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Paloma Celis-Carbajal: “No he encontrado ninguna cartonera con tendencias políticas de derecha”

Por Federico Capobianco

El teórico jamaiquino Stuart Hall escribió, en Lo local y lo global: globalización y etnicidad, que “la revolución cultural más profunda ha sido una consecuencia de los márgenes entrando a la representación”. Seguramente Washington Cucurto ni siquiera imaginó la palabra revolución cuando creó, junto al artista plástico Javier Barilaro, Eloísa Cartonera; sí, en cambio, una salida a la crisis, en todos los ámbitos, que dejó el 2001, que resignificó la identidad de cientos de personas que empezaron a buscar en la basura el cartón y la subsistencia. Hoy las editoriales cartoneras se expandieron por toda América Latina, Europa y África, trastocando las formas de producción editorial, los accesos, y revalorizando ese margen cultural antes desoído por la industria y la vida social en su conjunto.

¿Se conocen las modificaciones productivas reales generadas por las editoriales cartoneras? ¿Son aceptadas o realmente valorizadas? ¿Por cuánto supera el valor cultural a lo “raro” del dispositivo? Hay infinidad de preguntas que rodean al mundo de las editoriales cartoneras que no se responden solo con conocerlas, hay también que reconocerlas.

Paloma Celis-Carbajal es investigadora y bibliotecaria en la Universidad de Wisconsin-Madison, en Estados Unidos, y durante doce años realizó un seguimiento de las ediciones cartoneras de todo el mundo. Es coeditora, además, de Akademia Cartonera: un ABC de las editoriales catoneras de América Latina.

En su visita anual a la Feria del Libro de Buenos Aires para continuar con sus investigaciones, llegó a la ciudad de Chivilcoy para brindar una charla sobre su trabajo; Polvo dialogó con ella.

¿Cuáles fueron -y son- las transformaciones más notables que las ediciones cartoneras generaron en el ámbito cultural y literario?

Habría que definir qué es el ámbito cultural y literario. Han redefinido, con estos modelos más horizontales, menos jerárquicos, más democráticos, por decirlo de alguna manera, con formas de trabajo mucho más colaborativas, la forma en la que se producen ciertos textos, especialmente aquellos textos que se han creado en grupo. Esa sería una: el cuestionamiento a lo que es la autoridad. Por otro lado, el cuestionamiento a quién se puede considerar como un autor publicable, es decir, quién decide cuándo un texto se publica o no. Estos modelos están rompiendo con eso. No es el único, la internet, con blogs y redes sociales, también, cualquiera con acceso puede crear una página y publicar.

Al mismo tiempo están cuestionando qué es la literatura, cuál es el canon de la literatura, qué es lo que tiene valor para existir de manera impresa, de una manera muy crítica. Un ejemplo que me gusta utilizar, que es muy elocuente, es el de la editorial boliviana Yerba Mala Cartonera. Hay un premio de narrativa muy reconocido en Bolivia que se llama el premio Franz Tamayo que en el año 2008, el jurado, que siempre está compuesto por personas muy reconocidas, decidió que no había ningún texto que valiera la pena seleccionar, hubo clara polémica y se declaró desierto. Lo que Yerba Mala Cartonera hizo fue responder en su blog con una especie de manifiesto y preguntar cómo es posible que estas personas no hayan podido decidirse por una en más de cien obras presentadas, manifestando que tienen que cambiar su forma de pensar, que tienen que romper esa idea que tienen de “la literatura”, y creando el premio de los Destamayados, donde cuelgan los textos en el blog y el público vota y decide quién resulta ganador. Después crearon un libro cartonero con esos textos.

Varias editoriales cartoneras tienen este tipo de concursos donde el premio es que se cree el libro, eso es todo, el placer de ser publicado. Eloísa Cartonera tiene el premio Sudaca Border, y desde el nombre ya está planteando el cuestionamiento a lo que es la cultura del mainstream.

De todas formas no podría decirte que fueron transformaciones muy visibles porque las editoriales cartoneras siempre van a existir en paralelo con a las editoriales comerciales, porque a estas, con el monstruo que son, no va a haber nada que les afecte.

¿Tienen alguna posición las grandes editoriales frente a las editoriales cartoneras? ¿Tuvieron que adaptarse, intentar absorberlo o fueron indiferentes?

Yo creo que muchos no las conocen y quienes las conocen, algunos las aceptan, las valoran y otros no las entienden. Hay un documental de Yerba Mala Cartonera donde entrevistan a la gerenta de la Cámara Boliviana del Libro que dice que los libros cartoneros son fotocopias, que son libros piratas. Y eso es porque no lo entienden. Físicamente ya están replanteando otra forma de existir del libro, cuáles son los libros que valen la pena, cuáles son los libros que debemos leer, qué libros deberían estar en las bibliotecas. Y este es otro síntoma de que las cartoneras no llegaron a tener el impacto mayor que uno quisiera: su ausencia en bibliotecas; y esto es porque hay gente que no los valora o no los considera literatura, el formato para ellos es un obstáculo, cuando la idea del formato es que de curiosidad física y a su vez intelectual.

¿Qué otras complejidades, además de las económicas con un acceso al libro mucho más barato, sean sociales, culturales o literarias, resolvieron o les quedan por resolver a las cartoneras?

Han resuelto hasta cierto punto. Las cartoneras son uno de los tantos proyectos de autogestión. Pero todas estas propuestas alternativas nacen desde una necesidad, sea de comunicar o compartir historias y experiencias de la propia realidad, porque estás en el margen y no tienes acceso a que te publiquen las editoriales comerciales o más convencionales. Esas voces que están al margen del mainstream cultural son las que han adoptado la publicación cartonera porque es lo que te permite tener una voz aún desde el margen. Uno se pregunta si Eloísa Cartonera es marginal o no ya que todos lo conocen, y pues sí, lo es. Sí, se menciona en periódicos, recorren el mundo dando charlas pero sus libros no están en bibliotecas, no son partes de los planes de estudio en las universidades, salvo excepciones de profesores, y eso es lo que los mantiene al margen.

¿Cómo fueron evolucionando las cartoneras en estos 15 años de existencia?

Es muy interesante. Con una propuesta y un modelo tan simple que propone el libro cartonero que es doblar a la mitad unas cuantas hojas, engramparlas y pegarlas a una tapa de cartón, han propiciado libertad. Nadie ha establecido reglas o guías desde sus inicios. Los libros cartoneros son lo que quieren ser o lo que necesitan ser. Se han creado a partir de una necesidad económica en cuanto falta de apoyo, o social como compartir ideas políticas, y si ves cómo se han desarrollado no es lineal, más bien es muy polifacético. Algunas han seguido líneas con procesos más colaborativos con énfasis en lo social, repensando la producción cultural desde el pueblo, desde la base y no dictada desde los funcionarios. Por otro lado, es algo tan sencillo que se usa de manera pedagógica en las escuelas, porque la propuesta tiene un costo mínimo y tienen el agregado y el atractivo de la reutilización de materiales o de textos o de ideas. Hay muchos docentes que los usan, sea para cuestionar el canon en las universidades o para motivar la lectura y la escritura en los primeros niveles educativos. Sea en Latinoamérica, España, Francia o Mozambique, hay docentes que usan libros cartoneros en sus clases para motivar la lectura placentera o generar espacios reflexivos donde se comparten esos libros y se realizan reseñas o devoluciones entre ellos.

¿Qué similitudes y diferencias más destacables se pueden observar entre las tantas editoriales cartoneras existentes?

Similitudes, el uso de materiales reciclables para las tapas; y no solo cartón. Hay materiales textiles que se reciclan para crear los libros; en Cuba hay una cartonera que se llama Ediciones Hojalata que usa latas de cerveza para crear libros pequeños. También está el componente de autoidentificación: si se consideran editoriales cartoneras y siguen estos lineamientos de reutilización pues son Editoriales cartoneras, nadie les diría que no, no hay que cumplir requisitos para serlo. Ese interés por el reciclaje de materiales o ideas es algo que comparten. También, en la gran mayoría está compartido el trabajo horizontal, sin jerarquías.

Algunas diferencias sería el apoyo, algunas tienen apoyo institucional. Hay una cartonera en Bogotá que está haciendo un gran trabajo de rescate de memoria que se llama Cartografías de la Memoria, en conjunto con el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, que pertenece al gobierno colombiano. Algunas existen dentro de las escuelas y están aceptadas y permitidas, aunque subvencionadas por los mismos docentes. Esas serían las diferencias económicas. Otras diferencias es que algunas trabajan individualmente, o de a dos, publicándose el propio contenido. Cuando me preguntan qué es una editorial cartonera no hay una definición para dar, hay un continuo, no es un punto exacto. Las diferentes formas de trabajo conviven dentro de ese continuo.

Algo que puede ser diferencia es el tipo de literatura, pero toda la literatura es marginal; puede ser tanto textos literarios o ensayos políticos. Yo no he encontrado ninguna cartonera que tenga tendencias políticas de derecha, puede que haya, al menos yo no conozco. Eso ya te dice por dónde van las editoriales cartoneras.

¿Hay una literatura cartonera? ¿O es solo un dispositivo editorial?

Sí y no. Sí porque son las voces que están al margen, y al mismo tiempo son y no son. Cuando ves, con tantos años, cómo pueden mantener la definición de editoriales cartoneras cuando están en constante evolución, y en 15 años, aquellos que publicaron en las primeras cartoneras puede que hayan sido publicados por editoriales convencionales, entonces el autor ya entró al mainstream. Sería interesante ver cuáles de las ediciones cartoneras son primeras ediciones de libros que ahora están publicados en el mainstream, que le permitieron acceder al centro y ya no estar en el margen, aunque al mismo tiempo sigan siendo literatura marginal. La literatura gay, por ejemplo, sigue estando al margen de la voz de la literatura universal.

En un contexto, al menos nacional, de crisis en el sector editorial, ¿cómo se posicionan las editoriales cartoneras? Y ante la denuncia del sector de una notable ausencia estatal y de políticas públicas, ¿cómo es, si la hubo alguna vez, la relación entre el Estado y el sector editorial cartonero?

Las editoriales cartoneras han resuelto esa necesidad de no poder esperar más, es el hágalo usted mismo. Cuando esa falta de recursos y la necesidad por hacerlo se juntan, buscas maneras de salir adelante. Deberían existir políticas y apoyo institucional, pero es la respuesta a la falta de apoyo, a la crisis general en el mundo editorial.

 

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