo la figura de un profeta o un mago que escucha a los dioses dictar los destinos de los mortales.

 

 

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