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La suerte de las feas

Por Marina Esborraz y Luciano Lutereau | Foto: Flora Borsi

“Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica.”
Virginie Despentes, Teoría King Kong

1.

Una anécdota: Una mujer bastante mayor, muy deseosa de que todos sus nietos se casaran y formaran una familia, estaba preocupada porque uno de ellos se demoraba bastante en hacerlo. Finalmente este nieto contrae matrimonio, y durante el momento del brindis el día de la boda, piden que la abuela diga unas palabras. Es así que dice: “Felicito a los novios, y sobre todo a la novia, que lo que no tiene de linda lo tiene de buena”. Lo que debería haber sido un halago, terminó recalcando lo poco agraciada que le resultaba la muchacha, para gran incomodidad de todos los presentes. 

2.

“Ser linda” es un mandato para las mujeres, mucho más que para los hombres. En ellos la virilidad se mide desde otros ideales, incluso ser lindos puede ser una tortura para muchos varones. En las mujeres, en cambio, se ha establecido como la condición que se cree casi necesaria para ser deseadas y también amadas; y esto se puede leer en la mayoría de las novelas donde el primer rasgo que se suele recortar de una mujer es su belleza (o falta de ella). De hecho, en épocas donde las mujeres no tenían permitido realizarse más que como madres y esposas, cuando no podían estudiar y desarrollar su inteligencia o perfeccionar otras virtudes, ¿qué otro rasgo se podía admirar que no fuera la belleza o la bondad? Si bien es cierto que la belleza está en los ojos de quien la mira, también debemos admitir que existen ideales que en cada época determinan las condiciones de belleza y empujan a las mujeres a adaptarse a ellos, en la medida de lo posible. Eso puede explicar una fantasía típica que les otorga un sentido aprehensible cuando no se sienten deseadas, o cuando algún hombre elige a otra mujer: no ser lo suficientemente linda. Y decimos “fantasía” porque es muy difícil delimitar lo que causa el deseo para un hombre, y ante esa imposibilidad las  respuestas se suelen buscar en los ideales o en las marcas que han dejado los Otros significativos. 

A una mujer nunca le basta con ser linda para efectivamente serlo, y esto puede depender de muchos factores. Uno en particular es la relación con la madre. Hay madres que no están dispuestas a renunciar fácilmente a su narcisismo en pos de la hija, a quien ven como una competidora, y eso suele ir en detrimento del narcisismo de la hija. En algunas ocasiones esa creencia, que se expresa como “no ser linda”, suele compensarse al sentirse amadas, porque el amor siempre resarce un poco al narcisismo, aunque no siempre funcione como solución, y a veces incluso lleve a la desesperación por mantenerse bellas como garantía para conservar ese amor.    

3.

¿Qué mujer le hizo creer a otra que la belleza es algo por lo que un varón puede elegirla? Los varones no se quieren quedar con una mujer porque es linda, bueno, algunos sí, pero no son varones que deseen a las mujeres. Y, sin embargo, qué difícil le resulta a una mujer cernir ese deseo sin la defensa que es el imperativo de belleza. Aquí es donde cabe hacer una distinción clínica: no es lo mismo verse como una mujer fea que verse fea como mujer. Son dos posiciones muy distintas, frecuentes en el análisis de muchas mujeres.

4.

Hay un imperativo de tener pareja como algo que pesa sobre muchas mujeres, como retorno particular en la conversación con amigas y otras mujeres de la mirada severa de la madre. “¿Por qué estás sola?” es una pregunta que esconde la culpa impuesta por no poder hacer que un varón se quede o las elija. Así sirve la fantasía de ser elegidas, cuando en realidad los varones sólo aman a los varones. Esto también se expresa en una de las ideas más arraigadas del lacanismo: que lo femenino implica “condescender”. Sólo una madre puede meterle en la cabeza a una mujer la idea de que se puede hacer algo para ser deseada. 

5.

Lo femenino causa horror: el horror a la castración. Así lo entendemos a partir de Freud, y las teorizaciones de Lacan continúan en esa línea. Por eso el deseo del hombre es fetichista, porque tiene que agregarle algo a la mujer para que le resulte asequible como objeto de deseo –la famosa “mirada en la nariz” del ejemplo freudiano–, y eso que le agrega es un rasgo que funciona como condición erótica. La belleza es un velo que, al modo de un vestido, envuelve aquello que causa horror. El mandato de ser bella en las mujeres es un modo decirles “que no se note que no tenés”.


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