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El arte de incomodar al lector, según Yanina Rosenberg

Por Rocío Cortina | Foto: Luis Díaz

A comienzos de 2017, los cuentos de La piel intrusa, de Yanina Rosenberg, fueron distinguidos con el segundo premio por la Fundación El Libro en Argentina: “Fue una sorpresa porque las historias no fueron pensadas para un libro. Cuando supe del concurso, uní lo que tenía escrito y lo envié para llegar al límite de caracteres”, confía la autora porteña, quien ya había tenido una noticia feliz a fines del año anterior, cuando el Fondo Nacional de las Artes premió su novela Momento Estocolmo, próxima a publicarse.

Con una combinación de profesiones no tan común —se recibió de farmacéutica y luego estudió Letras—, Rosenberg advierte que aun después de haber recibido estos dos grandes reconocimientos le cuesta definirse como escritora: “No sé cuándo sucede el sentirse escritora, si hoy me preguntan sigo diciendo que soy farmacéutica y licenciada en Letras. Aunque escribo desde chica, ya a los 15 años hacía una novela por capítulos que le mandaba a una amiga en Paraguay. La literatura me divertía, ese era el efecto en mí y es lo que me propongo cuando escribo.”

La piel intrusa contiene 14 cuentos que oscilan entre el género fantástico y la ciencia ficción. Con una prosa precisa, Rosenberg construye historias que comienzan en paisajes cotidianos y reconocibles por el lector: un desayuno familiar, la cama compartida por una pareja, una consulta con un médico, la llegada de tres turistas a una posada, el viaje en subte de una madre y una hija. Pero pronto los personajes se mudan a mundos inquietantes y poco fiables. En ese viaje mantienen un admirable balance entre lo dicho y lo no dicho, por eso siempre falta algo, una pieza que el lector tendrá que salir a buscar.

Portada de «La piel intrusa» (Editorial Páginas de Espuma, 2019)

¿Cómo es un buen cuento para vos?

Como lectora, me gusta que el texto me exija. Tiene que tener tensión y búsqueda de la sorpresa, que nada se dé por sentado. En los cuentos de La piel intrusa siempre hubo una búsqueda constante de la sorpresa, para que cada texto sea distinto al siguiente, con un toque original. De algún modo, es molestar al lector, que no se sienta cómodo ni sepa lo que vendrá después.

¿Desde dónde partís para crear una historia?

Escribo guiada por el instinto. Se me presenta una imagen o un personaje, me siento a escribir y tiro del hilito. Tal vez hasta se me presenta un final, pero cuando me siento a escribir, los personajes van a un lugar distinto. No tengo nada cerrado. Me gusta darles cierta libertad a los personajes y que me lleven. Si no, me aburro.

Antes decías que estos cuentos no fueron escritos para integrar un libro, con un concepto global, sin embargo en las historias hay temas que se repiten. Uno es la maternidad, aparece específicamente la idea de la pérdida o desaparición de un hijo o hija. Está en línea con la idea de Distancia de rescate, de Samanta Schweblin. ¿Cómo trabajaste sobre eso?

Está inspirado en el terror de madre que una tiene todo el tiempo, no dejás de tener ese miedo. Que llegue bien, que no se caiga, protegerlo. Por otro lado están los roles asignados como por un poder superior de lo que la madre debe hacer según su instinto, y que no se puede permitir ciertos sentimientos.

Si bien la mayor parte de los cuentos de este libro son fantásticos, hay algunos que llegan a la ciencia ficción. En general hay también ausencia de contextos específicos. ¿Siempre escribiste en este tono o en algún momento experimentaste con el realismo?

Mi próxima novela es más realista, aunque también hay algunas fisuras en donde se podría llegar a intuir la entrada de algo fantástico. No llega siquiera al absurdo, como pasa con algunos de los cuentos. Y acerca del contexto, creo que no importa donde estén pasando las acciones, me gusta transmitir que esta historia te puede pasar a vos, estés donde estés. La ciencia ficción, por otro lado, está en el límite. Así como lo fantástico se filtra en la realidad, ¿Por qué no tirar hacia el límite? Es un paso más allá. Aunque sean géneros diferentes, hay una conexión entre ambos.

Rosemberg firmando ejemplares en la Feria del libro

¿Qué aporta la literatura fantástica al mundo actual? Hay una tendencia a leer más este tipo de textos que en otros momentos.

Particularmente me gusta la visión ampliada de lo que vemos todos los días. Me gusta abrir la cabeza a eso. Por otra parte creo que hay una búsqueda del cambio de la realidad. Llama la atención que sean mujeres quienes estemos escribiendo género fantástico, y me gusta verlo como una forma que tenemos nosotras de plantear un cambio, a través de los escapes hacia lo fantástico. También es una respuesta frente al canon masculino que nos forjó.

¿Qué autores y autoras tenés en la base de tu escritura?

Cortázar y Bioy Casares, siempre. Y si hablamos de los contemporáneos me fascina Etgar Keret. Me gustan mucho los mundos que crea.  

¿Qué estás leyendo ahora?

Tengo muchas cosas empezadas, soy desordenada para leer. Si estoy escribiendo cuentos, quizás necesito leer más cuento, o según el tiempo que tengo disponible, y después paso a novela. Son momentos. Ahora estoy con el de Guillermo Martínez, Los crímenes de Alicia. Antes terminé El funeral de Lolita, de Luna Miguel.   

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