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La primera noche después del divorcio

Por Isabelle R | Ilustración: Sandra Chevrier

No me gusta de él su cara ni sus pelos. No me gusta el color que tiene de pantalón y estoy segura que no me gusta lo que está escuchando en su ipod ahora. Pero hay algo. Algo que hace que los últimos seis meses estuviera pensando en él de alguna manera.

Lo conocí y todavía estaba casada. No me acuerdo de qué hablaba pero lo hacía con pasión.  Hablaba y movía las manos. Manos de dedos finos y cuidados. Manos suaves, manos que imaginé tocándome.

Nos cruzamos en uno de esos eventos sociales que todos parecen comer poco y tomar más. Me dio su celular y no lo contacté hasta hoy. Después de diez años iba a ser la primera noche que durmiera sola. No estaba segura pero igual le escribí.

El encuentro se dió fácil, él me estaba esperando y traté de parecer más preparada de lo que estaba. Decidimos jugar un juego, para relajar. Era bueno dejar un poco la realidad de lado. Me sirvió una copa de vino y puso música. Vino directo y me besó.

Tomé la voz cantante y le pregunté qué prefería. Podés ver pero no tocar. O tocar pero no ver. Redobló la apuesta contestando que quería ver pero no tocar, al menos hasta que aguante. Me gustaba enormemente la idea de hacerlo estallar y que no aguantara más.

Le saqué la ropa y lo até a la cama. Yo quedé en ropa interior, tenía un corpiño negro y una tanga que me gustaba mucho. Estaba tirada arriba suyo y antes de empezar lo miré. Su cuerpo torneado lleno de tatuajes. Pasé la lengua por cada uno de ellos mientras mis manos se movían acompañandola.

Fui bajando. Sentí como su respiración se aceleraba, su pija se empezaba a poner dura. Y llegué a la base. Me quedé ahí chupeteándola. Le pasé mis tetas por los huevos. Jugué un cachito, despacio, dulce. El se retorció y eso me gustó mucho. Me sentí mojada.

Lo empecé a chupar tipo helado, de arriba hacia abajo. Con la lengua envolviendo lo más que podía. Y después me la metí en la boca. Y seguí despacio. Lo sentí encorvarse y eso hizo que me moje más.

Salí y me paré contra la pared. Me saqué la bombachita despacio y vi sus ojos desorbitados, sus manos luchando por salirse. Tenía ganas de sentirlo dentro mío. Le puse un preservativo y ahi le solté las manos porque quería que me acaricie. Necesitaba que me toque.

Me subí arriba. Me gusta ahí porque voy manejando como lo siento bien adentro. Me pasó la mano por el cuello, bajó por el pecho hasta mis pezones que estaban por estallar. Me tiré para adelante y quedamos piel con piel. Seguí moviéndome tranquila, pero siempre hacia arriba y hacia abajo. Y acá es donde pasó la magia. Sus manos y su cuerpo supieron exactamente qué hacer.

Sus dedos me gustan, son suaves y calientes. Me agarraron con firmeza sin ser demasiado bruto pero tironeando un poco. Sus manos me recorrieron la espalda, me tocaron la cola, la apretaron. Después subieron y me tiraron un poco del pelo. Estaba como loca a punto de gritar. Y entré en ese momento donde solo pienso en acabar.

Estaba pegada a él. Me pasaba la lengua por el cuello, lo mordió un poco y de ahí fue directo a mis tetas. Mis pezones duros rogaban que los chupe y él hizo exactamente eso. Me chupó y yo lo sentí cada vez más adentro y ahí me moví. Un poco así extiendo la cosa un rato más porque está buenísima pero me conozco y se que estaba por acabar y de la mejor manera.

Quería gritar y que todos se enteren que me estaban cogiendo bien. Él lo sabía y como quise volverlo un poco loco me separé de su cuerpo para que me vea. Lo monté. Estiré los brazos para arriba y me quedé así con todo mi cuerpo sobre su pija mirándolo a los ojos. Sostenido.

No pude más. Sus manos como una ola me cubrieron y ahí lo sentí. Una onda expansiva que explotó. Grité, no me importó nada. Él me miró y dijo que no acabó, que aguantó. Tenía una mirada agrandada como si tuviera que felicitarlo. Lo sentí como un desafío.

Quería hacerlo acabar en dos segundos. Entonces me paré y le dije que venga. Me apoyé contra la pared, y saqué cola. Me la metió de atrás. Y me dijo algo no escuché bien pero era algo sucio y lindo. Y ahí acabó, lo sentí gemir y me estremecí. Me di vuelta y me dio un beso bien largo y de lengua.

Me vestí y traté de salir rápido. No estaba acostumbrada a esto y no sabía bien qué hacer. Cerré la puerta y le mandé un mensaje: llamame cuando andes por acá.

Serie Mojada

 

 

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