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¿Qué puede el feminismo?

Por Luciano Sáliche

Hoy el feminismo es un paraguas gigante. Protege a millones de personas de la lluvia agresiva. Salir a la calle y enfrentarse a eso que llamamos realidad es difícil, porque la tormenta es devastadora. Todos necesitamos refugio, caminar bajo los toldos de las casas, levantar la campera hasta la cabeza, una capucha, un paraguas. No podemos salir desnudos; no existe la desnudez. Necesitamos un paraguas, una identidad, porque nada somos desvestidos; no existe la desnudez. Para enfrentar la trágica tormenta, incluso para frenarla, nos disfrazamos, nos emnascaramos. Ya lo decía Claude Lévi Strauss: la máscara niega y afirma la subjetividad de quien la lleva puesta y es, además, símbolo de la pertenencia social a un grupo. Pero entonces si es como sentencia Slavoj Žižek en El resto indivisible, que “no hay nada detrás de la máscara” , y si el feminismo es también una máscara, una bien poderosa, un paraguas gigante que protege de la tormenta, ¿cuál es su valor? ¿Qué posibilidades ofrece para transformar la realidad? ¿Su enormidad es virtud o falencia?

Feminismos, el  último libro de Leticia Martin, indaga sobre el gran movimiento de mujeres de los últimos años de una forma singular. En principio, hay que decir que es un libro raro: una serie de entrevistas intercalada con ensayos. Y si bien los géneros son diferentes, los une una postulación: el valor de la pregunta. Diecisiete mujeres hablan de feminismo. La autora pregunta de forma abierta y las entrevistadas responden. Dividido en tres partes, cada uno tiene la introducción ensayística de Leticia Martin. Allí se mueve despacio, como tanteando el terreno, como si fuera la linterna que el lector sostiene mientras avanza por una habitación oscura. Todos conocemos ese lugar, sabemos de qué se trata el feminismo y tenemos, con mayor o menor mesura, posturas tomadas al respecto. Sin embargo, el paso es lento –aunque no por ello menos firme– porque propone un paseo reflexivo. Una ingenuidad impostada necesaria en toda entrevista para que la voz la tenga el entrevistado y que, guiado por las preguntas, se exponga… exponga su máscara, lo que es.

No hay mejor respuesta que una buena pregunta. En tiempos de sentencias fáciles, una pregunta bien planteada puede resultar luminaria. El escritor egipcio Naguib Mahfuz solía decir que la sabiduría de una persona se mide por el tipo de preguntas que hace. La función del entrevistador, se podria decir, es vislumbrar el abanico diverso y casi inabarcable de sus posibles respuestas y contener la otredad, aquello que me es ajeno, impropio, pero real. En este sentido, el libro se mueve fuera del marco de lo esperable, de la senda de la celebración acrítica, pero también lejos de la mirada anti progresista. La pregunta concreta es esta: ¿estamos preparados para salir del confort de las certezas obvias y perezosas para permitirnos ver la complejidad de un mundo que nos avasalla?

“Feminismos” de Leticia Martin

En las partes ensayísticas, Leticia Martin estira al feminismo como prenda elastizada de forma tal que se ven las costuras: se pregunta por las relaciones de clase, por las condiciones materiales de existencia, la victimización, el pecado del idealismo, el cuerpo como propiedad, el mercado, “el pensamiento volátil, pasajero y sin pretensiones argumentativas” al que nos empuja las redes sociales, la adhesión a los aires de época como un “me gusta”, la posibilidad de pensar al feminismo no en contra de los hombres, la equivalencia de los cuerpos. Y para complementar esta lista, aparecen por decantación las nociones escurridizas de maternidad, trabajo sexual, placer y sexualidad. En todo este recorrido, el lector sostiene la linterna y está obligado a pensar por sí mismo. Luego, en las extensas entrevistas, hay una variedad de perspectivas frente al feminismo que también obligan al extrañamiento, a dejarse llevar por la lectura. A continuación, citas de algunas de las entrevistadas, como si esta nota fuera un blog de frases.

“A pesar del relato de la tolerancia y la diversidad, hay un rechazo a ‘la diferencia’ y una vocación por la neutralización de lo distinto que arrasa con cualquier debate”, dice Paula Puebla; mientras que María Lobo, en este sentido, sostiene que “vivimos en un mundo de personas que adhieren. Un mundo que celebra mucho más la adhesión [que la disidencia]”. Agustina González Carman señala “una descontextualización de los reclamos [feministas] que omiten las particularidades geográficos, culturales y de clase”, y Alexandra Kohan dice que “el paradigma de lo natural es en sí mismo una forma de violencia” y que “el hombre también es una víctima del machismo”. Helga Fernández asegura, como Lacan, que “la mujer no existe” y que “no hay dos sexos, pero tampoco hay un solo sexo o un transexo”. “El género de las personas no se lee en su carta astral”, revela Mercedes Dellatorre y Mariana Bua asegura que “una persona, en tanto humana, es mucho más que el género que encarna”. “Es tan importante romper el binarismo de género a través del uso del lenguaje y de la praxis cotidiana”, reflexiona Sasa Testa, y Mercedes Gómez de la Cruz explica que “actualmente, al día de hoy, la forma más extendida e invisivilizada de violencia hacia la mujer es la violencia obstétrica”. “La sociedad forma al violento como a la mujer que se deja violentar”, dice Florencia Kirchner, y por último, Ingrid Sarchman, concluye: “Nací mujer por azar, no quiero que eso determine mi forma de pensar”.

Encuentro Nacional de Mujeres en Resistencia, Chaco, 2017 (Foto de Paula Souilhe)

Quizás fue el caso de Chiara Páez –la chica de 14 años embarazada que fue encontrada muerta a golpes, enterrada en el patio de su novio en mayo de 2015– lo que derivó en la primera movilización de Ni una menos el 3 de junio de hace dos años. Lo cierto es que fue una sucesión de femicidios que provocaron una gran sensibilidad social acorde a los estudios académicos de género que se venían realizando en las últimas décadas. También pensando en los Encuentros Nacionales de Mujeres que cada vez convocan más, en cantidad de agrupaciones feministas y en la gran variedad de posiciones y argumentaciones en torno a lo que podría llamarse liberación femenina. Ya lo anticipa María Pía López desde el prólogo: “cuando [las mujeres] dicen Ni una menos, no están pidiendo piedad sino reconocimiento de la autonomía”, entonces es ahí cuando vale la pena la jugada: no es victimización, es empoderamiento. Pues es en este contexto que debe ser leído Feminismos.

¿Cómo desglosar toda esa masa energética que por momentos parece un movimiento emancipatorio y por otros un ahondar permanente por el sentido común más reproductor del status quo? Desde una punta a la otra se teje una enorme telaraña sin centro que merece ser analizada y, mejor aún, interrogada. Por eso es que es necesario asumir la heterogeneidad de este movimiento para no encasillarlo ni banalizarlo con una torpe generalización; hablar de feminismos para, como dice Laura Fernández Cordero, dar cuenta de esapluralidad.

Hace cerca de un mes, formé parte de la presentación de este libro. En un bar de Palermo no tan cheto moderé el diálogo entre varias de las entrevistadas. Se podría decir que las reentrevisté, si es que se me permite el término, y la última pregunta que hice, en la que optimismo y pesimismo se enrollaron como una trenza, tenía que ver con el futuro de todo esto que está pasando. Ya Leticia Martin la dejaba firme desde las primeras páginas de Feminismos: “¿Qué vamos a hacer con toda esa fuerza que colma las calles?” ¿Tendremos la fuerza, como sociedad, de hacer del aborto una práctica legal, segura y gratuita? ¿Generaremos esa inflexión necesaria en lo que a la violencia refiere? ¿Podremos lograr la igualdad de condiciones laborales para hombres y mujeres: sueldo, jerarquía, reconocimiento, vacaciones, licencias? ¿Modificaremos estructura y superestructura? Durante todo este libro, hay algo que queda muy claro: es necesario plantear preguntas inteligentes para aceptar las máscaras, abordarlas, entenderlas, y que incluyan lo otro, lo disidente, la heterogeneidad. Que sólo quepan respuestas con reflexión y acción.

 

 

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