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El meme y su relación con lo inconciente

Por Julián Ferreyra

 “La brevedad es el cuerpo y el espíritu de todo chiste y hasta podríamos decir que es precisamente lo que lo constituye”
Sigmund Freud, citando a J. P. Richter
El chiste y su relación con lo inconciente (1905)

I.

Decido escribir y pensar sobre el meme por al menos dos anécdotas que tocaron directamente mi oficio.

Primero como docente en la Universidad, al encontrarme con un grupo de estudiantes que, ante mi tradicional propuesta de apelar a la originalidad, decidieron armar unos ingeniosos memes para presentar su coloquio de fin de cursada. Incluían memes famosos y les introducían conceptos o alusiones teóricas o trabajadas en la cursada, provocando un sofisticado humor. Porque un meme se confecciona en general así: una imagen o iconografía que apela a una paratextualidad –por ejemplo un personaje o escena de un film-, que se supone conocida por el destinatario, es mixturada con una frase o idea propia, local; un collage que produce un hecho significante.

Segundo, como psicoanalista. De un tiempo a esta parte el meme se me ha tornado prácticamente cotidiano. En un inicio me sucedía solamente con púberes o adolescentes, quienes me mostraban o aludían a tal o cual meme, o frente a quienes yo mismo introducía al meme como modo de intervenir. Pero luego el meme apareció tanto en los análisis de niñxs más pequeñxs –que aunque no tengan redes sociales sí consumen distintos Youtubers- como de adultos, incluyendo “adultos mayores”. Allí donde uno solía solamente usufructuar del chiste, ahora también se vale del meme.

Más allá de lo novedoso del fenómeno esto no es nuevo para el psicoanálisis, ya que el meme se relaciona con el chiste y este, desde Freud, con lo inconciente. Así, me resultó interesante y quizás necesario no reducir el meme a lo propio del chiste, del Witz freudiano, pero tampoco darle tal especificidad que omita posibles articulaciones o desplazamientos a lo propio de su propuesta. Por ello, algunos interrogantes: ¿el meme implica necesariamente lo banal, o puede incluir ideas importantes, contestatarias, contrahegemónicas? ¿Qué relación entre chiste, inconciente y meme? ¿Es el meme una actualización del primero? ¿Son lo mismo? ¿Es el meme una clase o subtipo de chiste? ¿Qué lugar, uso y función del meme en un psicoanálisis?

Conjeturo que si Freud viviera hubiera utilizado memes. Él solía apelar a la estética y al análisis pictórico como fuentes ineludibles. Quizás incluso hubiera incluido en su obra a sus propios memes, tal como se valió de sus propios lapsus o sueños.

II.

Meme proviene de un concepto del biólogo Richard Dawkins, en el libro El gen egoísta (1976). En éste se exponía la hipótesis memética de la transmisión cultural, siendo el meme la unidad mínima de información que se puede transmitir. Para el autor los memes conforman la “base mental” de nuestra cultura, como los genes conforman la primera base de nuestra vida. ​Años más tarde, el propio Dawkins describió a los memes de internet como un secuestro de la idea original, es decir, asumía que el concepto de meme había mutado y evolucionado por sí mismo. Hablaremos de los memes que se replica vía internet, Whatsapp o redes sociales de persona a persona –de usuario a usuario- hasta alcanzar amplia difusión.

Encontramos una curiosa mixtura entre biología, genética, neurociencias y comunicación multimedia en investigaciones o ensayos acerca del meme; tal es el caso de Knobel y Lankshear (2007), quienes sugieren algo interesante: la mayoría de los memes no son replicados de manera “intacta”, sino que pasan por diferentes procesos de reinterpretación y modificación, lo que permite obtener diferentes versiones, respetando la idea original, posibilitando esto, a su vez, su propagación masiva. Los memes pueden mantenerse inmutables o evolucionar en el tiempo, bien por azar, o bien por imitación, parodia o por el añadido/actualización de nuevos contenidos. Algo parecido sucede con los chistes, en donde una misma lógica incluye en un momento o latitud determinada a tal o cual personaje o tópico; o también un mismo personaje -por ejemplo Jaimito- o una misma rima -“Mamá, Mamá en la escuela me dicen…”- hacen las veces de plataforma de diversos contenidos. Pero en el meme, por ejemplo, encontramos algo que en los chistes no: hay memes de memes, es decir, memes que parodian o incluyen a otros memes previos, produciendo un encadenamiento, un linkeo por demás interesante.

Diversos autores coinciden en la importancia de que los memes sean compartidos en el interior de subculturas específicas. Masotta citaba a Bergson y recordaba que “para reírse de un chiste hay que ser de la parroquia”. Existiría una relación entre meme y los procesos de construcción de identidad. Un sentido de pertenencia. Esta cuestión, la relación entre meme e identificación, la retomaremos luego.

Así, muchos han visto en el fenómeno del meme el testimonio de un posible mecanismo de evolución cultural. Pero en un sentido no evolucionista ni genetista, resulta interesante situar al meme en la sincronía de lo que el filósofo Bifo Berardi ubica como el desplazamiento de la conjunción a la conexión; esto es, una verdadera mutación antropológica a través de la implementación de la tecnología digital en la vida cotidiana, que genera variaciones en la cognición, percepción y sensibilidad. Una transición en curso de la infoesfera alfabética hacia la infoesfera digital –transición que no implica oposición dialéctica-.

III.

En las palabras introductorias a El chiste y su relación con lo inconciente James Strachey plantea que el escrito se originó ante un planteo -o quizás reproche- de Fliess a Freud acerca de la “excesiva” presencia de chistes en el por entonces borrador en imprenta de La interpretación de los sueños (1900-1). Freud tomó este planteo y le comunicó que pronto escribiría una justificación teórica acerca de la curiosa presencia de chistes en los fenómenos oníricos; tal es así que en la tercera parte de El chiste… Freud partirá del vínculo entre chiste y sueño, para luego concluir la relación de ambos con lo inconciente; más aún, construye su neologismo, Witzarbeit, modelado desde el mecanismo o trabajo del sueño. Inconcientemente, en la empresa de escribir un libro que justificara teórica y minuciosamente la pertinencia del sueño como testimonio o ejemplo de un aparato psíquico regido por otra lógica, a Freud se le colaban chistes a cada rato. Esta anécdota, hoy en día, bien podría ser graficada cual meme, quizás uno dirigido hacia Fliess. ¡Porque nada más tentador para armar memes que la relación Freud-Fliess!

La voz alemana Witz –“chiste”, pero también lo propio de “hacer una gracia” o de un “gracioso ingenio”- es trabajada por Lacan en Escritos I como una “salida ingeniosa”, como una agudeza fulgurante que anonada en un instante el orden entero del lenguaje. A diferencia del chiste, un meme es ante todo instante, inmediatez.No es que no posea un relato, sino que en todo caso éste se encuentra tácito, implícito o aludido indirectamente: aunque inmediato el meme también nos cuenta un cuento.Esto tampoco es exógeno al chiste, ya que su fachada está destinada a deslumbrar la mirada; en el caso del meme, la mirada es deslumbrada al detenerla ante una pantalla.El Witz permite revelar e indicar fugazmente la inconsistencia del Otro, ya que el chiste es siempre reconocido y sancionado por éste. Así lo plantea Jinkis (2015): “…está soportado por la función del tercero (…) promete un sentido, pero es Witz porque no entrega lo que promete (…) El chiste dice algo sin decirlo del todo, casi lo dice diciendo otra cosa (…) Pero no es absurdo”. Pensemos por ejemplo en el portal EAMEO y cómo todo meme es esencialmente político; pensemos cómo el meme es una suerte de profanación del lenguaje, de las buenas formas y del estilo, siendo esto un medio para provocar un efecto de verdad. Lo propio de un medio-decir.

Hay memes que prescinden de palabras, y otros que conjugan imagen y palabra; a veces la imagen funciona como mero fondo, y la palabra como figura, pero siempre con una condición: si hay palabras, estas también terminan leyéndose –mirándose- como imágenes; tal como sucede con un rebus. En psicoanálisis conocemos las ventajas de contar con un discurso sin palabras.

Quizás viene bien recordar que entre chiste y meme encontramos otro género, la sátira, manifiesto político y crítico hacia la autoridad, lo “elevado” y la moral. El chiste es un medio contestatario en donde la figura o sujeto que está mandado a encubrir cierto funcionamiento de un Amo termina delatándolo, poniéndolo/se en evidencia. Este mecanismo es totalmente cotidiano en los memes, al punto de estar definido por ello. Así, el meme es una excelente metáfora de la histerización del discurso: el modo en que alguien se convierte en analizante no sin cierto pasaje por la histeria, mediante la invención de un Amo a quien mostrarle, enrostrarle, su verdad. Tal como sucede con lxs niñxs a quienes se les “escapan” verdades sin saberlo. El meme sería también una buena excusa para la constitución de un espacio o margen propicio para sortear y traspasar la censura, e incluso para sublimar cierta hostilidad, en tanto lo cómico, el humor negro y lo absurdo introducen un placer ontológicamente nuevo. Así, como en la histeria en análisis, se constituye un espacio industriosamente rebelde.

IV.

Un meme es ante todo una lógica, casi al estilo de una construcción freudiana: hace emerger otra escena, otra lógica. Puede ser una imagen o un gif, pero también un video breve o un capítulo entero de una serie pueden funcionar como memes. Es decir, prácticamente cualquier cosa puede tener el estatuto de meme: una anécdota o situación efectivamente acontecida pueden serlo. Un psicoanálisis, una situación dentro de un tratamiento, puede funcionar también como tal.

El meme incluye por supuesto el humor, la sátira y lo caricaturesco; interpela al tiempo que causa una peculiar identificación que, eventualmente, produce una (auto)crítica. Recordemos que no casualmente meme es mímesis, lo propio de una escena imitativa. Hay en el meme una tendencia a introducir la tragedia desde la parodia, pero suele tratarse de una tragedia sin héroe. Esto es muy caro a la posición neurótica, y a lo propio de cualquier identificación, con su correspondiente efecto: la cancelación de una incógnita, la pasividad. Muchos memes están pensados para que alguien se identifique –que incluso se ría de sí- y que, a su vez, lo comparta, postee, envíe por Whatsapp, etc. En Freud había algo similar: trabajaba sobre los chistes de judíos, sobre todo los contados o hechos por los propios judíos, e introducía la premisa de que justamente la condición para el trabajo del chiste era que la propia persona formase parte de lo censurado por el chiste: porque en todo chiste, necesariamente, uno se ríe de sí mismo.

Cuando el meme es políticamente incorrecto la cosa es aún más interesante: interpela y permite circunscribir algo de la propia posición. Ahora bien, y retomando algo anterior, el meme podrá haber sido analíticamente útil cuando se concluye no sólo en la risa, parodia o mera crítica a tal o cual significante Amo, sino cuando el mismo empieza a caer por peso propio, a mellar y a permitir la producción de un saber-hacer. Es decir, se trata de utilizar el meme hasta el punto de que el mismo, su efecto, comience a fracasar, a no ser tan satisfactorio ni a representar tanto a quien lo enuncia. Este fracaso es el horizonte de todo chiste, de todo meme, tal como sucede con un acto fallido: se realiza cuando fracasa, cuando deja a un lado a lo cómico y permite que aparezca una verdad.

Abundan críticas posmodernas a la propia posmodernidad; por ejemplo, críticas a la primacía de la imagen en nuestra cultura y en las formas de comunicarnos o informarnos. No creo inválidas estas críticas, pero sí muchas veces, por su redundancia, obvias, poco útiles, imprecisas: cuando se explican fenómenos sociales o clínicos tan diversos desde la misma premisa, uno no puede más que desconfiar. Por el contrario, en un psicoanálisis resulta más conveniente que el pensamiento, lo que se dice, se parezca más a una imagen que a una palabra. De hecho Freud describía a la asociación libre como un pensamiento en imágenes, y el meme aquí nos juega a favor. Más de una vez alguien ha retomado su asociación libre mediante la alusión e implicación a tal o cual meme; de nuevo desde Jinkis, “…a causa del equívoco significante, el deseo inconciente (…) necesita del carácter chistoso, que a su vez obstaculiza aquella satisfacción a cambio del placer que brinda una revelación velada”.

Porque tanto en internet y las redes como en un psicoanálisis, un meme es algo que se transmite -se transfiere- de persona a persona: la viralización concluye en la masividad, pero antes que nada implica la transferencia de un afecto, algo que toca a quien lo recibe, mira u oye. Escuchar un chiste, mirar un meme, implica una respuesta, una complicidad posible, una cesión: “…uno se va a dejar cautivar para que el otro, el otro en uno, uno y otro, aflojen sus inhibiciones” (Jinkis, 2015) y se continúe, así, la libertad asociativa. Pero recordando que la misma no equivale a mera conexión o linkeo, y por ende recordando –rectificando- esto para que el meme no sature de sentido.

V.

¿Será que al final de un tratamiento podría liquidarse la transferencia mediante la reducción del propio analista a un meme? En el mismo sentido, ¿no hay un excelente ejemplo de lo que es un meme en la circunscripción y ficcionalización de una transferencia? Retomando la relación chiste-meme-sueño, desde los denominados sueños biográficos o programáticos descriptos por Freud encontramos otra pista, a saber, que muchas veces un meme puede representar para alguien el contenido mismo de toda su neurosis, siendo testimonio del conflicto en su forma simplificada.

Si desde Freud se deduce que el mecanismo de la interpretación es el del chiste, no estaríamos mal en proponer al meme como uno de los tantos modos de ceñir al acto interpretativo. De hecho, un meme también se ubica entre la cita y el enigma lacanianos: si no incluye alguna alusión familiar no será entendido –ni tampoco permitirá que eso familiar se torne ominoso-; y si es demasiado obvio será grotesco más no gracioso. Decíamos que la verdad implica un medio-decir; a su vez la verdad siempre se contra-dice y, por ende, se parece a un chiste.

Todo meme es político o, mejor dicho, políticamente incorrecto. Un psicoanálisis también, ya que debe ser lo nada menos cercano a la corrección. El acto analítico implica una política que es la de dignificar el síntoma. ¿No es acaso un síntoma, llevado a su forma mínima, algo muy parecido a un meme?

Hace poco concluí una sesión proponiéndole a alguien lo siguiente: “es hora de crear tus propios memes, o al menos de particularizar el tuyo desde otro”. Arriba decíamos que se intentará que el meme fracase, y el (sin)sentido de esto es la configuración de un horizonte de emancipación. ¿Se tratará, entonces, de devolverle al neurótico su capacidad de producir sus propios memes?

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