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El debate de la derrota

Por Facundo Milman

Luego de la ferviente discusión suscitada entre la principal provocación polémica enunciada por el historiador Eduardo Sartelli hacia el escritor Martín Kohan en la red social Facebook, se estableció el aclamado y tan esperado debate en la Facultad de Filosofía y Letras (Puan 480) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), lugar donde ambos son docentes. La actividad se llevó a cabo en el aula 108 y, precisamente, en el aula magna de dicha facultad.

En la previa, llegando al aula del primer piso, se colocaron dos puestos: por un lado, representado al CEFyL (Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras) que luego transmitiría en streaming el debate y, por otro lado, representado a RyR (Razón y Revolución) que se procuraba de vender su material académico como libros y publicaciones diversas. No es un dato menor la comercialización de pochoclos, gaseosas y golosinas en la previa, es decir, la antesala al esperado debate ya anunciaba un espectáculo, o mejor aún, como una salida al cine, y no solo eso, sino también un espectáculo academicista donde había entrada libre y gratuita para toda persona que querría entrar a escuchar. De hecho, como otro momento ilustrativo del acontecimiento, el aula estaba completa: no sobraban lugares, había personas paradas mirando el debate y gente, por momentos, riéndose.

Ya terminada la previa, se generó el debate donde el tema, titulado por la cátedra de Historia Argentina III B (Sartelli), a tratar era: “Los intelectuales ante la derrota de la revolución”. Luego de una breve introducción resumiendo lo que había ocurrido en Facebook y de dar los agradecimientos correspondientes hechos por Martín Kohan, se inició el debate. Eduardo Sartelli tomó una parte de las obras novelísticas de Kohan: Dos veces junio (2002), Museo de la revolución (2006) y Ciencias morales (2007). En esas obras sistematizó, por lo pronto, cuatro características en sus lecturas: poder disperso, ausencia del sujeto y mecanismos impersonales y, precisamente en Dos veces junio, sostuvo el historiador, la Escuela de Frankfurt enfocándose en los miembros imprescindibles como Theodor Adorno, Max Horkheimer, Herbert Marcuse y, por la periferia, Walter Benjamin. Prosiguió con su argumentación sosteniendo, como base, una despolitización por los recursos esbozados por Martín Kohan y añadió, de forma soslayante, su argumento en contra de Hannah Arendt: “escribía sobre el sueño de la libertad mientras se acostaba con un nazi”. Un momento tenso que generó un abucheo entre el público hacia Sartelli.

El historiador continuó con su argumentación y apuntó: “Basta para iniciar una discusión y alguien mencione a Stalin y se acabó la discusión. El anti-stalinismo es un obstáculo epistemológico imperialista. […] Estoy señalando que es hoy Trotsky una figura para asustar a nadie, es un hombre bueno, un bonachón, un defensor de la libertad que encaja perfectamente con Hannah Arendt”, refiriéndose a la idea de la moral burguesa bien-pensante y, según su lectura, es una de las razones por la cual la izquierda fracasó en su revolución. Entonces, podemos hacer la pregunta y preguntarnos a nosotros mismos, porque la izquierda argentina es hoy mayormente trotskista, ¿por qué la gran mayoría acogió a Trotsky y desechó a Stalin? ¿Por qué quiso, según sus palabras, a la moral burguesa bien-pensante? ¿Por qué y cómo sucedió? De hecho, como uno de los últimos temas en su intervención, se refirió a la carrera de Letras donde dijon que se lee mal, falta metodología y se deberían cursar algunas materias de Historia para poder recuperar y apropiarse esa metodología que falta.

Luego de la intervención hecha por el historiador Eduardo Sartelli, llegó el turno del escritor Martín Kohan que no respondió únicamente como novelista, sino como ensayista y como docente de la carrera universitaria de Letras. Remarcó la manera en la cual se diferencia del historiador a la hora de leer: mientras uno explica, otro trata de entender; mientras uno escribe en una red social, otro lee. Martín Kohan, y lo manifestó explícitamente, está en las antípodas con una manera de leer, por lo pronto, la manera de leer de Eduardo Sartelli, porque niega la autoridad del autor, niega una verdad absoluta del autor y se posiciona en favor de los lectores. En el momento que terminó con esta cuestión en tanto docente y escritor, siguió con el cuestionamiento de sus novelas: la pregunta del cómo y lo que se interroga a la hora de escribir. Kohan se opone a las novelas de tesis, así había caracterizado anteriormente Eduardo Sartelli a sus novelas, ya que supondría, en primer término, al autor como una autoridad y al lector como un ignorante, y, en segundo término, al autor con una verdad absoluta a transferir y al lector sin una verdad y como un sujeto pasivo esperando esa verdad que tiene el autor. Esos dos términos fueron decisivos, no sólo para entender por qué Martín Kohan está en contra de las novelas de tesis como escritor y lector, sino también sirve para comprender su concepción de literatura, de escritor y de lector.

Por consiguiente y retomando lo dicho por Sartelli, Martín Kohan dice: “(…) es apoyarme en esa interrogación que se mueve: ¿cómo fue la derrota? ¿Cómo podemos hoy procesar la derrota? Reformular y redefinir sus términos para un futuro que no sea de derrota. No lo sé porque no soy el Papa, no tengo ninguna verdad revelada, no tengo a Dios detrás, si lo tuviera le indicaría que se vaya”, dijo respondiendo a esta idea y el tema que cifró al debate: la derrota y los intelectuales. En Sartelli hay una pregunta por la moral burguesa bien-pensante, mientras que en Kohan hay una pregunta por el cómo: no están discutiendo, están apuntando a dos objetivos diferentes, pero que buscan, a la misma vez, construir una izquierda argentina superadora. Luego, él también respondió a la crítica de la carrera de Letras que hizo Eduardo Sartelli diciendo: “No hay una carrera de Letras. Cuando yo cursé, Enrique Pezzoni no leía como Beatriz Sarlo, Beatriz Sarlo no leía como Josefina Ludmer, Josefina Ludmer no leía como Ricardo Piglia, Ricardo Piglia no leía como Nicolas Rosa”, dejando clara la cuestión de las lecturas que no son las mismas y entre los grandes docentes a cargo de las materias ponían en cuestión sus propias lecturas.

Este debate signó una forma y contenido sustancialmente distintos, por lo menos en la cuestión del contenido, al otro debate: el de Slavoj Zizek y Jordan Peterson. El primero, el de Sartelli-Kohan, demostró que es posible tener un debate en una universidad pública, en un espacio abierto y dentro de la izquierda argentina. Mientras que el segundo debate, entre Peterson y Zizek, el primero era un liberal de derecha y, el segundo, un marxista, es decir, las coordenadas y concordancias políticas del debate entre Kohan y Sartelli estaban definitivamente del mismo cuadrante del political compass. En ese sentido, resulta productivo porque permite ver la existencia de las disputas que existen dentro de la misma izquierda, más que los que se suscitan entre la izquierda y la derecha. Pero aunque esto los hacía dos debates distintos, resultaban, sin embargo, por momentos, parecidos. El primer debate donde los protagonistas eran dos profesores universitarios de la misma facultad en la cual enseñan, el segundo debate, dos académicos internacionalmente reconocidos. Tanto Kohan como Sartelli y Zizek como Peterson, es decir, los dos debates tienen otro rasgo en común: los cuatro pertenecen a disciplinas diferentes (Letras e Historia; Filosofía y Psicología). ¿Es acaso coincidencia o está pactado?

Ya llegando al final del debate se habían tratado las cuestiones y temas discutidos anteriormente por mail y en redes sociales, aparece una segunda intervención, se produce una (nueva) polémica suscitada por Sartelli: concebir una manera autoritaria por la forma en la cual una persona se relaciona con los alumnos y a los lectores. Él vuelve a insistir con la idea de una verdad que hay dentro del texto y la intención del autor, que Kohan ya la rechazó anteriormente, para luego tratarlo de “populista posmoderno”. Cuando Kohan retoma la palabra, en su segunda intervención, dice: “(…) no soy posmoderno, no soy populista, pero si a ustedes no los estoy maltratando ni los estoy subestimando es porque no soy autoritario. Les pido mil disculpas”. Aquí se puede leer y encontrar la gran clave del debate: la derrota (de la revolución y de las lecturas) está generada por una concepción que es diferente, principalmente, por la formación de cada uno junto a las lecturas, propiamente dichas, de sus carreras universitarias.

Ya era la hora del final. Se había pasado el tiempo pactado, principalmente desde las once hasta la una, y luego se extendió hasta las dos. Los debates no quedaron zanjados, no se llegó a una síntesis —escribiendo como un marxista—, sino quedaron dos posiciones y perfilamientos muy diferentes y diversos de literatura. Se puede seguir escribiendo, diciendo y acotando a las lecturas que suscita Kohan, pues son infinitas y diversas.

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