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Delirante pulsión por lo nuevo

Por Juan Agustín Otero

Damián Tabarovsky imagina para la literatura un espacio que no es espacio. Si existe algo así como una literatura de izquierda -que en el libro es una definición más bien blanda, móvil, algo enrarecida- debe estar, forzosamente, en un afuera, al menos parcial, un afuera fantasmático si se quiere, que eluda al mercado y eluda a la academia. Dado que las vanguardias ya son tradición y que esa tradición está sostenida en una red institucional, es necesario, ahora, en vez de hacer la vista gorda, de ignorarlas como si nunca hubieran ocurrido, o de perpetuar, ingenuamente, su legado, hacerse cargo de ese peso, enfrentar, poner en crisis, al nuevo canon. Pero la literatura de izquierda, paradójicamente, se articula, para Damián Tabarovsky, a partir de un deseo que, se juzga, es vanguardista o, si no vanguardista, moderno: “el deseo loco de lo nuevo”.

Tabarovsky desconfía y denuncia, por ejemplo, a los talleres literarios; y eso agrada. Agrada, también, que insulte, sin remilgos, a los nuevos escritores realistas y escolares que hacen de la precisión técnica -esa presunción de que un escritor debe saberlo todo sobre su obra y todo sobre su público, por no decir su clientela- la máxima virtud. La cultura es hoy, más que nunca y en Argentina, el simulacro de una fiesta, el simulacro de un mercado, el simulacro de una revolución. Tabarovsky lo señala, con ironía, hasta con ímpetu, pero no quiere ser melancólico, tampoco nostálgico, no quiere ser Adorno ni George Steiner. Invoca, entonces y como se dijo antes, “el deseo loco de lo nuevo” y luego “la fatalidad de la sospecha”. Existiría “una comunidad inoperante” donde se trama la literatura de izquierda que es, en principio, esa literatura que a Tabarovsky le gusta, que pone en suspenso el significado y recrea el lenguaje, que hace de las contradicciones, lugar. “En secreto -escribe Tabarovsky- ocurre algo insólito: la literatura continúa”. Hay algo de microépica en esa frase.

Damián Tabarovsky

Y sin embargo, esta delirante pulsión que busca lo nuevo, esta así llamada literatura de izquierda, que instala un estado de sospecha en la cultura, ¿es realmente inasimilable por el mercado y la academia o por lo que, a grandes rasgos, se suele llamar, más o menos de manera coloquial, el sistema? ¿No es, por el contrario, el hambre de novedad esa fuerza que anima a capitalistas e investigadores (mercado y academia, otra vez) a seguir patentando invenciones e invenciones? ¿Verdaderamente existe un afuera de la cultura, que es lo mismo que decir un afuera del comercio? Por momentos, la literatura de izquierda de Tabarovsky se aparece como una literatura fantasma, que está y no está en ninguna parte. Hecha por escritores que prescinden del público y que, no obstante, son leídos, repta y hace crepitar las maderas de una vieja casa de campo o, quizá mejor, de un viejo chalet porteño. Hay una escena o una comparación que, casi de manera automática, sucede: la literatura de izquierda parpadea como esas odiosas luciérnagas de Didi-Huberman. Imperceptible, en la semipenumbra, es a medias algo existente y a medias algo especular, una cosa que pertenece menos al mundo que al orden de lo imaginario, de lo futurológico, en suma, al orden de la esperanza.

Pero tal vez no haga falta creer. Literatura de izquierda de Damián Tabarovsky no quiere persuadir ni reclamarnos, como lectores, un convencimiento completo; más bien propicia la desconfianza como actitud de lectura. Es un texto que desprecia toda argumentación, pero también toda condescendencia, toda pleitesía, toda mediocridad. Ahí donde hay silencio o aplauso cómplice, donde existe la mezquindad, la estolidez de obligarse a escribir unas cuantas páginas para hacerse llamar escritor en una época en que “ser escritor” es trivial, si no lo fue siempre, Tabarovsky escribe y escribe en contra. Literatura de izquierda es más interesante cuando está escrita en contra, que cuando está escrita a favor. Y eso tiene sentido, incluso bajo la lógica que Tabarovsky propone: la literatura negativa es la literatura que prefiere.

Literatura de izquierda
Damián Tabarovsky
Ediciones Godot
120 páginas

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