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Juan Arabia: “Toda literatura se transforma en burguesa una vez que entra en el mercado”

Por Luciano Sáliche

I

Hay una frase que se le atribuye a Dalmiro Sáenz, que la poesía es la sublevación del hombre contra la razón. Una irracionalidad, digamos, que rompe el orden matemático y explicativo de las cosas. Cualquiera puede visualizar esta idea: en el fragor de una monotonía, un pensamiento inéditamente poético nos corre del eje soporífero de lo normal. Es que la poesía está en todos lados: en el mar eufórico que golpea contra las piedras, en el primer llanto de un recién nacido, en la sonrisa de tu esposa, en un patrullero prendido fuego. Nos rodea, silenciosa, hasta donde se lo permitamos.

Juan Arabia es poeta y conoce de estos trotes. También es traductor, crítico literario y director del sello editorial y revista Buenos Aires Poetry, pero principalmente —casi como una esencia, una praxis elemental— es poeta. La primera vez que esa fuerza metafísica, esa pulsión sensible, eso que Rabindranath Tagore definía como “el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos” llegó a su vida fue en 1996. Tenía trece años cuando se puso a leer una canción de Marilyn Manson del disco Antichrist Superstar titulada “Dried up, Tied, and Dead to the World” y cuya traducción es “Secado, atado y muerto al mundo”. Algo tambaleó en su interior.

Buenos Aires Poetry es un sello editorial y una revista, y Juan Arabia su director

En su recuerdo, “eso valía más que cualquier forma de literatura. Al menos, claro, comprendida de forma institucional”, le dice a Polvo porque, desde luego, todo ese material escolar siempre estuvo lejos de conmovernos. “En mí, la poesía inició con aquello que no se reducía a una explicación”, agrega. Su biografía literaria es esta: escribió en 2011 John Fante. Entre la niebla y el polvo, ​PosData a la Generación beat en 2014, El Enemigo de los Thirties en 2015, John Fante. Camino de los Sueños Diurnos en 2016 y ahora, este año, el último, Desalojo de la naturaleza, editado por Buenos Aires Poetry.

II

Durante muchos siglos, la humanidad entendió a la naturaleza como su condición originaria y final. Los verdes prados, las imponentes montañas, el desparpajo del clima… el mundo se movía de esa forma. ¿Pero qué se puede decir de la naturaleza después del éxodo rural, la Revolución Industrial y la hiperconexión de internet?

En Desalojo de la naturaleza no escapa a la pregunta nostálgica sobre un hábitat que ha mutado. “Nuestros versos necesitan / ser juzgados, / pero en tierras más salvajes”, dice en uno de sus poemas. En otro: “Pero no llueve en tu corazón, / como llueve sobre la ciudad”. Y en otro: “Escuchen cómo / los huracanes helados / ahora emergen del rocío”. Y en otro: “Y como halcones dorados, / seres imperfectos, imprevistos, / enfrentemos la moribunda / condición de la naturaleza”.

Este libro ofrece una mirada que, como sugiere Víctor Rodríguez Núñez en el prólogo, se trata de “todo eso que no se puede reducir a una explicación y que es el núcleo duro de la poesía”. Ahora, en este breve diálogo con Polvo, asegura que “la poesía tiene el deber y la función de doblegar y multiplicar el sentido unidireccional (y funcional) de todo tipo de definición o sensación”.

“Desalojo de la naturaleza” (Buenos Aires Poetry, 2018) de Juan Arabia

III

Juan Arabia está envuelto en silencios. Detrás de sus anteojos oscuros y circulares esconde su mirada, esa que no pasa un día sin encuadrar unos buenos versos. Juan Arabia es conciso en su plática, sin grandilocuencias ni tediosos monólogos onanistas. Habla y escribe a pequeños pasos, como si las palabras tuvieran un valor religioso, como si fueran un recurso no renovable y, por su escasez, sólo se permite usar las necesarias, las mejores, las justas. ¿Acaso no es lenguaje una magia precisa?

“Toda literatura se transforma en burguesa una vez que entra en el mercado. Es su única forma efectiva de circulación. Hay que levantar, mucho antes que eso y como decía Pound, ‘las polleras de los puritanos’”, dice cuando la pregunta le señala este extraño presente. Además, sabiéndose parte de una generación que supo sobrevivir cuando la pileta se llenó de agua digital, cuenta: “Siempre leo poesía en papel, y a la vez creo que internet es un gran aliciente para el género, al menos al nivel de reproducción”.

—La última, ¿para qué leer poesía?
—Para leer poesía, por ejemplo.

 

 

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