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Julio Alonso Arévalo: “La mayoría somos lectores de transición entre el papel y lo digital”

Por Federico Capobianco

En el medio de una gira que lo tiene dando conferencias, talleres y charlas por toda Latinoamérica, el Licenciado en Geografía e Historia, investigador especializado en lectura y edición digital y responsable de la Biblioteca de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca, Julio Alonso Arévalo, llegando desde Colombia al país y antes de recorrer el noroeste argentino y de ahí hacía el norte hasta México, hizo escala en Chivilcoy para brindar un taller sobre el tema que lo tiene trabajando desde hace años y que lo llevó a obtener el Premio Nacional de Investigación en Edición y Sociedad de la Información en España en el año 2013.

Prosélito del Open Access  y de las ventajas que posee la producción y divulgación de información en digital, su vida se desarrolla por completo en el ámbito académico aunque, en la radio de la universidad, tiene su espacio para explotar su otra pasión: la melomanía.

Minutos antes de dar conferencia sobre libros, edición digital y biblioteca, y entre preguntas impresas y en digital, con dispositivos móviles grabando pero con apuntes de puño y letra, Julio Alonso Arévalo habló con Polvo sobre el gran debate de los lectores de hoy.

Una sensación que permanece vigente es que la lectura de libros digitales está todavía muy lejos del consumo de libros físicos. ¿Cuál es el presente de la producción digital y su lectura?

Evidentemente es porque llevamos solo un lustro de libros digitales. Cuando nació la imprenta, también sucedió algo muy parecido; McLuhan, en su libro clásico, La Galaxia Gutenberg, nos dice que no se asimila la imprenta hasta pasados dos siglos completos. Incluso los monjes decían que aquello no podía ser bueno, no podía ser cosa de Dios un libro que no se hiciese en una abadía, en un escritorio, que eso no era cosa divina y lo rechazaban. Esto esta pasando con el libro digital en el momento actual. La producción, ahora mismo, del libro digital tiene a casi todas las empresas editoriales produciendo tanto en digital como en papel. A veces se plantea que es algo incompatible, para nada, yo soy lector digital pero también lector en papel. Los lectores que son solamente digitales son un 6% del total. La mayoría somos lectores de transición que no tenemos ningún complejo en leer determinados libros en papel y a otros en digital. Hay lugar para todo. Evidentemente el libro digital nos proporciona nuevas características que no nos proporciona la versión en papel, como el poder pasar un contenido a una experiencia multimedia integrando diferentes medias, lo que lo hace un producto transmedia en un mismo contexto que es el libro digital. Tiene unas ventajas considerables pero para nada tiene sentido esta lucha ficticia entre lo digital y lo analógico. Un libro es un libro independientemente del formato que tenga. Uno te proporciona unas caracteristicas y otro te proporciona otras, en función de lo que tu quieras puedes elegir. Esto lo que viene no es a destruir el libro sino todo lo contrario, a complementar con nuevas propuestas de lectura. Cada uno elige.

Algo muy diferente sucede con los medios digitales, sean diarios o revistas, que muestran un crecimiento de los últimos años en la lectura digital, bajando el consumo del mismo producto en papel, ¿en qué aspectos se sustenta esa diferencia?

Si hacés un análisis de qué es la lectura digital, no es solo leer libros electrónicos. Si hablamos de libros electrónicos, en España o Estados Unidos solo en torno a un 20 o 30% de la población lee libros digitales. Hay una encuesta de hace unos meses donde se preguntaba cuántos eran lectores digitales y era efectivamente ese 30%, pero cuando se les preguntaba cuánto tiempo dedicaban a leer en digital y leer en papel, resulta que estaban leyendo mucho más en digital. El 80% del tiempo de lectura lo dedicaban a lo digital y eso era porque leían otras cosas como revistas, blogs o periódicos. El libro ha sido el último elemento en incorporarse a la extensa digitalización y es al que le está costando más tiempo adaptarse. Primero han sido las obras de referencia. Algunas de la bases de la cultura occidental como es la Enciclopedia Británica, que se ha editado durante cuatro siglos, ha terminado dejándose de editar ante el empuje de la Wikipedia. O sea, un referente cultural máximo como era la Enciclopedia ha dejado de editarse porque no tiene sentido, porque no hay lugar para el nivel de actualización en el formato impreso. Ahora mismo estamos viendo la televisión y nos hablan de un dato y directamente nos vamos a la tableta o al móvil a consultarlo, fundamentalemente, en Wikipedia, que es un proyecto colaborativo y que tiene más fiabilidad del que nosotros pensamos. Tiene mecanismos que les permite controlar casi todo, tienen boots inteligentes que permiten hasta coordinar frases automáticamente, comprobar si esa noticia es verdadera o falsa, por ejemplo, si yo edito en la Wikipedia y escribo que Mariano Rajoy ha muerto, los boots comprueban en fuentes de información externa si eso es verdad o no antes de publicarlo. Tiene mecanismos de control muy importantes y el nivel de actualidad es máximo.
Pero lo digital no es todo ventaja evidentemente, hay muchos elementos que tenemos que superar: los sistemas DRM gestión de derechos digitales- son absolutamente prioritarios, el precio que se paga en lo digital frente al papel es muy bajo, por lo que hay un miedo a la canibalización de ese recurso por parte de las empresas editoriales que tienen su máximo beneficio, ahora mismo, en lo digital. Hay muchas cosas pendientes. Estamos hablando de un lustro de lectura digital frente a cuatrocientos años de lectura impresa.

¿Crece, entonces, con el correr de los años, esa idea que supone el fin del libro tradicional y su posterior cambio por lo digital?

McLuhan contaba en Guerra y paz en la aldea global sobre la desaparición de la cultura impresa en manos de la cultura visual. Y eso no ha sucedido, seguimos leyendo y seguimos viendo la tele. Ahora lo que hacemos es que a la mayoría lo leemos en digital. Al periódico de España El País solo el 26% lo compra, el resto lo leemos gratis. Eso crea un problema sobre cómo financiar este tipo de fuentes pero no va a desaparece el papel. El papel se utilizará preferentemente en algún tipo de libro. A mí leer poesía me gusta leerla en papel, pero leer un informe técnico o un libro de investigación académica, que te proporciona mayores posibilidades que un libro en papel, pues prefiero leerlo en digital. También por una cuestión puramente económica porque producir un libro en papel tiene un costo medio entre 12.000 y 25.000 dólares y producir un libro en digital y ponerlo en abierto tiene un costo de entre 3.000 y 6.000. Entonces, para nichos de mercado de muy poca dimensión como puede ser lo académico, va a pesar más lo digital que lo analógico.

¿Hay relación directa entre la capacidad de la editorial digital para aumentar su producción, almacenamiento y distribución con una democratización de la información o la lógica mercantil que impera en la industria editorial tradicional lo hace también, aunque en menor escala, en la digital?

Ahora mismo se calcula, porque las cifras a veces oscilan, que la producción que se está llevando a cabo de libros sin participación de una editorial, lo que se conoce como autopublicación, en plataformas como la de Kindle, que se llama Kindle Direct Publishing‎ de Amazon, es el doble que la edición con mediación editorial.

Luego, en cuanto a la democratización del acceso a la cultura, son muchas las editoriales que junto a las universidades, especialmente en el libro científico, ya publican sus libros en abierto. Tenemos proyectos que tienen miles de libros científicos en todas las áreas del conocimiento y que son gratis. Esta es una estrategia muy importante para las instituciones públicas porque hace que sus autores se visualicen, se lean y se citen y eso es muy importante para el prestigio de una universidad y un grupo de investigación.

Si tendrías que destacar las principales virtudes de la edición digital, ¿cuáles serían?

Una ventaja maravillosa e increíblemente buena es el hecho de la sincronización de contenido. O sea, yo puedo estar leyendo un informe técnico o un libro en el ordenador de mi trabajo; por leyendo te quiero decir subrayándolo y anotándolo, incluso he elegido como quiero leer, elijo el fondo que quiero ver, elijo las columnas, el interlineado, elijo el tipo de letra, el tamaño, y cuando yo me desplazo en un autobús sigo leyéndolo, ahora en mi dispositivo móvil y tengo todas esas personalizaciones. Esta me parece la gran ventaja. Luego, el poder profundizar en los contenidos hacia narrativas nuevas, narrativas inesperadas. Yo estoy leyendo, por ejemplo, un libro sobre el asesinato de Martin Luther King y puedo ver un video en Youtube de cómo fue la foto del asesinato, localizar ese lugar y otras cuestiones que para las lecturas científicas o de ensayos es ideal.

En una actualidad donde los dispositivos electrónicos, los móviles y las redes sociales atraviesan a diferentes generaciones y grupos sociales, ¿cómo son las posibilidad de acceso a la editorial digital ?   

La edición digital es mucho más fácil en ese sentido. Si tu te quieres autopublicar algo, por ejemplo, en la plataforma Amazon, sin saber mucho de los contenidos te lo puedes editar perfectamente porque tiene un formato líquido en el que el contenido se readapta a la pantalla directamente. Editar en papel es mucho más difícil: tienes que cuadrar, formatear, hacer otras cosas. Pero editar en digital es relativamente sencillo para cualquiera ya que en estas plataformas de autopublicación simplemente necesitas tener un archivo en Word, hacer los hiperenlaces externos, internos de ese documento, por ejemplo del capítulo a donde está el capítulo, los hiperenlaces de la bibliografía, insertas imágenes, pones pies y listo.

¿Cómo es el trabajo bibliotecario de una universidad?

Yo soy jefe del punto de servicio de Traducción y Documentación. Previamente he trabajado en grupos de investigación sobre la lectura digital, tenemos más de 100 publicaciones, diez libros publicados en torno a este tema fundamentalmente y en mi trabajo ya tenemos una plataforma de libros electrónicos que se llama Cielo, que permite que la gente pueda hacer el contenido en cualquier momento, en cualquier lugar. Una solución que los americanos llaman 24/7, es decir que esa biblioteca está disponible las 24 horas al día, los 7 días a la semana y los 365 días al año. Esto posibilita nuevos desarrollos y de hecho, ahora mismo, en la biblioteca ya están planteando otras cosas, sobretodo bibliotecas públicas, donde antes acudía la gente simplemente a coger el libro y poco más. Ahora, las bibliotecas están haciendo nuevas propuestas. La pregunta es qué nuevas propuestas pueden hacer en un mundo donde casi todo o toda la información ya está en red, donde empresas como Amazon te permite, a través de Kindle Direct Publishing, acceder a todos los libros por 7 dólares tarifa plana. Pues lo que tiene la biblioteca que no tiene internet es precisamente un espacio, un sitio donde reunirse, donde buscar a sus comunidades y hacer cosas, donde aprender y enseñar a la vez. Muchas de las bibliotecas americanas han retirado gran parte de su colección física de libros, sobretodo las obras de referencia que ya no se utilizaban y ese espacio le están dedicando a las personas para que se reúnan ahí. También tienen herramientas o prestan herramientas directamente, tanto tecnológicas como herramientas tradicionales, y gente que trabaja allí a disposición para enseñar. O sea, hablamos de un nuevo concepto de biblioteca como centro de aprendizaje y sobretodo, lo que llamamos ahora, como maker space o espacios para fabricación. Muchas de las bibliotecas ya están orientando parte de su trabajo a esto sin dejar de atender por las labores tradicionales.

¿Qué aspectos de ese trabajo podría aplicarse en colegios secundarios?

Evidentemente, el formato digital es un formato abierto por lo que otros valores, como el social es abierto y eso permite que cualquier persona, incluso que no tenga disponibilidad económica, pueda acceder a mucho de los contenidos. En mi país, por ejemplo, durante la crisis, hubo un grupo de maestros que cuando la gente no podía comprar los libros, porque muchas personas se quedaron en paro, llegamos a tener casi un 30% de paro, hicieron libros reglados, los pusieron en red y eran libros que se podían descolgar por aquel alumno que evidentemente no tenía posibilidades de poderlos comprar, posibilitando un aprendizaje más flexible.

Lo digital se acomoda perfectamente a lo que serían los sistemas de aprendizaje online a través de los cursos masivos abierto pues proporciona una bibliografía con el valor añadido del texto completo y todas las posibilidades de interacción. Hay plataformas donde el maestro puede empezar a enseñar de otra manera, puede programar de ahí los deberes, programar la ayuda al alumno. Steve Jobs, el líder fallecido de Apple, pensó en la educación como el gran sector dedicado al libro digital. Ahora en mi país hay un proyecto que se ha hecho de forma experimental, que se llama Mochila digital, en el que los niños ya no van al colegio cargados de libros, con tanto peso, con esos problemas que en esa edad genera llevar un peso fuerte, sino que van con un Ipad y trabajan y aprenden a través de ahí directamente.

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