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En la comisura del volcán

Por Luciano Sáliche | Foto: Damián Dopacio

I

Mil cuarenta y siete días de Gobierno lleva Cambiemos y ahora, en octubre, mes intenso, entra en una de las curvas finales de la gestión. Al menos de esta, que puede ser la primera o la última. Lo cierto es que todo parece vivirse al filo de un derrape, con los nervios de punta y el hastío rebalsado. Es que cada palabra que Mauricio Macri emite en público y cada medida que toma el Gobierno se lee como una embestida contra la clase trabajadora. El cinismo de Cambiemos, que se niega a torcer las riendas de un plan económico que nos hunde, está en su continua algarabía: así, obligados, bailamos todos la cumbia de la democracia sobre la comisura de un volcán.

Para tu enojo, hay respuestas: balas para unos, gases lacrimógenos para otros, chistecitos nazis para el resto. El sueño de la democracia se deshace en la boca de los sedientos, y en Argentina, ésto ya es normalidad. El debate por el Presupuesto en el Congreso se puso tenso adentro y violento afuera. Una vez logrado el quórum, el oficialismo se propuso sesionar y avanzar con este asunto, como quien avanza con un trámite sencillo. Pero se encontraron con algunos diputados que, al ver lo que sucedía en la calle —la multitudinaria manifestación y la represión como respuesta— intentaron frenar la sesión.

La policía, el brazo armado del Capital, sigue un protocolo de acción que le da el poder político de turno. Y digo de turno porque hoy, quienes atienden la única farmacia que abastece en estas latitudes, han decidido volver a usar la represión como solución. Balas y gases lacrimógenos a mansalva. Pero, ¿cuánto tiempo más podrán contener esa ira popular que, analizada incluso con mucha mesura, representa una reacción lógica? Diciembre ya empezó y todo indica que la masa de trabajadores, mientras más sienta los azotes de esta economía de austeridad, más comprende que el pacifismo es un lujo innecesario.

II

Ayer, mientras la Cámara de Diputados sesionaba el Presupuesto 2019, el elástico de tolerancia volvió a romperse. Hay algo que no es de fondo, y es el Presupuesto mismo. Teniendo en cuenta que la inflación de septiembre fue de 6,5% y ya acumula un 32,4% en todo el año —a este paso, podría cerrar el año con un número muy cercano al 50—, la propuesta del Ejecutivo es de 229.304 millones de pesos, mientras que el presupuesto vigente, el de este año, es de 201.705 millones de pesos. Es decir, apenas un 13,7% de aumento en términos nominales.

El contexto, que es la clave para entender el impacto de un Presupuesto “a la baja”, refleja que —según datos del INDEC— la canasta básica subió en septiembre un 8,5% y, a partir de ahora, una familia necesita más de $23.700 para no caer en la pobreza. Es paradójico porque, además, este monto superó los dos salarios mínimos vitales y móviles. Son dos cosas diferentes: la primero la confecciona el INDEC en base a la canasta de alimentos y el segundo lo hace el Consejo del Salario perteneciente al Ministerio de Trabajo (desde hace unas semanas: Ministerio de Producción y Trabajo).

Volviendo al Presupuesto —que finalmente se aprobó tras 17 horas de sesión con 138 a favor, 103 en contra, con 8 abstenciones y 7 ausentes— el recorte es notable. La partida de Educación indica un 77% menos en Infraestructura, 68% menos en Edificios para Jardines Infantes, 69% menos en Aprender Conectados – Conectar Igualdad, 36% menos en Formación Docente, 60% menos en Programas Socioeducativos y 35% menos en Becas para los estudiantes. En materia de Salud, el programa de Atención de la madre y el niño (enfocado a embarazadas, niños y adolescentes), por ejemplo, se reduce un 76,4%. Son apenas unos números perdidos en la olla negra del ajuste.

III

Mientras tanto, el periodismo mainstream sigue señalando la bronca y la furia de “los inadaptados” —¿qué bandera representa a los servicios de inteligencia?— y repitiendo el discurso que más le conviene al Gobierno: el que avala la represión. Pero también, omitiendo con descaro las balas de goma disparadas a las cabezas de los manifestantes; esas balas made in USA —¿les enviará el FMI, mentor de este ajustado Presupuesto?— que cada vez que se disparan el mundo se vuelve un lugar peor. Ayer, entre las llamas de este diciembre adelantado, fueron detenidas 26 personas. Es el fuego del volcán que ruge, que arde, que quema, pero que aún no ha desatado su rutilante erupción. ¿Ustedes la esperan? Suceda o no suceda, este ardor ya es insoportable.

 

 

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