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Aroma a napalm, aventura bélica en Vietnam y el corazón de las tinieblas: 40 años de “Apocalipsis now”

Por Marcelo Zumbo

En 1979, el pueblo norteamericano se encontraba en pleno proceso de duelo luego de la aventura bélica en Vietnam. El poderío militar de los Estados Unidos sufría su primera derrota y quedaba humillado de cara a la opinión pública internacional. La imposibilidad de que el ejército más poderoso del planeta venciera a la resistencia nacionalista y socialista, mayormente en manos de civiles pobremente armados que demostraron convicción y cohesión, produjo una grieta en la percepción que la ciudadanía estadounidense tenía de sí misma. Los americanos tuvieron que aceptar que durante algún tiempo habían sobrevalorado su propia autoestima.  

Y precisamente sobre esto se enfoca el relato existencialista en Apocalispsis now —la película se estrenó un día como hoy: 15 de agosto, pero de 1979—. Basado en una idea originada en 1969, junto a su guionista John Milius, de llevar al cine la pesadilla hipnótica de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad donde, a mediados del siglo XIX, el capitán Marlow navega río arriba hacia el Congo belga en busca de un tal Kurtz, un traficante de marfil apostado en la profundidad de la jungla, “independizado” de la corona británica y devenido profeta adorado entre sus conquistados. “La conquista de la tierra en su mayor parte no consiste más que en arrebatársela a aquellos que tienen una piel distinta o la nariz ligeramente más achatada que nosotros”, reflexionaba Marlow mientras contemplaba los horrores y la degradación de la conducta humana. Coppola lo llevó al Vietnam de 1968. 

“Cuando estaba aquí, quería estar allí; cuando estaba allí, sólo pensaba en volver a la jungla. Aquí estoy ahora una semana… esperando una misión… ablandándome; a cada minuto que estoy en este cuarto me debilito más y a cada minuto Charlie se fortalece en la jungla, se hace más fuerte”.

Apocalipsis now es probablemente la mejor película sobre la guerra que produjo la industria americana. La inauguración cinematográfica de este proceso de duelo la hacía El francotirador (1978) de Michael Cimino, una magistral obra donde el drama de la guerra aparece en el ámbito de lo cotidiano, más desgarrador y traumático: es un filme sobre la amistad, no sobre la guerra. Y no es que Apocalipsis now se prive de desgarrar o de reelaborar traumas, pero Coppola prefiere reflexionar a través de un mundo construido por simbolismos, pasajes oníricos y secuencias descriptivas. Un carácter desmedido y sobrecargado que contribuye a crear una atmósfera desoladora y opresiva. 

A la hora de realizar Apocalipsis now. Coppola contaba con la espalda ancha por el mega éxito tanto artístico como financiero de El padrino (1972) y El padrino II (1974). Este resultado lo había alentado a explotar Zoetrope, una productora cinematográfica independiente de los lineamientos de Hollywood que le permitiría encarar el proyecto de Milius junto a George Lucas. El corazón de las tinieblas de Conrad nunca había sido llevada al cine, con la excepción del intento de Orson Welles en 1940 que, por razones presupuestarias, fue abandonado para realizar finalmente nada menos que El ciudadano. Para el proyecto Apocalipsis se rodaría un documental en 16 mm con un presupuesto de un millón y medio de dólares: según el propio Coppola, “Warner Brothers lo abandonó porque pensaron que la mayoría terminaríamos muertos, porque éramos muy estúpidos. Luego ofrecimos Apocalypse now a todos los otros estudios. Nadie quería tener nada que ver”. Por esos vaivenes del oficio de John Milius, para 1975 la película quedó a cargo del propio Francis Ford Coppola. A partir de aquí, comenzaría su propio Vietnam.

Plena naturaleza: Fracis Ford Coppola dirigiendo el set

La cinta se rodaría principalmente en Filipinas, y tendría asignado un presupuesto de trece millones de dólares. De excederse, debería financiarlo con sus propios recursos si pretendía mantener el control creativo: Coppola puso todos sus bienes como garantía para poder completar un filme que a la postre costó unos 31 millones de dólares, pero recaudó más de 80. Como ejemplo, la negociación del cachet de Marlon Brando casi hace caer por completo todo el proyecto: se acordaron tres millones en total, uno por adelantado. Ante las eventualidades que fueron postergando el rodaje, Brando amenazó con quedarse con el adelanto y no participar en absoluto de la filmación. Así y todo, el actor de Nido de ratas y El padrino apareció finalmente cerca de la finalización del rodaje, visiblemente excedido de peso y rapado, y sin haber leído ni el guion del filme ni la novela de Conrad, tal como constaba en el acuerdo. También condicionó su presencia a evitar a Dennis Hopper, con cuyo personaje debía interactuar: hubo que desdoblar el rodaje en días sucesivos para luego darle continuidad.   

El detrás de escena

El 20 de mayo de 1976 comenzarían las tareas de filmación, que se extenderían por poco más de un año; todo el proceso de producción tardaría unos 3 años hasta su estreno. Las complicaciones no eran los caprichos de una estrella en decadencia únicamente: las autoridades filipinas aportaron parte de la infraestructura militar, como los helicópteros, los cuales eran usados sin aviso para sofocar crecientes alzamientos de los rebeldes insurgentes contra la dictadura de Ferdinand Marcos. Era necesario pintarlos dos veces por día, y en reiteradas ocasiones eran retirados en medio de la filmación. A seis días del inicio del rodaje, un tifón que azotó las islas durante ocho días, dejó unos 200 muertos en la ciudad, y destruyó el set de filmación: se detuvieron las tareas, y casi todo el equipo volvió a Estados Unidos por dos meses, hasta reconstruir los escenarios implicados.

Coppola aprovechó para reescribir parte del guion, que no lo terminaba de satisfacer, particularmente el final, el cual fue escrito sobre la marcha, al punto de contar con dos finales, siendo el alternativo la opción definitiva. Cerca del final del rodaje, el protagonista Martin Sheen sufrió un infarto severo que lo dejó dos meses en reposo. Hubo que utilizar un doble para completar tomas de espaldas del capitán Willard, ya fuera de los plazos establecidos: esta situación obligó a Coppola a hipotecar parte de sus bienes. La desesperación del realizador tomaba un color preocupante: “Si Marty muere, quiero oír que todo está bien, hasta que yo diga: ‘Marty está muerto’”. El padecimiento de Sheen parece resultar un señalamiento ético que el destino le jugó a Coppola. Originalmente, el actor que interpretaría al capitán Willard sería Harvey Keitel: luego de una semana de rodaje, el neoyorkino no convenció, y después de algunas dudas la producción optó por Martin Sheen.

“¿Hueles eso? ¿Lo hueles, muchacho? Napalm, hijo. Nada en el mundo huele así. Qué delicia oler napalm por la mañana. Una vez durante doce horas bombardeamos una colina y cuando todo acabó, subí: no encontramos ni un cadáver de esos chinos de mierda. Pero aquel olor a gasolina quemada… Aquella colina olía a… victoria”.

En Apocalipsis now hay una metáfora del abandono de la civilización en favor del reino de las tinieblas, un enfrentamiento permanente entre lo terrenal y lo divino corporizado en la omnipresencia misteriosa de la selva, además de una exploración de la demencia y la brutalidad del ser humano, en una aventura bélica que se mueve en dos sentidos: la guerra y la reflexión interior del protagonista, que busca su propia identidad y el sentido de la vida. 

Los elementos subyacentes de la obra se presentan de manera de ir envolviendo lentamente al espectador, para transmutar en un mantra pesadillesco. Esa búsqueda no necesita profundizar en respuestas concretas, sino que prefiere navegar (valga la analogía narrativa del filme) hacia aguas turbias: Apocalipsis now intenta dar con la pregunta indicada. Aunque en un plano distinto de la crítica a la guerra de Vietnam, Pelotón (1986) de Oliver Stone, y Nacido para matar (1987) de Stanley Kubrick funcionan como denuncia anti belicista dentro de este “podio” donde Apocalipsis reina.  

Apocalipsis now plantea sus premisas fundamentales sin anestesia. Parecería que le excede la guerra en sí misma: prefiere adentrar al espectador directamente hacia el tenebroso interior de la obsesión humana para alcanzar lo mítico y divino, propio de la táctica psicológica de la guerra. Tal vez su secuencia de inicio sea la más apabullante del cine moderno: un viaje por el interior de la cabeza del protagonista, el capitán Willard, que alcanza el clímax emocional en la explosión de The end, de los Doors. La música aporta más de una clave ambiental: mientras los helicópteros del Noveno batallón de la Primera División de Caballería bombardean un poblado civil en My Lai, La cabalgata de las Valquirias de Wagner limitan el simbolismo hasta dejarlo inequívoco. El humor brutal de la brillante intervención de Robert Duval como el capitán Kilgore ante el “aroma” del napalm matutino, como si las costas vietnamitas fueran las playas californianas. Las conejitas de Playboy bailando para los soldados americanos dejan expuestas las caras de una moneda infame. El desenlace en el campamento de Kurtz es el punto culmine de un recorrido enfermizo en el tiempo histórico, pero hacia atrás. Pero ni Willard ni el propio espectador son los mismos al llegar al final del viaje.  

Afiche del montaje exhibido en el Festival de Cannes donde se incluyeron 49 minutos de escenas eliminadas de la película original

En 2001 se lanzó la versión extendida, llamada Apocalipsis now redux, con casi 50 minutos más de metraje: amplía y desarrolla algunas ideas ya presentes, y agrega una secuencia con la que Coppola estuvo enfrentado por mucho tiempo, y que aporta a entender las razones políticas del conflicto en Vietnam, que provenían de mucho antes de la guerra en curso. Se trata de una parada de la expedición hacia Kurtz en un campamento francés, un enclave colonial civil que se resiste a abandonar dicha propiedad. “Quiero ametralladoras de verdad. Quisiera tres o cuatro franceses, gastaré dinero en eso. El vino blanco se sirve bien frío. El vino tinto se sirve a unos 14 grados. Hay que abrirlo una hora, una hora y media, incluso dos horas antes de servirlo. Quiero una ceremonia francesa bien… Quiero que los franceses digan: ‘Dios, ¿cómo hicieron?’”.

Esta secuencia dejó desencantado a Coppola, debido a que semejante puesta en escena disparaba el presupuesto, cuando los recursos propios se habían reducido considerablemente: “me enojé por la secuencia de los franceses. La eliminé. Quedé muy disgustado con todo eso. La luz, todo. Olviden que la rodamos. No existe más”. También se incluyen la escena del espectáculo de las Conejitas de Playboy ampliada, una versión del speech de Kurtz más extensa e hipnótica, o el hilarante robo de la tabla de surf de Kilgore. Originalmente el director quedó asustado ante la posibilidad de que la cinta resulte excesivamente larga, por eso se cortaron escenas: no hay que olvidar que el montajista Walter Murch tuvo que hacer un trabajo descomunal para achicar las más de cinco horas de metraje que trajeron de Filipinas.   

Apocalipsis now no es un alegato pacifista ni anti belicista. Ni pretende serlo. El filme de Coppola quiere asumir la mirada de la sociedad norteamericana ante un espectáculo que, conforme pasaba el tiempo, se iría revelando infame y absurdo. Supo crear un halo de indefinición permanente, principalmente en cuanto a lo que el público consideraba debería ser la opinión del creador sobre la guerra, y también sobre su propia película. Pero al parecer, el horror opera como cortina de humo para entender verdaderamente que, para ganar una guerra hay que prescindir de prejuicios morales. Francis Ford Coppola brindó recientemente una entrevista a The Guardian, donde remarcaba que “no es una película antibélica; una película antibelicista no puede glorificar la guerra, y Apocalipsis now sin dudas lo hace. Algunas secuencias fueron usadas para impulsar a la gente a la belicosidad”.

“Es imposible describir el horror en palabras a aquellos que no saben lo que verdaderamente significa. Horror, horror. El horror tiene una cara… y tú debes hacer del horror tu amigo. Horror y terror mortal son tus amigos. Si ellos no lo son, entonces son tus enemigos, a los que debes temer. Son en verdad tus enemigos”.

A la postre, Apocalipsis now resultó ser la última superproducción cinematográfica en la que Francis Ford Coppola se embarcara. Así la cosa, a principios de este 2019 se estrenó un nuevo corte de Apocalipsis now. Final cut es esta nueva versión definitiva con 14minutos menos que su antecesora Redux. Este nuevo corte se presenta más centrado en la moralidad humana como tema central. Esta versión logra más sobre ese tema que cualquiera de las anteriores”, enfatizó el inefable Francis Ford Coppola, a sus 80 recién cumplidos.

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