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La resurrección de 2PAC

Por Bárbara Pistoia

Segunda parte

Tupac Shakur, el hijo del ghetto (Primera parte)


“En los barrios marginales no existe eso de ‘tu abuelo hizo tal cosa, tu padre la continuó, esta es tu herencia’ y esas cosas que hacen a una dinastía familiar. En vez de continuar un imperio tenemos que levantar uno desde cero. Porque si no lo hacés vas a pasarla realmente mal el resto de tu vida. Y hablo de barrios marginales porque eso son, están al margen, olvidados, nadie los mira. La única herencia posible para nosotros es la cultural.
Lo único que podemos dejar es música, dignidad y determinación”.
Tupac Shakur (16 de junio de 1971 – 13 de septiembre de 1996)

Tupac amaba actuar. Su debut como protagonista en la pantalla grande fue en 1992 con Juice. Ahí interpretaba a Roland Bishop, un chico de Harlem que se obsesiona con las armas y, potenciado por la emergencia delictiva, vive en estado de locura. Bishop encarna todo el prejuicio de la Norteamérica blanca y estaba ahí para ser tomado como real; para ellos, Bishop era Tupac. Él supo encontrar en esa lectura el espacio deseado para poder darle tono político a sus intervenciones públicas.

Poetic Justice (1993), Above the rim (1994), Bullet (1996), Gridlock’d (1997) y Gang related (1997) completan su paso por el cine como actor. Su potencial quedó inconcluso y con sabor a promesa.  

En 1993 salió su segundo disco. Strictly 4 My N.I.G.G.A.Z. cuenta con las colaboraciones de Ice Cube e Ice T, para nada casuales, legitimándolo como nuevo líder en Last Wordz, el tema en el que Dan Quayle recibe su respuesta. Con este disco finaliza la etapa con los Digital Underground, que participan en la “estúpida y sensual” I Get Around. La joya del disco es, sin dudas, Keep ya head up, dulce, cruda y esperanzadora como todo góspel en la que le canta al mundo que “nadie tiene derecho de decirle a una mujer cuando y donde ser madre”.

(Foto: Chi Modu)

Ese mismo año participó en la Indiana Black Expo, uno de los eventos culturales y políticos más importantes de la comunidad negra, en donde presentó formalmente su proyecto Thug Life (Vida de matón): “Para los blancos siempre vamos a ser los matones de la cuadra, no importa lo que hagamos, ellos sólo ven un matón”. Con su discurso desconcertó a todos, marcando un quiebre generacional poco favorable y sin retorno. Varios activistas que hasta acá lo tenían como “niño mimado” le soltaron la mano. Es que con Tupac la mayoría de esos referentes considerados históricamente revolucionarios quedaban como conservadores y condescendientes: “¿En serio esperan que mi generación siga esperando ‘la oportunidad’ de ser vistos, siga pidiendo permiso para comer -con suerte- algunas sobras? Hay un momento en el que -si no te atienden- tenés que tirar la puerta abajo”. Su propuesta incluía un código de convivencia entre ghettos, y organizó una especie de guardia barrial en donde se cuidaban y asesoraban unos a otros frente a las persecuciones policiales. Además, él en persona visitaba escuelas concientizándolos de sus derechos y organizó varios festivales a beneficio de las diferentes necesidades barriales. El leitmotiv era “naciste en el ghetto, no sos el ghetto, por favor, recordalo”.

Mientras buscaba generar una nueva conciencia cultural encaraba su etapa más compleja. Él mismo diría tiempo después: “todo lo que decía se interpretaba erradamente por algunos y lo usaban para castigarme, y otros esperaban de mí que les diga qué próximo paso dar, cómo salvarse. Tenía 22 años y mi ego se descontroló, sentí miedo, y me la pasaba fumando marihuana”.

(Foto de Mike Miller)

(Foto de Danny Clinch)

Toda esta etapa se refleja en el disco llamado, justamente, Thug Life, un disco fuerte de bases elegantes y sensuales que sostienen letras cargadas de hartazgo y furia. De acá se desprenden los destacados Cradle to the Grave y Pour Out A Little Liquor, aunque el verso que mejor explica el espíritu de esta etapa lo encontramos en de Bury Me a G: “seguir las reglas fue el pecado mayor”.

En perspectiva podemos decir que el período 1993/1994 es el momento en el que Tupac empieza a morir, en el que fue cercado por todos los desbordes posibles de la fama. Sin discernimiento, se subió a cada provocación, y cuando la batalla parecía ganada ya era tarde: demasiadas heridas abiertas en un ambiente demasiado traicionero.

En plena preparación del personaje de Above the rim -Birdie, un dealer que repartía su tiempo y andanzas entre boliches y torneos de básquet- Tupac conoce a Jacques Agnant (aka Haitian Jack), un fiel reflejo de ese personaje con mucho peso en la noche de Nueva York que le sirvió de inspiración. Biggie Smalls, por ese entonces amigo de Pac, fue uno de los primeros en advertirle que se alejara de la órbita de Haitian, pero para Tupac no había nada de qué temer, “somos todos negros”.

Tupac y Biggie

Biggie y Tupac

Ubiquémonos en noviembre de 1993. Haitian y su socio Fuller le presentan a Tupac a una chica llamada Ayanna Jackson. Estaban en el boliche Nell’s de Manhattan, bailaron un rato y ella le practicó sexo oral. No pasó mucho para que lo visitara en el hotel donde estaba parando. En la habitación estaban Pac y la dupla neoyorkina. Cuando ella llegó Tupac se estaba yendo a dormir, le hizo unos masajes y para él la noche había terminado ahí. Unas horas después estaba la policía llevándolo preso por violación. “Si de algo me arrepiento esa noche es de haberme ido a dormir, no tendría que haberla dejado sola, pero ¿cómo imaginarme algo así?” declaró cada vez que le preguntaron por lo ocurrido.

Si bien no era el único hombre en la suite del hotel -y la acusación inicial hablaba de “violación grupal, sodomía y posesión de armas”- solo él fue detenido. Al enterarse de un posible arreglo entre la policía y Haitian, Tupac lo acusó de haberle hecho una trampa y soltó a la luz de los medios todas las insinuaciones posibles para delatar sus negocios ocultos.

Ahora nos detenemos en noviembre de 1994, precisamente en la previa a que el tribunal dé su veredicto por la acusación de violación. Con una enorme familia a cargo y una acumulación importante de demandas, las cuentas de Tupac no cerraban por ningún lado, y las ganancias de sus discos no terminaban nunca de llegarle en tiempo y forma. Frente a este escenario es que acepta hacer una colaboración para el disco de Little Shawn, un rapero emergente que tenía como mánager, justamente, a un amigo de Haitian Jack, y que, a su vez, era cercano a Biggie y Sean Combos (Diddy), quien estaba tratando de darle forma y estructura a su Bad Boy Records. Cuando llega a los estudios Quad, en el hall de entrada, tres tipos entran y le pegan cinco tiros. Tupac, que se hace el muerto para que dejen de dispararle, una vez que los escucha irse se arrastra como puede hasta el ascensor y sube al 9no piso donde estaban todos.

Thug Life (Foto de Mike Miller)

Hacía un par de años que Biggie y Shakur se conocían, tenían una amistad cercana y una excelente relación profesional, de mucha admiración mutua. Tupac le había abierto las puertas de su casa, más de una vez lo bancó económicamente y le daba espacio en sus conciertos para que se vaya haciendo un nombre más allá de Brooklyn. A Biggie le encantaba la carrera que estaba haciendo Pac y quería seguirle los pasos, incluso en la actuación; en cambio, tenía dudas con la visión musical de Diddy, le parecía superficial, así que más de una vez llamaba a Tupac para que lo asesore, hasta llegó a pedirle que sea él quien maneje su carrera y Pac le dijo que no, que siga con Diddy.

“Nunca creí que un negro podía hacerme daño, sólo entre negros yo me sentía realmente seguro, sin embargo, ahí estaban esos tipos disparándome mientras que en el 9no piso estaban otros a quienes yo consideraba mis hermanos”. Tupac estaba convencido de que Biggie y Diddy tenían algo que ver. Luego se confirmó que ese ataque vino del lado de Haitian Jack para vengar las declaraciones públicas que Tupac había hecho sobre ellos, sin embargo, insistía “fue en su barrio, en su estudio, con su gente, algunos cercanos a Haitian, es su zona, tenían que haberme advertido”.  

La última foto minutos antes del tiroteo

La zona de Bad Boy Records era la Costa Este, la de Tupac era la del Oeste, y aunque todavía él estaba afuera, la representación la tenía Death Row, el sello de Suge Knight, aun asociado con Dr. Dre por ese entonces, y que hasta ese momento tenía una buena relación con Diddy. Esos cinco tiros dieron comienzo a “La guerra de las Costas”, que, además, incluía a dos de las pandillas más importantes de Compton: los Pirus, que eran básicamente la estructura de Death Row, y los Crips, que negociaron con Diddy, y esa fue otra de las traiciones en juego, que siendo de la Costa Oeste ofrezcan protección a los de la Costa Este.

Las 24 hs. post tiroteo dejaron dos imágenes históricas de Tupac: la primera es haciendo “fuck you” cuando lo están subiendo a la ambulancia en la puerta de los estudios, y la segunda es llegando a los tribunales para el cierre del juicio -luego de escaparse del hospital recién operado- en silla de ruedas y vendado.

Finalmente se confirmó que no hubo violación, ni sodomía, ni armas, pero sí “abuso sexual en 1º grado”. Todo se había reducido a que Tupac le habría tocado una nalga sin su permiso a Ayanna Jackson. En febrero de 1995 se hizo firme la condena y debería cumplir de 1 año y medio a 4 años y medio en el Correccional Clinton, prisión de máxima seguridad: “Están condenando que soy un Shakur. Sé que saben que soy inocente, pero eligen condenarme porque me quieren callado. Y está bien, me lo merezco, soy culpable, pero no de lo que dicen, soy culpable de haber sido irresponsable con mi vida”.

Tupac Shakur llegando a los tribunales de Manhattan el 1 de diciembre de 1994 (Foto: Eric Miller)

Tras el tiroteo en el Quad Studio

El lanzamiento de Me Against The World coincidió con su estadía en la prisión y reventó todos los récords posibles, incluso el de ser el primer artista privado de la libertad estando primero en ventas. El nivel poético de este disco es una bisagra absoluta en el mundo del rap. Más biográfico, más profundo, más introspectivo, Tupac nos regala letras como la insoportablemente sensible So Many Tears y la valiosa y adorable Dear Mama, ultra reconocida a través de los años, incluso por los sectores académicos más conservadores y prestigiosos de Estados Unidos. “Solamente quería que mi mamá sepa que valoro todo lo que hizo sola con dos hijos. Y sé que son muchas las que viven así. Crecí entre mujeres, las vi solas haciendo todo lo posible para llevar adelante sus familias sin abandonar el sueño de transformar la realidad de un país en el que ‘hacer todo lo posible’ nunca alcanza para vivir dignamente”.

Mientras la música de Tupac hacía historia, sus cuentas estaban en rojo. Interscope ya no sólo demoraba las rendiciones, también lo habían prácticamente “abandonado” en la prisión. Por aquellos días, y por sugerencia de su madre, se aferraba al libro El arte de la guerra, de Sun Tzu.   

(Foto de Mike Miller)

En plena lucha con el sello para resolver el tema de sus ganancias, le llega el rumor de que Biggie definitivamente estaba al tanto del tiroteo. Las pocas o muchas posibilidades que había de que la amistad entre ambos se reparara quedaban atascadas en los manejos de Diddy, que le envió una carta formal y despersonalizada para “acompañarlo”, y convencía por detrás a Biggie de no ir a visitarlo ni llamarlo, y de no sentarse a aclarar nada con nadie “porque no hay nada que aclarar”.  

Es ahí cuando Tupac decide firmar con Death Row y manda a llamar a Suge Knight, uno de los peores tipos de la industria, que lleva en sus espaldas varias cruces, pero también la chapa de haber cosechado varios de los mejores discos. Así y todo, mal que nos pese, Suge no fue lo peor que le pasó a Tupac. En un punto, fue más víctima Biggie de Diddy que Tupac de Suge, la diferencia es que fueron diferentes a la hora de hacer los entramados. Suge gozaba ostentando su porte mafioso mientras Diddy hablaba de “positivismo”.

Tupac fue finalmente liberado el 12 de octubre de 1995 bajo una fianza de un millón cuatrocientos dólares pagados por Death Row como adelanto. El trato era sacar tres discos a cambio de la libertad, protección, una casa para él y otra para su madre. Además, Suge se haría cargo de todos los gastos sucesivos y del ritmo de vida de Pac. La letra chica del contrato no necesitó ser incluida en un papel bajo firma: irían, también, por la destrucción de Bad Boy Records.

En una producción de David LaChapelle

Del correccional Clinton se fue directo al estudio a grabar. Una de las primeras escapadas del estudio fue para realizar una sesión con el gran David LaChapelle en la que aparece bañándose; esa fue la manera que eligió de decirle al mundo que estaba afuera, limpio y listo para volver a empezar. Meses después repitió el encuentro con el fotógrafo para recordar los tiempos de la esclavitud afroamericana en los campos de algodón, y así también dejaba en claro que su regreso no iba a cambiar el respeto a sus raíces y que su voz seguiría a merced de ellas.

Ya no salía solo, se rodeaba de guardaespaldas, iba con chaleco antibalas para todos lados y su círculo íntimo se limitaba a los Outlawz, la banda con la que grabó los últimos discos, conformada mayoritariamente por amigos de la infancia, su primo Kastro y su hermano espiritual, también hijo de Panteras Negras, Kadafi. Sí, los Outlawz llevaban nombres de líderes enemigos de Estados Unidos o que le fueran incómodos. Pac rompió la regla y, como gran anfitrión, renacía bajo el seudónimo Makaveli.

All Eyez On Me fue lanzado en febrero de 1996. Es el primer disco doble del hip hop y podría funcionar perfectamente como una enciclopedia recargada de su obra: sexo, política, visiones y el sueño cumplido de grabar con Dr. Dre.

Imposible no detenerse en el lanzamiento del single Hit ‘em up, un grito de guerra hacia Diddy y Biggie que suele ser considerado -con justicia- el mejor diss de todos los tiempos: “acá está el matón que amas odiar”. Touché.

En una producción de David LaChapelle

En una producción de David LaChapelle

Para The Don Killuminati: The 7 Day Theory, último disco grabado, puso las voces en 3 días y la mezcla se realizó en 4 días. Acá vuelve a llevar todo a otro nivel, imposible imaginar como hubiera seguido después de este disco que es un clímax absoluto, narrando -con una sensibilidad y belleza exquisita- la experiencia del encierro y el renacimiento de la liberación, un cuerpo vivo en el que las luces y sombras nunca descansan e intentan asimilar las lecciones. Y sí, es un disco que tiene todos los matices de una despedida y que esconde una última gran predicción (o tal vez una profecía). Grabado en agosto y lanzado en noviembre, las letras ya no eran las mismas con esa semana fatal del 7 de septiembre en el medio.

Suge y Tupac viajaron con toda su crew a Las Vegas para ver la pelea de su amigo Tyson. Una vez terminada, se cruzaron en el hotel MGM Grand con Orlando Anderson, de los Crips, que semanas anteriores había querido robar un colgante de los Death Row. Al enterarse que estaba ahí, Pac no dudó y se le fue encima. Las cámaras de seguridad del hotel registraron como, pasadas las 20:30, entre todos lo encierran y golpean. Dos horas después, yendo hacia el Club 662, el auto en el que iban Suge y Tupac (insólitamente sin chaleco antibalas porque “en Las Vegas estoy como en casa”) recibía 13 disparos, la mitad impactaban en su cuerpo y cumplían su misión el 13 de septiembre a las 16:03 hs.

Pac y Suge Knight

En estos 22 años no hubo detenidos. Kadafi, que iba en el coche de atrás siguiéndolos, dijo que podía reconocer a quién disparó. No tuvieron urgencia en llamarlo a declarar y después ya no hubo tiempo: a los dos meses apareció muerto. En Compton, esa semana fatal de septiembre, hubo más de 20 tiroteos entre las pandillas. Se dice que la guerra liberada entre los Crips y los Pirus llegó a tal punto que se perdió prácticamente a toda una generación.

Recién en el 2007 se supo qué fue lo que pasó, sin embargo, nunca hubo anuncios oficiales. En los ’90 al policía Russell Poole le habían boicoteado su investigación. En el 2006 el Departamento de Policía de Los Ángeles impulsa una nueva investigación que cae en manos del detective Greg Kading que logra rearmar los hechos, pero también confirma la advertencia que le había dado Poole: al Estado no le interesa hacer justicia en sí, solamente buscan confirmar y limpiar la causa en caso de que haya participaciones de policías. Frente a esto, Kading pide su retiro y hace pública la investigación.

Diddy le había prometido un millón de dólares al líder de los Crips, Keefe D, por deshacerse de Tupac. Orlando Anderson, quien finalmente es el que dispara, era el sobrino de Keefe D, así que la golpiza de aquella noche fue la excusa perfecta para concretar el trabajo encargado.

(Foto de Shawn Mortensen)

En marzo de 1997, Suge Knight vengaba la muerte de Tupac: le pagaba a Poochie, uno de los suyos de mayor confianza, para que termine con la vida de Biggie. Tampoco hay detenidos por esto; Suge lo está, pero por otros cargos y Poochie murió en el 2003. Keefe D está libre, con un cáncer terminal que lo llevó los últimos años a declarar abiertamente cómo fueron los hechos; lo cierto es que tampoco altera ningún código de pandillas ni molesta a nadie con sus declaraciones, la mayoría de los involucrados están muertos, incluyendo a Orlando Anderson, que fue asesinado en un ajuste de cuentas en 1998. Por último, pero para nada un detalle menor, y no sólo desde la lectura más obscena y veloz, sino también porque es una clave para poder leer como se suele revisar la rivalidad entre las Costas: en agosto de 1997, la Rolling Stone le daba una tapa a Diddy nombrándolo El Nuevo Rey del Hip Hop. América estaba en orden: la rebeldía mainstream había ganado, una vez más.

El resto es historia desconocida frente a un futuro que se achica para darle lugar a esa última profecía dejada por Shakur, el inolvidable y necesario Tupac Amaru Shakur. Mientras tanto, “ya sabes, mantén la cabeza en alto y hacé lo que tengas que hacer, entonces ahí yo renaceré”.

 

 

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