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Ni siquiera el frío

Por Luciano Sáliche | Fotos: Matías Lynch

I

Ni el frío detiene la solidaridad de clase. En algún lado de este mundo está escrito. Tal vez en alguna pared descascarada con caligrafía pastosa: Ni el frío detiene la solidaridad de clase. ¿Ustedes sabían que el frío mata veinte veces más que el calor? No sólo eso, también paraliza. La gente, frente al frío, se resguarda. Se queda en su cueva tibia con las manos en la estufa a leña, el calefactor, el caloventor o la garrafa. O directamente se envuelve en frazadas hasta dejar de tiritar.

Pero cuando hay solidaridad de clase —como ocurrió en la gran movilización contra los 357 despidos en Télam del jueves 5 de julio—, ni el frío la detiene. Ni siquiera el frío.

II

Ese es el número: 357 trabajadores fueron despedidos en Télam dos semanas atrás, lo que representa el 40% de la planta. Es la agencia de noticias y publicidad del Estado, que tiene un rol fundamental a la hora de federalizar la información y llegar a lo largo y ancho del país. No sólo es importante que la información no quede exclusivamente en manos de los medios privados —es decir: del mercado—, Télam también es la encargada de relevar y controlar que la pauta que el Estado pone se cumpla. Ahora el Poder Ejecutivo será el encargado de controlarlo.

El pretexto del desguace que el Gobierno está haciendo aquí tiene que ver con el incremento de la planta en los últimos diez años y acusa de ésto —oh casualidad— al Gobierno anterior. Entonces activa su plan de persecución ideológica y despide. Pero eso es en el plano discursivo, porque no ha reparado demasiado en la orientación política de los trabajadores o en la fecha de ingreso a Télam. Muchos con veinte años de antigüedad, por ejemplo, han quedado desvinculados. Mediante mails, el directorio de la agencia compuesto por Rodolfo Pousá, Ricardo Carpena y Pablo Ciarliero dio la noticia.

Con un cinismo pocas veces visto, Hernán Lombardi, titular del Sistema de Medios y Contenidos Públicos, escribió en sus redes sociales que, con la ola de despidos en la agencia, “ganó el periodismo y ganaron los ciudadanos”. Con una fuerza pocas veces vista, los trabajadores de Télam están dando un ejemplo de lucha a todo la clase obrera: de paro y con los dos edificios —Bolívar 531 y Belgrano 347— tomados de forma pacífica, no piensan rendirse.

III

Del Obelisco al CCK hay un pasillo. Es un tramo de la Avenida Corrientes por donde el viento pasa directo, se arremolina de a ratos, y continúa. Este jueves 5 de julio el aire estaba particularmente frío. A las dos de la tarde hacía menos de diez grados. Sin embargo, la enorme cantidad de gente, abrigada en medidas dispares, gritaba, cantaba, exigía: “Se siente, se siente, Télam se defiende”, y el ya clásico: “Unidad de los trabajadores y al que no le gusta: se jode, se jode”.

La movilización fue del Obelisco al CCK, lugar donde tiene su oficina Lombardi. Sin duda se trata de la más grande que hayan protagonizado los trabajadores de prensa en los últimos años. Tres cuadras repletas, atestadas, invadidas de gente. Las banderas que flameaban a dos metros de altura contenían todos los colores del arco iris aunque el cielo permaneciera gris.

La convocatoria la hizo el Sipreba (Sindicato de Prensa de Buenos Aires) y la Mesa Nacional de Trabajadores de Prensa junto a distintos sindicatos y organizaciones sociales que comprendieron la magnitud de la situación y se sumaron en solidaridad. El otro gran reclamo que copó la tarde fue el de Radio Del Plata, un medio privado que echó a 57 trabajadores dejándolos, incluso, sin sus indemnizaciones. La impunidad reina en el gremio periodístico.

IV

Lo que sucede en Télam no es simple casualidad. Hace meses que el Gobierno ha activado su plan de “reestructuración”, que no es otra cosa que una palabra extravagante para nombrar la reducción del gasto público y el ajuste, eso que Cambiemos presenta como utopía de purificación.

Además, los trabajadores de la agencia de noticias tienen buenos salarios comparados con el resto del sector y están muy organizados sindicalmente. Esto —sumado a los dichos de Lombardi sobre la TV Pública donde propuso que no haya aumentos en 2018— se trata de una ofensiva disciplinaria contra el movimiento obrero. La crisis actual caerá sobre la espalda del trabajador. Ese parece ser el mensaje gubernamental.

V

En tiempos donde el individuo se repliega sobre su comodidad y permanece allí, ensimismado, en su hogar, frente a una pantalla, consumiendo lo que el mercado le entrega en bandeja, hablando, opinando, relacionándose con el exterior y forjando su identidad de sujeto —la paradoja de una red social es que sus nudos jamás se tocan— en la más llana y elemental individualidad… movilizarse en la calle parece ser una anomalía.

Y como toda anomalía, sobre todo en tiempos de ajuste y opresión, es necesario celebrarla. Incluso fogonearla. Que vivan esos individuos que dejan la adormecedora comodidad y se unen, apropiándose de la calle y el espacio público, para reclamar lo que les corresponde, exigir justicia y luchar con los puños apretados por una sociedad más justa. Que recontra vivan. Porque ni el frío detiene la solidaridad de clase cuando en las venas hay sangre hirviendo.

 

 

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