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Malvinas, una grieta olvidada en el corazón argentino

Por Ramiro Guardia

Durante los albores de la guerra de Malvinas el país contaba aproximadamente con 29 millones de personas en un Gobierno militar presidido por Leopoldo Galtieri. La inflación progresaba en un 200 % anual y el mundial de España estaba a pocos días de comenzar. Maradona ya era una figura internacional y la compañía Coca-Cola había comprado sus servicios. Su discurso publicista estaba enmarcado en el lema “al mundo se le gana con una sonrisa”. En la guerra murieron 649 argentinos: 323 durante el hundimiento del crucero General Belgrano y 326 en el archipiélago. No hubo risas. Tampoco fútbol y gaseosas para aquellos combatientes.

Muchos relatos quedaron en la memoria de quienes pertenecieron a ese continente de jóvenes que defendieron a su país de una invasión inglesa. Nadie sabe lo que devendrá en los caminos del destino. Ni tampoco que rastros de dolor permanecerán sin darle lugar al olvido. Hay historias de héroes, sobrevivientes y cobardes. Vidas inconclusas inmortalizadas en las voces de quienes recuerdan el pasado y construyen un presente. Aquellos son testigos de fuego, agua y tierra despojados de la sed, el hambre y el sueño. Nadie escapa a la locura en un contexto así. En una guerra invisible para una sociedad inmadura los malvinenses olieron la sangre de sus compañeros bombardeados.

Néstor Andrés Moltrasio fue parte de la Unidad de combate Batería “B” Independencia del Grupo de Artillería de Defensa Aérea – GADA 101. Inicialmente, los primeros días de combate su posición fue distribuída dentro del pueblo, Puerto Argentino. Posteriormente, a su Unidad le asignaron proteger el corredor aéreo por donde pasaban los cazabombarderos británicos para bombardear el aeropuerto. Su misión era defender la Península de Camber, que conforma la bahía y tiene unos 9 kilómetros de largo por 400 metros de ancho.

¿Qué significa el 2 de abril para vos?

El 2 de abril lo acepto como homenaje a los caídos en Malvinas que son los únicos héroes. Yo soy solamente un sobreviviente. Si me preguntás a mi cuál es la fecha que tengo grabada en mi corazón es el 14 de junio. Por dos cosas, primero por la muerte de mis compañeros que se podía haber evitado. Y segundo, cuando cruzamos al Puerto Argentino vimos bajar la bandera argentina y ver como suben la británica. Uno está acostumbrado a ver la bandera argentina en cualquier plaza pero cuando ves que bajan la argentina y suben la inglesa no te lo olvidás más en tu vida.

¿Sobre qué debemos reflexionar y tomar conciencia teniendo en cuenta la fecha conmemorativa?

La sociedad no tiene que sentirse derrotada. Es recordar que las Malvinas primero son argentinas y tomar conciencia en la sociedad. Cuando no se hace mención un 2 de abril eso es desmalvinizar. La guerra no es la mejor solución porque es un acto irracional donde los dos pierden. Todos perdimos en realidad. La reflexión es siempre intentar dialogar.

Néstor Andrés Moltrasio

Los sucesos…

Néstor estaba cortando el pasto de su casa cuando recibió la carta de convocatoria. Había pasado muy poco tiempo de que había finalizado el servicio militar obligatorio. No sabía que sucedería con el correr de los días. Sólo tenía bronca y la sensación de sabor amargo. A los pocos días que toman Malvinas fue al cuartel de Ciudadela. Integraba el grupo de artillería de defensa antiaérea General Pablo Richieri Unidad 101 con desempeño en logística y comunicaciones.

No era un hombre beligerante. Tenía 20 años y vivía con su madre en una casa en el barrio Seré, ubicado en Castelar. Su padre había muerto hace un año. Cursaba en la facultad de agronomía y tenía interés por lo forestal. Lo más cercano a lo bélico en su persona había sido un familiar que participó de la Segunda Guerra Mundial y un tío que murió en la masacre de Plaza de Mayo.

En Ciudadela estuvo tres semanas actualizando los conocimientos de artillería. Luego junto a sus compañeros fue trasladado a Comodoro Rivadavia en un avión Boieng 707 sin asientos en cuclillas. Eran por lo menos doscientas personas en un coro de silencios. Ir a Malvinas era una posibilidad muy grande y la irritabilidad era cada vez mayor en la atmósfera del grupo. El futuro incierto para todos, continúo así hasta que fueron a la Isla.

La situación de guerra era la siguiente: los británicos tenían alcance con los aviones al perímetro de Malvinas. Avión que volaba corría gran riesgo de ser atacado. Estaban próximos al puente aéreo que unía el continente a Malvinas. Deciden enviar a una de las cuatro baterías de tiro. En su totalidad estaban compuestas por 115 hombres con ocho cañones antiaéreos con calibre 30 milímetros suizo españoles del año 69’.

No había tiempo de pensar demasiado. La caminata de 10 kilómetros sobre el Puerto Argentino no dejo oportunidad al frío. Pudo llegar con todo el armamento y bolsón hasta la parada. Ubicado en los jardines de las casas dormía junto a sus compañeros en pozos. A los tres días sufrió el primer ataque aéreo británico. El reloj avanzó tan rápido que no le permitió acostumbrarse al nuevo clima. La misión inicial constó de buscar los cañones en alta mar. Prácticamente, era una acción suicida porque los submarinos británicos estaban alertas a la caza. El barco que traía el armamento logro cumplir el objetivo pero cuando regresó fue hundido.

Un avión a Malvinas

Las arengas enaltecían la adrenalina de lucha. Aunque no alcanzó. En un lapsus de conciencia las dudas atacaban su mente. La vida y la muerte podían estar determinadas en una fracción de segundos. Y los invasores tenían mayor experiencia y equipamiento. ¿Cómo sobrevivir al sentimiento de guerra que te exige destruir a tu enemigo sin que te destruya por dentro? En un momento determinado, un avión harrier cae junto a su piloto inglés que desciende en paracaídas. Allí sintió el deseo de ser esa otra persona. Quería no tener que luchar más. En momentos así tan deshumanizante necesitaba aferrarse a algo. Jamás en su corazón hubo odio por la vida humana.

La rutina de los días para algunos era despertar temprano para desayunar antes de ir a trabajar. Cumplir con el horario laboral y volver a su hogar para estar junto a su familia mientras cuentan que tal estuvo su día y ven televisión. Una escena típica de hombre ordinario, común y corriente. En cambio, la repetición de los días en Malvinas era bombardeo a la noche y ataque a la mañana. Los gritos constantes grafican la hostilidad del lugar mientras la capacidad de reacción comienza a diluirse. En tres meses, solamente utilizaron agua de mar para asearse. El cuerpo perdía kilos y la posibilidad de dormir era casi nula.

Los últimos días, del 12 al 14 a la mañana, un ataque con bombardeo naval e infantería de costa a costa convirtió en una bola de fuego toda la península. Caían bengalas a 80 metros de altura en una línea perfecta que hacía que la noche sea día. No había forma de escapar. La consigna era resistir y no moverse para no ser detectados por el enemigo. En una lluvia de bombas dos compañeros de Néstor mueren. Quedaban dos cañones operativos. La capitulación era un hecho y el helicóptero del General Moore pasa por encima de él. La Península había sido defendida hasta lo último exigiendo los limites posibles.

Un transatlántico de lujo que los ingleses usaron como barco hospital transporto todos los prisioneros de guerra argentinos. En el trayecto, un peso enorme sobre su espalda era cargada por la angustia. La otra guerra había comenzado.

La des-malvinización

¿Cómo fueron tratados de por los distintos gobiernos sucesivos?

Los primeros años en la época del radicalismo hubo una desmalvinización, una estigmatización del soldado. Directamente nos escondieron. Inclusive la película que se hizo la de “Los Chicos de la Guerra” para mi fue nefasta, no viví eso ni en chiste. Ni tuve ese trato con los oficiales ni me consideraba un chico. Me preguntas a mí y los chicos estaban en el continente. La sociedad fue muy infantil como la tomo. Lo tomo como si fuera un partido de fútbol. Tenía la oportunidad de tomarla como otra manera. Nosotros estando en Malvinas se expropiaron embarcaciones, propiedades y acá a los británicos no le expropiaron nada. Cuando vuelvo me pregunte porque no le expropiaron ni un campo a los ingleses. Eso nos hubiera ayuda a nosotros.

Nº 32 D: Moltrasio, Amarilla, Ocampo, Guell, Lancestremere

¿Hay alguna legislación que los ampare?

Hay una primer ley sin aplicación que la impulso los centros de veteranos. Muchos de los beneficios que tengo es gracias a estos hermanos de Malvinas que se han movilizados han trabajado mucho horas y horas de presionar en el congreso a diputados para que se voten estas leyes.

¿Y durante la década de los 90?

En los 90’ hay una especie de reconocimiento. Los primeros beneficios es la primera pensión. Pero no considero bueno que el trato que hubo para la recuperación de Malvinas sea pagarle a los kelpers. ¡En vez de pagarles a los kelpers páguennos a nosotros!. No lo sentí presente al Estado. Y aparte los suicidios seguían. Me llegaban noticias por el diario y me pegaban duro porque en un momento dije cuando me va a tocar a mí. No es que tenía pensado suicidarme, no pasaba por mi mente. Y ahí más me cerré. Hacemos un borrón y cuenta nueva como creyendo que eso lo íbamos a alejar. Y el hecho de meterlo en un cajón y olvidarlo es como que quedo a salvo a todo. Pero el estrés postraumático de despertarme a las noches por más que quisiera no me lo podía sacar.

¿Qué tipo de pensiones cuentas los excombatientes?

Tenemos las pensiones de Malvinas, un adicional por ser excombatientes trabajando en el Estado y después algunos beneficios de no pagar impuestos municipales y rentas provinciales. Eso ayuda mucho porque es una red de contención económica. En la ley que se promulgo en la época de Alfonsín hay un artículo que da prioridad para acceder a los puestos del estado nacional siempre que uno tenga idoneidad.

 

 

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