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De la música al psicoanálisis

Por Sebastián Gamazo | Imagen: Mariano Peccinetti

I

Escuchando una vieja entrevista a Gustavo Cerati que se corresponde con la época de Bocanada, indicaba: “Cuando escribo, estoy sometido a lo que musicalmente me sugiere”. Podemos pensar que la poética de la letra es consecuencia de lo que le sugiere este sometimiento a la música.

En psicoanálisis, cuando hablamos de hacer poética, nos referimos a hacer poética de la exigencia del síntoma, aunque en ambos casos, en las letras y en el análisis, hablamos de un destino de la pulsión. Me interesó pensar si se tocan los modos. Es decir, ¿qué relación podría haber entre aquello que ocurre en la producción musical y los recorridos del análisis?

II

Pensemos primero qué vínculo hay entre la música y el lenguaje. Los psicoanalistas no somos lingüistas, sin embargo es innegable que trabajamos con el lenguaje. Decir que la música es un lenguaje es un forzamiento de este, sin embargo no podemos negar que la misma es reconocida, quizá equivocadamente, como un modo de expresión. No me refiero a la poética de las letras de una canción, sino a lo instrumental propiamente dicho. Una melodía es muchas veces capaz de transmitir algo por fuera del lenguaje, tal cual lo muestra el estilo singular de algunos intérpretes o algunos fragmentos instrumentales de las piezas musicales que poseen letra.

Hay algunos puntos de intersección entre la música y el lenguaje, a la misma se le atribuye modos de representar emociones, de comunicar. Si bien la función del lenguaje no es esta, es un efecto colateral de su existencia que en el malentendido estructural se genere el efecto de la comunicación. Diré por otra parte que la función de la música tampoco sería comunicar o transmitir algo, ni siquiera tiene la función de hacer lazo, la música en un comienzo es, en todo caso, goce, sin embargo comparten ese efecto colateral.

III

Si la música no es propiamente un lenguaje, por más que ésta tenga su escritura, hay que decir que hay un vínculo entre lo que Lacan denominó lalengua y la música. Lalengua no es el lenguaje en tanto estructura simbólica, ésta remite al laleo, a los sonidos de los que se cree parte el lenguaje en el hablante. Lalengua es su estructura fónica por fuera de cualquier forma gramatical, es su cara real.

La materialidad fónica puesta en juego en lalengua es la música con la que cada hablante en el atravesamiento de un análisis escribe su síntoma. Aunque la escritura del síntoma no es sin los recorridos que subyacen a la demanda dirigida al analista, ubicado en el lugar de Sujeto Supuesto Saber acerca del padecer, de esta manera se hacen sentidos y se pone en orden los pliegues del deseo y los repliegues del goce. La música por su parte es un saber hacer con ese traumatismo de lalengua en el cuerpo, porque comparten la misma raíz.

IV

En un análisis trabajamos con la música de la lengua de cada hablante. No por nada la misma es capaz de tocar el cuerpo de quien escucha y de quien ejecuta. Podemos decir que el significante también toca el cuerpo, pero la música habría que ubicarla en un punto anterior a toda dimensión significante, de ahí esta relación a lalengua. En todo caso se trata de ubicar qué función cumple la música en cada individuo o cómo se articula la misma, más que de ubicar una regla general para la música, de la misma forma que vamos ubicando la particular relación que tiene cada hablante con lalengua.

Si retomamos la frase de Gustavo Cerati, lo que el artista le enseña al psicoanalista es que si la música remite a lalengua, la poética es una producción novedosa, en el análisis y en el arte, pero es sólo por sometimiento que surge la poética, a la música o a lalengua. Una invención del hablante para tratar con el traumatismo de lalengua en el cuerpo.

 

 

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