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Tomás Eliaschev: «Las nuevas tecnologías no pueden ser una excusa para precarizar»

Por Luciano Sáliche | Fotos: Juan Pablo Barrientos

A Tomás Eliaschev se lo puede reconocer fácilmente en cualquier movilización de trabajadores de prensa: es el que tiene el megáfono y, desde allí, desde ese aparato del siglo XX apuntando al cielo, agita cada uno de los cánticos que se suceden, sin importar si la calle es una heladera o un horno. Las diferentes experiencias de lucha en cada redacción periodística por mejoras en las condiciones laborales, disputando incluso los contenidos y en contra de los despidos se han ido uniendo como esos ríos que desembocan en un mar y así, ante la inminente burocratización de la UTPBA, nació un nuevo sindicato. El Sipreba (Sindicato de Prensa de Buenos Aires), en 2015, con la identidad que reclamaba Karl Marx: ser una sociedad de seguridad creada por los mismos obreros. Y de esa seguridad —que resulta muy necesaria en un contexto tan desfavorable— es que los reclamos y movilizaciones de periodistas que ocurrieron durante el gobierno de Cambiemos tuvieron un sindicato en el cual encolumnarse.

Tomás Eliaschev no sólo es periodista, también es el Secretario de Derechos Humanos del Sipreba y un activista por la libertad de expresión. Mientras tantos hechos históricos ocurrían en el gremio de prensa —los despidos masivos en Télam y en Clarín son sólo ejemplos que se suman al cierre de diversos medios— y sus trabajadores resistían (y muchos aún resisten), Eliaschev fue documentando todo. No nos callan nunca más es el libro donde esos relatos se reúnen. “Es paradójico. Quienes trabajan con la comunicación están incomunicados a la hora de contar sus propios padecimientos y deseos. Sobre todo si se trata de reclamos colectivos. De esto se habla poco: un cerrojo impide que se sepa lo que sucede adentro de los medios”, se lee en el libro, así como también: “Si prima el silencio, el maravilloso oficio periodístico va a ser apropiado por escribas y gerentes del poder”.

No nos callan nunca más, editado hace unos meses por el Colectivo de Trabajadores de Prensa, es un mapeo político y sindical de la lucha que se desató en el gremio de prensa. “Los medios públicos corren peligro de extinción en la Argentina de gobernada por la alianza Cambiemos”, se lee en sus páginas que no buscan seducir a un lector lleno de prejuicios, sino darle las impresiones de todas estas luchas que se gestaron en los últimos años del gobierno de Cristina Kirchner y que se hicieron cada vez más difíciles desde que Mauricio Macri desembarcó en la Casa Rosada. “En las redacciones de los medios privados, públicos y comunitarios, en las calles y en cada cobertura (re)nace una comunicación que en tiempos de crisis y esperanzas rotas se planta ante quienes acaparan riquezas a costa del pesar de las mayorías”, escribe Eliaschev.

Ahora, en una comunicación virtual que se nutre de un intercambio compulsivo de audios de WhatsApp, este periodista —que sufrió las brutales y cobardes agresiones físicas de las UTPBA— conversa con Polvo. En su voz hay templanza y mucha reflexión. Se permite el exabrupto, por supuesto, pero no el discurso ciegamente furibundo. Piensa cada palabra. Su apuesta es la de la argumentación. Comenzamos hablando del libro, que surge, asegura, al “observar que hay vida sindical en las redacciones y que ese espacio genera posibilidades para discutir cuestiones referidas al contenido periodístico. Esa es la idea central del libro: poder hacer este cruce entre disputa por los contenidos y lucha estrictamente sindical. Cuando digo estrictamente sindical me refiero a las reivindicaciones económicas”.

Lo que Eliaschev observa con mucha inteligencia en No nos callan nunca más es que esa novedosa vida sindical se enmarca en una línea histórica, en una sucesión de experiencias populares que la precedieron. Es una cuestión, no sólo de influencia, sino de herencia histórica. “La historia reciente del gremio de prensa es la de la irrupción en las redacciones de la generación forjada en el 2001, en las asambleas populares, en los movimientos de desocupados, en las fábricas recuperadas y en los medios alternativos. Se empieza a dar un proceso de lucha muy importante que tiene su parteaguas en el conflicto del Diario Crítica. Esto fue en el 2010 y deriva en la creación del Sipreba. Y así empieza a haber una organización sindical que permite discutir la censura y elevar una voz de los trabajadores y trabajadoras autónomas a la voz editorial de cada medio”, asegura.

¿Qué particularidades y obstáculos tiene el sindicalismo dentro del gremio de prensa?

Nos caben las generales de la ley en cuanto a la enorme dificultad para organizarse de forma democrática y de forma desprovista de toda burocratización que tiene cualquier trabajador. Particularmente tenemos una problemática que sucede en algunos gremios donde aparece la cuestión intelectual, que es la enorme dificultad que tienen muchos sectores del gremio para reconocerse parte de la clase trabajadora. Y después sufrimos una paradoja tremenda que es que ser trabajadores de la comunicación y tener dificultades para comunicar nuestros reclamos y dar a conocer nuestra voz colectiva, que muchas veces es contraria a la de nuestros patrones. Esa situación se ve exacerbada porque hay una suerte de pacto entre caballeros entre las patronales para no divulgar los conflictos de prensa, y se divulgan en raras ocasiones, puntuales, que pueden ser situaciones de grieta. Ni siquiera eso sucede siempre, porque basta con ver lo que sucede con el conflicto de Clarín, con 65 despidos, donde el diario Página 12 no publicó una página por orden expresa de parte de la empresa, y C5N no mandó un móvil, más allá de la valentía de compañeros que hablaron del conflicto.

Estamos llegando al final del mandato de Cambiemos. ¿Qué balance te merece en términos de libertad de expresión?

El balance es francamente negativo. Hemos visto a los principales grupos económicos concentrados periodísticos crecer en cuanto a fusiones, en cuanto a acrecentar su poder como monopolios, y esto ha ido aparejado con un empeoramiento de las condiciones de vida del gremio realmente inédito, con una pérdida del poder adquisitivo brutal, con un 30% del gremio que perdió su puesto de trabajo, al menos 4.500 puesto de trabajo que se perdieron desde que asumió el actual gobierno. A lo que suma las agresiones físicas y brutales, represiones, en contra de manifestantes y transeúntes, en algunos casos diputados y trabajadores de prensa. Al menos 58 heridos con balas de goma. Decenas de periodistas detenidos mientras estaban realizando coberturas; una veintena, diría. Algunos criminalizados con procesos abiertos por haber estado realizando, repito, coberturas periodísticas. Bueno, y ni hablar del ataque furibundo contra los medios públicos, una intención manifiesta, sobre todo a partir de las elecciones legislativas de 2017 de reducir la capacidad operativo de los medios públicos, específicamente destruir su capacidad de dar cobertura noticiosa en todo el territorio nacional. Esto me parece que es clave porque de esta manera se busca silenciar zonas del país, como puede ser la zona de Cushamen en Chubut donde sucedió la represión ilegal y extremadamente violenta contra la comunidad mapuche en el marco de la cual fue desaparecido y resultó muerto Santiago Maldonado. Se ha observado por parte del oficialismo una intención manifiesta por destruir la capacidad operativa de los medios públicos: Radio Nacional, Televisión Pública y Agencia Télam. Y yo hago este énfasis especial en que lo que más han tratado de destruir es la capacidad de cubrir más allá de la General Paz. A esto hay que sumarle la persecución y discriminación a los medios comunitarios y populares, con lo cual se configura un panorama de crecimiento de los monopolios en la fusión Clarín-Telecom. Un panorama que claramente atenta contra la libertad de expresión. Marcos Peña dijo que se terminaba la guerra contra el periodismo; nosotros entendemos que pareciese que comenzaron una guerra contra los laburantes de prensa.

El desarrollo y el protagonismo del Sipreba es indiscutible, pero ¿cómo te lo imaginás de acá a 5, 10, 15 años? 

Nosotros obviamente estamos metidos en el fragor cotidiano de la lucha, años muy intensos, atajando penales todo el tiempo, corriendo de un lado a otro, compañeros muy abnegados como nuestros integrantes de las comisión directiva: el secretario general Tato Dondero y delegado en Página/12; la secretaria de acción social Carla Gaudensi, que también es delegada en Télam, o Agustín Lecchi, delegado de Canal 7 y secretario de organización, por nombras algunos compañeros que están de acá para allá permanentemente tratando de garantizar la organización en cada una de las redacciones y responder ante los ataques que han sido muchísimos, con cierres de medios también. Entonces pensar en el futuro a veces cuesta. Pero está muy claro que estamos construyendo un sindicato que, como siempre cantamos, no es de los gobiernos ni de los patrones, y que tiene la vocación de ser una herramienta democrática y plural de los comapñeros y las compañeras en las redacciones, en las coberturas del gremio. El Sipreba es un sindicato cuya directiva puede ser reemplazada íntegramente y que no va a perder su esencia, porque apostamos a la participación y a la consolidación de muchísimos cuadros y compañeros activistas que garanticen que este sindicato tenga continuidad y logre imponerse, irrumpir en el debate público sobre la comunicación en la Argentina. Los grandes ausentes hemos sido los trabajadores de prensa. Me parece que el Sipreba se está constituyendo en una herramienta que nos permite decir: acá estamos. Somos los grandes ausentes en esta discusión. La gran masa del gremio no son personas que sean muy conocidas, que muchas veces permanecen en el anonimato, pero son quienes garantizan en última instancia el derecho a la información de la sociedad, porque son los que en los medios públicos, privados y autogestivos están haciendo todo lo necesario para que la fábrica de noticias pueda funcionar. En ese sentido (y perdón si me voy por las ramas, pero la pregunta me hace pensar mucho) creo que el sindicato tiene un gran desafío: plantear que es necesario la existencia de redacciones robustas, de equipos colectivos realizando coberturas en el lugar de los hechos, que las nuevas tecnologías no pueden ser una excusa bajo ningún concepto para precarizar y para que una misma persona se transforme en un hombre o mujer orquesta. Aceptamos todas las nuevas tecnologías, bienvenida la geolocalización o las múltiples aplicaciones o los algoritmos, pero eso no reemplaza en ninguna instancia la necesidad de generar coberturas en el lugar de los hechos que pueda sistematizar la información, trabajar a largo plazo, sin solamente estar pensando en la inmediatez o en las necesidades extra editoriales del grupo empresarial o de las autoridades. Y esa es una puesta y una disputa que hay que dar donde el Sipreba tiene mucho para aportar. Así que me lo imagino como un sindicato que va a terminar de barrer al viejo sindicato, de correr a la burocracia que hoy es básicamente enemiga de los laburantes porque nos empuja al hambre y a la desorganización, y es cómplice de las patronales. Me imagino un sindicato que se pueda organizar a través de la FATPREN, aportar toda esta energía y también aprender de todas las experiencias que hay en las provincias para consolidar una dirección nacional y con una fuerte presencia en el debate sindical y político. Tenemos cimientos sólidos para construir un sindicato que tenga esa potencia, y que ojalá nunca se burocratice y nunca caiga en todo lo que hemos criticado. La mejor garantía para eso es formar a decenas de compañeros y compañeras que vayan ocupando lugares de protagonismo. Pero también la necesidad de forjar un sindicato feminista con perspectiva de género. Creo que una de nuestras primeras tareas en el futuro inmediato es dotarnos de una directiva donde la participación de las mujeres sea equitativa a la de los hombres, y que podamos pensar las disidencias también, y que eso tenga un correlato organizativo en la dirección del sindicato y en la política que llevamos adelante.

Fotos de Juan Pablo Barrientos para Revista Cítrica

Sí, soy optimista”, dice ELiaschev con la voz firme del otro lado del teléfono. Como decía Gramsci, optimista de la voluntad, pero pesimista de la inteligencia, porque hay que imaginarse lo peor y ser consciente del contexto que se vive. Y este contexto —¿para qué mentir?— es durísimo. “Soy optimista pese a todo este panorama y a yo mismo ser parte de esos 4500 trabajadores que se quedaron sin su puesto de trabajo al haber sido despedido con mis compañeros y compañeras de la Revista Veintitrés”, dice y agrega, para romper con el tono gris, voluntad: “Veo que hay respuestas. Veo que hay consolidación de experiencias. Sin ir más lejos, el otro día estuve en La Tribu, en el brindis que se hizo por los treinta años, y creo que el entrecruzamiento de todas estas experiencias, como la de los trabajadores de Télam bancando la lucha hace un año, lucha victoriosa que pudieron dar para revertir los despidos, pese a que hay enormes dificultades para que efectivamente se cumpla, es un logro enorme. Y eso sumado a la lucha de Clarín y al paro histórico que se hizo, sumado a la fuerza en los medios públicos y las empresas privadas es muy importante”.

“La organización en empresas como La Nación, como Infobae, como Editorial Atlántida, Perfil, Diario Popular —continúa—, esto en combinación con los canales de televisión como Telefe, Canal 13, TN, y esto también entrelazado con los medios alternativas como Barricada TV, La Tribu que mencionaba, Radio Gráfica que estuve hace poco, La Retaguardia en Mataderos, que vienen consolidando experiencias de muchos años y que vienen demostrando, en muchos casos, que hacen mejor periodismo que en los medios tradicionales, y que somos parte de un mismo gremio… en ese sentido hay un mutuo reconocimiento que nos da mucha potencia y que es muy único en el continente, y me animo a decir a nivel mundial: que sindicalmente se esté pensando la construcción en los medios públicos, privados y comunitarios. Ahí creo que hay una punta para alumbrar un nuevo periodismo, porque en esa lucha, en esa toma de posición, generamos un periodismo que toma partido, pero que no por eso va a dejar riguroso o dejar de buscar aportar a la mayor cantidad de datos y de apertura posible”.

“Siempre sabiendo que todo periodismo es militante, que todo periodismo toma partido, que todo periodismo sirve a algún interés. El tema es poder ser sincero, poder se transparentes al respecto y poder generar un periodismo al servicio de las personas de a pie, de quienes no cuentan con los recursos económicos para dar a conocer sus posiciones y sus necesidades, entre los cuales estamos los propios laburantes de prensa”, concluye Eliaschev, y entonces volvemos a su libro, el motivo de esta entrevista, No nos callan nunca más, para cerrar la conversación: “El libro intenta dar una visión de conjunto a un montón de cuestiones que han estado separadas, cuyos propios protagonistas tal vez no tuvieron en cuenta al generar distintos cuestionamientos en distintos medios sin saber que ya había sucedido antes y que estaba sucediendo en simultáneo en otras empresas. Y eso, cuando lo vemos en conjunto, nos hace darnos cuenta que hemos construido más de los que nos parece, y de esa manera subir un poco el autoestima de este gremio tan golpeado que ha sido silenciado, que ha sido castigado, pero que una y otra vez tiene la perseverancia de renacer”.

No nos callan nunca más
Tomás Eliaschev
Colectivo de Trabajadores de Prensa, 2019
212 páginas

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