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El perro más picante de la puta cuadra

Por Luciano Sáliche

1.

Un cuchillo tatuado en la patilla, una metralleta automática en el cuello, la palabra Argentina a lo largo de la garganta y Bardero$ en sus manos, una letra por nudillo. Pelo corto, ropa holgada, cadenas, los ojos enojados, la mandíbula inquieta, siempre con sed y ganas de golpear. Ahí está, fluye sobre el beat, maniobrando fraseos cargados de historias en un instrumental vibrante. Su nombre se lee de corrido: Homer el Mero Mero. Sus canciones, sus discos, su personalidad son de lo más interesante que está ocurriendo en el hip hop latinoamericano y en eso que ahora llamamos trap. No necesita explorar sonidos nuevos ni crear recetas ni mezclar géneros. Apuesta a lo clásico, al rap. “No tengo ninguna rima que no sea real”, promete. No hace falta creerle. Simplemente hay que escucharlo. 

2.

Hace dos meses que salió En punga, el segundo disco de Homer el Mero Mero. Son dos meses de macumbas y balas danzando en el punto intermedio entre mis dos orejas. Suena suave, suena fuerte, suena piola. Se pone adictivo y quizás tenga que ver con eso que milita Bardero$, la banda que este rapero integra junto a C.R.O en simultáneo con su mambo solista: “Esto no es música, es droga”. ¿Acaso puede la música —esa mezcla de melodía y ritmo y abstracciones retóricas— volverse un rico y delirante narcótico? Caminar por la calle con los auriculares puestos mientras suena siempre a tono ese mutante, nacido bajo el nombre de Lucas Darío Giménez —a.k.a. H— un 5 de junio de 1990 en Cutral Có, Neuquén, parece indicar que sí.

“La técnica rapeando, el flow, todo eso viene después, lo primero es contar la verdad”, dijo hace unos días en una entrevista que le hicieron en el programa Código urbano del canal Quiero Música. Hay algo de frontalidad en el rap que descolla las producciones musicales de la época, incluidas muchas dentro del propio rap. Quizás H sea el mejor exponente del género frente a toda esta locura tibia de apariencias, pereza y superficialidad. El video del reportaje está en YouTube: habla de su nuevo disco, de los ocho meses que tardó en grabarlo, de algunas canciones, de cómo compone, de dónde viene, hacia dónde va, de las clases que da en la cárcel, de que no se siente un ejemplo de nada y de algunas cosas más. 

Literatura del yo. Eso hace el H. Narra, escribe, cuenta, alumbra las zonas grises y marginadas del capitalismo dándole voz a los sobrevivientes. Habla de robar kioscos, de vender falopa, de cagarse a tiros con otra banda, de escapar de la policía, de aspirar, de fumar, de cantar, de ganarse el respeto del barrio. Se narra así mismo sin caer en el heroísmo zonzo, tal vez apenas un poco de autoestima que funciona nafta para que no se apague nunca la llama artística de la supervivencia. “Nací una mañana de invierno en los 90. Criado en Cutral Có, Neuquén, a polenta”, comienza el tema que lleva su mismo nombre: Homer el Mero Mero. Y en “Michrophone Checka” dice que “cualquiera puede hacer canciones, pero muchos prefieren gastar tinta en opiniones. Lo mío es simple: falopa sobre reglones”. Ambos temas son de su primer disco, Sólo negocios (2018). Discazo: enorme, frontal, oscuro. Luego de un par de sencillos como temas sueltos que se largan en la red, apareció este disco. Algo grande se avecina. 

3.

La historia viene de antes. Hijo de la clase trabajadora, su familia sintió el coletazo del 2001 como un barco nimio frente a la furia del mar. Su madre cantaba Arjona y él repetía, imitaba, llenaba de gracia el ambiente. “Toda la música es respetable”, dice en la entrevista de Quiero Música. Empezó improvisando en las payadas milongueras; luego llegó el rap, el freestyle, lo que se hacía en el barrio. Formó una crew, le puso MDB (MCs del Barrio). De ahí salió Bardero$, la banda que empezó con C.R.O, H, Chulu, Lil Troca y Vagatela Gambino. Luego, el destino, la erosión del tiempo. Quedaron H y C.R.O y siguieron sacando discos —todavía mejores— y buenas canciones. “Esto no es música, es droga”, dicen y arrancan a rapear sobre bases magníficas. El tema es la calle: gangsta rap del bueno.

Podrían nombrarse decenas de canciones que astillarían la cabeza del más puto antirap pero elijo una: “Esperanza”. Arranca C.R.O —posiblemente el mejor flow de esta nueva camada argentina— en ese boom bap veraniego con estos versos: “Entre la desgracia y la malaria no te puedo ni ver. Salgo a la calle, mucha droga, poco para comer”. Sigue, más tarde, así: “Piden 3, damos 2, Bardero$ no para. Si tocás a mis muchachos, te borramos la cara o te cortamos las alas que acá pasamos las malas”. La segunda parte es del Mero Mero: “¿Qué más si la bendición me ampara? ¿Qué más si no hay miedo a lo que habrá? ¿Que dar cuando ya no queda nada? Tranquila mama, la tormenta pasará”.

Algunas frases más del Mero Mero en Bardero$ que valen la pena resaltar. En “Pastel”: “Con mi 357 salgo en busca de un paquete y aunque la poli nos juna en nuestra casa no se meten, porque todas nuestras letras hicieron que ellos nos respeten, porque tenemos dinero, droga y un par de juguetes en la caja. Camino slow para darte ventaja. Mis paisas tiene el bolsillo lleno y no trabajan. Mi hermano coca y rohypnol, genio que sube y baja. Y el Mero Mero solo saca brillo de la alhaja”. En “Tengo sed”: “Yo soy un elegido, el barba no me precisaba. Por eso no estoy allá arriba viendo la jugada”. Y en “Por el espacio”: “No tengo flow, bro, pero tengo un estilazo”. Literatura del yo, autoficción criminal.

4.

“Hablaban mal de Argentina, que faltaba boom bap…” Y apareció el Mero Mero, “el animal más duro de esta jungla” (se define en “Intro”), “el perro más picante de la puta cuadra” (como dice en “22”). Literatura del yo, pura y dura. Autoficción criminal. Y si bien es “todo real”, también hay un relato, un personaje, un escenario, un contexto y la construcción literaria de un discurso que se bifurca y se nutre de otros textos. Hay fe al gaucho Antonio Gil y a la Virgen María. Hay idolatría por José Larralde, Horacio Guarany y Jorge Cafrune. Lanús y la peña “Los mismos de siempre” en el fútbol, “Prodan en el rock, Jordan en el baloncesto”. La familia, el barrio, la crew, hermandad. Y si bien lo más interesante que puedo darte el mundo es un “hermoso día para caminar drogado y presumir categoría”, también está la certeza de estar haciendo algo en serio.

¿Se puede hablar de política en tiempos de macrismo, donde la precarizada juventud se lleva la peor parte? Por supuesto que sí. Y si bien, como canta en “Muerte al sapo” del disco Solo negocios, “lo suelto crudo, mi’ jo, como le gusta al rrioba, donde no se habla de política sino de droga, del que durmió porque dejó la casa sola, donde se vive el bardo puro a todas horas”; sí se debe hablar de política. Al menos de forma lateral. En ese sentido, H apunta y dispara: escribió “Mauricio”, un single que se publicó en junio de 2019 dedicado al excelentísimo presidente. En el video, con una bandera argentina como capa, rapea frente a la Casa Rosada y dice cosas como ésta, mientras C.R.O hace unos coros: “Por favor, no hay error, es mi rol y mi oficio. Votar al gato es tirarse de un precipicio. Espero que tenga valor el día del juicio para bancar el dolor que generó desde el inicio, Mauricio”.

5.

En abril de este año grabó un set en vivo en Casaparlante, un programa que sale por YouTube desde Chile. Dos temas: “Patagonia” y “22”. No necesitó más. Con la mano derecha sosteniendo el micrófono y la izquierda gestualizando lo que se le venía a la cabeza, demostró por qué es el perro más picante de la puta cuadra. “Escupo droga, todos mis temas hablan de droga. Si quiero la hago plata o me la consumo toda. Sigan hablando mierda, mierda va a ser lo que coman. Tengo miles de Bardero$ y ninguno me abandona”, rapeaba. ¿Puede leerse esta breve pero nutrida obra como un culto a la droga? ¿Es una reivindicación del delito como método de supervivencia en esta jungla de guita y meritocracia? ¿Agita el fantasma del reviente? Esa lectura es posible, pero no es la única. 

Acá, en los dos discos del H, en los tantos más de Bardero$ y en las decenas y decenas de singles sueltos hay una obra. Se puede disfrutar, se puede criticar, pero para pensarla es necesario analizarla y no salir, como viejos vinagres, a tildar de no sé qué y no sé cuánto. “¿Será que pa’ entender tienen que probar un poco? ¿Se piensan que no me imagino to’ lo que provoco? Sus ojos me miran mientras me dicen que estoy loco. Y claro que estoy loco, bro, que quede entre nosotros”, suelta en “22” y, específicamente en el set de Casaparlante, lo hace con una fuerza llena de sinceridad. Literatura del yo, pura y dura. Autoficción criminal. Pa’ que se curtan los haters.

6.

Luego de ese arrollador disco de 2018 titulado Solo negocios, llegó la continuidad, el segundo, el pase del impacto y la revelación a la obra. En punga redobla la apuesta, aumenta el calibre y mejora la puntería. Las letras son más sólidas y los beats más precisos. Hay cuatro colaboraciones que se destacan. Una es la de C.R.O en “Tareas sucias” aunque es lógica: su compañía es permanente en varios temas como dupla, coros o incluso mención en alguna letra, tal es así que H tiene tatuada en el pecho la cara de su amigo. Otra es “Basado en hechos reales” con Duki. Hay video: juegan al póker, toman whisky, peinan unas líneas de cocaína. La otra es “Domingo” con Ysi A. También hay video, caminan en la calle y rapean sobre un instrumental con una batería de otra galaxia. Una cuarta: “Gallo de pelea” con un viejo bardero, Lil Troca.

¿Más temas importantes dentro de En punga? “El Gordo Ricardo”, que cuenta la historia del jefe de una banda de delincuentes que se toma el palo a Madrid. Está narrada como una historia, como un cuento, algo que casi no existe en las letras de hip hop y trap locales de hoy. El video salió la semana pasada con una producción a la altura. Esta destreza narrativa del H ya se vio en “Carlos” de Solo negocios. En “Kawasaki”, que tiene videoclip, dice: “Hood ma’; sin derrota, no hay esperanza, no. Lo sabe el que anda en la lleca vendiendo cartón. Lo sabe aquel que se le fue y la libertad perdió. Lo sabe Dios, lo sabe el Diablo, y yo porque hablo con los dos”. Y en la canción que da nombre el disco: “Por culpa de la droga pierdo peso y gano pesos. Mi madre siempre llama, discute por mis excesos. La Virgen y el Gauchito me entienden, por eso rezo”.

7.

¿Qué suena en tus auriculares hoy? “La vida sin música sería un error”, decía Nietzsche y murió desquiciado sobre una silla mecedora, inmóvil, sifilítico, alucinando, los ojos fijos en el cielo, el bigote inmenso, el rostro contraído a una expresión de enojo permanente, pero con mucha música surcando los laberintos de su cabeza. No es una buena muerte, sin embargo tiene su estilo. Es cierto: la vida sin música sería un error, un palabrerío constante, algo peor que el silencio. Por eso, de pronto, ante la pesadez de la vida, de lo cotidiano, de lo real, un par de notas te subvierten el ánimo. El instrumental te sacude el aburrimiento y, una vez dentro de ese trance, irrumpe una voz —más que flow, puro estilo— para narrar una historia, una sensación, un sentido nuevo. Eso es el hip hop: letras que afloran sobre una base en vibración contundente. Hoy, quizás, Homer el Mero Mero es el que mejor lo hace.

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