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Esto no es un chiste

Por Mauro Nahuel Gross

Uno puede reírse, y creer que no está hablando en serio,
pero sí se está hablando en serio
Julio Cortázar

El chiste, si bien posee el mismo estatus que cualquier otra manifestación del inconsciente, alberga quizás una mayor riqueza. Qué lo diferencia entonces de, por ejemplo, un sueño, lapsus u olvido. Una posible respuesta, dirá Freud (El chiste y su relación con lo inconsciente), está en los efectos que produce, además del atractivo y fascinación que ejerce en nuestra sociedad.

Precisamente, el trabajo de Juan Matías Loiseau (de aquí en adelante “Tute”) es una obra magnífica, en la cual se logra resaltar muy bien el uso del humor y de lo cómico en relación a los lazos sociales y, especialmente, con el trabajo analítico.

A través de sus páginas, el autor nos sumerge en un mundo en el cual la sorpresa está presente en cada pasaje. Schopenhauer decía que el mero chiste consistía en poner algo en un lugar equivocado. Este deslizamiento de sentido, siendo sancionado por un tercero genera un efecto de revelación, el resultado es la risa, dice Freud. Así, los chistes incluidos en Humor al diván no versan sólo del trabajo analítico en el consultorio, sino, sobre lo que los pacientes llevan a sesión, las relaciones amorosas, familiares, la incomunicación y el uso de la tecnología en la actualidad. Si bien alguien podría resumir apresuradamente la obra de Tute, definiéndola como un “espejo de la realidad, de la vida cotidiana y nuestras prácticas”, sin riesgo a equivocarme, le contestaría a esta persona que está errada.

Ya que este libro permite no sólo una mera identificación con sus personajes e historias, sino que, y éste creo que es el mayor logro del artista, su lectura nos habilita a una tarea de mayor riqueza, a algo diferente, que no se reduce al plano consciente de la identificación. Algo que, estratégicamente, bajo el vehículo del humor gráfico utilizado como distracción, a modo de trampa, adviene en una resignificación. Quiero decir, no se puede leer uno de estos chistes y continuar como si nada hubiera pasado. Porque, posteriormente al remate, se presenta un silencio, una pausa.

De este modo, toma forma un espacio que nos interpela y, si podemos reír para matizar el momento de incomodidad, bien sabemos que hay algo más de lo que se está hablando. Y, como en cualquier otra cuestión que nos involucre, frente a esa obra, no podemos negar nuestra responsabilidad subjetiva. Así, el efecto ya se produjo.

En este sentido, parafraseando a Lacan (Seminario 24: L’Insu que sait de L’une-bévue s’aile à mourre), la obra de Tute propone al arte como un saber hacer más allá de lo simbólico, un saber hacer que apunta a lo real, a aquello que no posee representación. Es ahí en donde su obra y el psicoanálisis parecen fundirse en una misma causa: bordear ese imposible, darle un curso, tramitarlo, recorrerlo.

Así, en los últimos seminarios de Lacan, encontramos la referencia al arte como una forma de saber hacer con el vacío. Algo de su sin sentido, bordea una respuesta para todo aquello que no ofrece certezas. En una época plagada de recetas, consejos y respuestas, el introducir algo del sin sentido, de la pregunta, es dar espacio para tramitar la angustia sin taponarla. En definitiva, a eso apunta la experiencia de un análisis, a vérselas constantemente con la imposibilidad, la castración, lo incurable.

Quizás, ese sea el verdadero fin del arte. Algo de lo que Tute con sus obras parece arreglárselas muy bien, esto es: interpelarnos, promoviendo el movimiento subjetivo frente a la angustia del agujero.

Tute (Foto: Andrés Pérez Moreno)

Sobre el autor

Freud decía que con frecuencia en la antigüedad se definía al chiste como la aptitud para encontrar semejanzas en lo disímil, es decir, semejanzas ocultas. Al estudiar la biografía del autor, ésta característica me resultó presente en los comienzos de su historia. Ya que un poco éste fue el camino que debió realizar Tute entre su estilo y el de su padre, el reconocido dibujante y humorista gráfico Caloi. Debido a la influencia y gran trayectoria que poseía su padre, en el comienzo de la carrera Tute intentó de un modo apresurado según sus palabras, “pararse en la vereda del frente”.

Sin embargo, ésto no fue fructífero, ya que terminó por darse cuenta que ese estilo, que en nada se parecía al de su padre, en nada tampoco se asemejaba al suyo. Finalmente, con mucho trabajo, y tomando el camino más largo, bajo la Tutela y acompañamiento de su padre, pudo hacerse de un nombre y estilo propio: servirse del padre para ir más allá de él. Ésto se hace patente en el hecho de que, pese a lo difícil que es encontrar un solo adjetivo que lo describa por completo: humorista, poeta, compositor, letrista, guionista, director de cine; Tute se define “dibujante, como mi viejo”.

Es un artista consagrado, con más de veinte años de carrera, reconocido por sus pares y grandes maestros. Sin embargo, por su pasión en transmitir historias y expresarse, no cabe duda que siempre encontrará alguna excusa para dejar en evidencia el divino detalle a sus asiduos lectores y a los curiosos desprevenidos. En cualquiera de los dos casos le estaremos agradecidos y, riendo o no, por supuesto, que lo decimos en serio.

Tapa de “Humor al diván” de Tute

Juan Matías Loiseau
Humor al diván
Sudamericana, 2017
160 páginas

 

 

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