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09-01-2026 Notas

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Por Pablo Milani

A mediados de 1975, en los míticos estudios de Abbey Road, mientras Pink Floyd trabajaba en las grabaciones que se convertirían en su noveno álbum, se produjo uno de los episodios más profundos y emocionales en la historia del rock. Los miembros de la banda vieron ingresar al estudio a un hombre gordo, calvo, con las cejas totalmente depiladas y portando una bolsa de supermercado en la mano. Nadie lo reconoció al instante; de hecho, todos pensaron que era simplemente un empleado de EMI. Este hombre misterioso, con el rostro desencajado y una apariencia que contrastaba drásticamente con cualquier recuerdo previo, era Syd Barrett. Dicen que el impacto fue inmediato y devastador; en cuanto lograron identificarlo, los miembros de Pink Floyd quedaron helados. 

La historia de Wish You Were Here no puede ser comprendida sin abordar la trágica ausencia de Syd Barrett. Aquel genio incomprendido, el fundador y amigo, se había derrumbado de un momento a otro. Todo giraba en torno a Syd, pero la brillantez y el talento parecieron tener un precio. Ese mismo fuego que lo hacía único también lo estaba consumiendo por dentro. La combinación del abuso excesivo de LSD, su frágil salud mental y los episodios cada vez más traumáticos fueron transformando a Barrett en un misterio indescifrable, con momentos en el escenario donde simplemente aparecía inmóvil, como si estuviera completamente en otro lugar. 

Fue entonces cuando la banda se vio obligada a conseguir otro guitarrista; allí entró en escena David Gilmour, quien terminó siendo mucho más que un reemplazo, aunque en principio fue contratado solo de forma temporal, como una especie de respaldo silencioso. La idea original era que Syd Barrett continuara en la banda, pero únicamente como compositor, trabajando desde su casa, pero la realidad fue mucho más dura y el estado mental del cerebro creativo de la banda se hizo insostenible siendo apartado oficialmente en 1968. Aunque Barrett siguió haciendo música y grabó dos discos solistas, The Madcap Laughs y Barrett, ambos fueron producidos con la ayuda de sus antiguos compañeros de banda. No obstante, el genio que poco tiempo antes había encendido la llama de Pink Floyd, ahora se apagaba lenta e irrevocablemente.

Ya sin Barrett, la banda se vio forzada a entrar en una etapa de reinvención y experimentación, explorando para buscar su sonido definitivo. Discos como Atom Heart Mother y Meddle sirvieron como el laboratorio musical en donde exploraban intentando encontrar su esencia, hasta que llegó el año 1973 y todo cambió con The Dark Side of the Moon. Fue tal el impacto cultural y el éxito abrumador de este disco, que en lugar de impulsarlos aún más, dejó a la banda totalmente vacía. Roger Waters confesó acerca de ese momento: “Para tener éxito es preciso que éste sea un deseo muy fuerte. Y el sueño es que cuando llegas a ser una estrella estarás bien, que todo va a marchar maravillosamente. He aquí el sueño, un sueño vacío, como todo el mundo sabe”. Habían alcanzado la cima creativa, su obra magna, y luego de eso era muy difícil pensar cómo seguir adelante. Ese vértigo del éxito, la presión por tener que superarse y la profunda nostalgia por aquel amigo perdido se convirtieron en una densa nube que rodeaba a la banda.

Así fue como, entre el desconcierto, la tristeza y el vacío existencial, nació el álbum Wish You Were Here. Un álbum conciso con solo cinco canciones, que se revela como una pieza de un viaje introspectivo dentro de la mente de los miembros de la banda. Canciones como Welcome to the Machine o Have a Cigar destilan el desencanto absoluto con la industria musical, que era vista como una trampa que devoraba el alma. La voz que se escucha en Have a Cigar no pertenece ni a Waters ni a Gilmour, sino a Roy Harper, un músico amigo de la banda que justo pasaba a visitarlos por el estudio. La banda se encontraba tan alienada y faltos de motivación y confianza en sí mismos que nadie se sentía cómodo, y además, ni Waters ni Gilmour podían alcanzar las notas requeridas como cantantes que esa canción requería. En el medio del disco, como un susurro de dolor y a la vez de amor, aparece la canción que le da nombre al álbum. No es solo un tema dedicado a Syd Barrett, sino a todo aquello que se había perdido, un álbum dedicado a la pérdida, o a la soledad que se siente después de que algo o alguien ya no está presente.

Syd Barret

Sin embargo, el corazón palpitante del álbum es Shine On You Crazy Diamond, un verdadero homenaje en nueve partes a Syd Barrett, un réquiem eléctrico y un llamado desesperado a un amigo que ya no está, pero que aún sigue vivo en su recuerdo. Al final de la novena parte de esta pieza hay un pequeño regalo escondido para Barrett por parte de Richard Wright, quien incluye un fragmento de la canción See Emily Play, como un guiño y un eco lejano a lo que la banda alguna vez fue. Es, sin dudas, un mensaje explícito para Barrett.

Wish You Were Here destaca no por su complejidad técnica, sino por la profundidad emocional que lograron plasmar tanto desde la música como desde la letra, logrando transmitir tanto la rabia como la ternura, la belleza y el dolor. Roger Waters alguna vez confesó que la realización de este álbum fue como hacer un duelo doble: por un lado por Syd, y por otro lado por esa hermandad inicial de la banda que poco a poco ya se iba perdiendo. La misma portada del disco refleja esto, con dos hombres dándose la mano, uno de ellos en llamas, reflejando que la industria se prende literalmente fuego mientras te sonríe y te da la mano. Syd Barrett fue la persona que impulsó y estimuló el concepto del grupo e inspiró a sus compañeros a crear una aventura que luego él no pudo sostener. Barrett murió en 2006 tras décadas de reclusión viviendo con su madre, dedicado únicamente a la pintura y al jardín. Pero en verdad, para Pink Floyd y para la música se había ido hacía mucho tiempo atrás.

En relación al arte de tapa, la responsabilidad recayó nuevamente en manos del estudio de diseño comandado por Storm Thorgerson, un artista visual que ya había colaborado con ellos en trabajos anteriores, así como con bandas de renombre como Yes, Led Zeppelin o Genesis. Thorgerson pensó que la tapa del disco debería usar una imagen que retratara cómo las personas tienden a ocultar sus sentimientos por miedo a quemarse y prefieren respetar las convenciones sociales. La foto fue tomada en los estudios de Warner Bros ubicados en Burbank, California. Las imágenes de la portada del álbum fueron fotografiadas por Aubrey Powel, co-fundador de Thorgerson del estudio Hipgnosis, un nombre que, irónicamente, se le ocurrió a Syd Barrett.

En cierta forma, Wish You Were Here no buscó superar a su anterior trabajo, que había sido revolucionario en su momento, sino más bien, buscaron hacer algo distinto y lo más alejado posible de The Dark Side Of The Moon. Es un disco que parte decididamente desde lo progresivo para luego desde ahí crear su propia identidad. Si bien el concepto del álbum, en un principio, era hacer una crítica feroz hacia la industria musical, retratada como un lugar frío dominado por la codicia, y también homenajear a ese personaje que los había llevado hasta donde estaban y que ya no estaba —Syd Barrett—, años después Roger Waters diría que sobre todas las cosas la idea principal reflejaba lo que le estaba pasando a la banda, a diez años de su formación. Esas ganas de tocar, esa seriedad y compromiso que tenían cada uno de sus integrantes, esa amistad junto a la hermandad que tenían al entrar al estudio, se había perdido. Las razones son varias, siendo el éxito descomunal de The Dark Side Of The Moon una de ellas. Además, durante la extenuante gira de un disco tan exitoso, las relaciones personales entre los miembros de la banda se habían deteriorado irremediablemente. Hubo que tomar distancia y de alguna manera empezar de nuevo en varios aspectos. El concepto del nuevo álbum vendría a ser la pérdida de la juventud, los sueños rotos, esa inocencia de los primeros años devorados por el paso del tiempo, una de las obsesiones recurrentes de Waters, magistralmente demostrada en Time, incluida en The Dark Side Of The Moon.

Por su propuesta estética, el álbum es inmejorable; es un disco sobre todas las cosas hecho de detalles, de diminutas señales que aparecen y desaparecen. Es también el disco que confirma sin dudas la importancia indiscutible de Richard Wright y el que más va a identificar el sonido característico de la banda. La canción central, Shine On You Crazy Diamond, con sus nueve partes distribuidas en dos piezas en ambos lados del vinilo, es el alma y espíritu de Wish You Were Here. Es un disco más directo y cerrado que su antecesor y esto lo coloca en una pieza indispensable dentro de la discografía de Pink Floyd. 

Así que vos pensás que podés diferenciar
el paraíso del infierno
los cielos azules del dolor?
Podés distinguir un prado verde
de un frío riel de acero?
Una sonrisa de un velo?
Pensás que podes distinguirlos?

Y te hicieron cambiar
tus héroes por fantasmas?
Cenizas calientes por árboles?
Aire caliente por una brisa fresca?
Frío confort por una vida de cambio?
Y cambiaste una marcha a la par
en la guerra por el papel
principal en una jaula?

Como deseo, como deseo que estuvieras aquí
No somos más que dos almas perdida
nadando en una pecera año tras año
corriendo siempre sobre el mismo terreno
Qué hemos encontrado?
Los mismos temores de siempre

Como deseo que estuvieras aquí

Cabe destacar la canción que le da nombre al disco, sencillamente una de las baladas más significativas y emocionantes que se hayan escrito; una pieza íntima, sofisticada, atemporal y una de las más especiales de la banda. La letra no solo habla de la ausencia de Syd Barrett, también refleja la lucha interna de Roger Waters entre la ambición y el idealismo, entre lo humano y lo material. Ese contraste tan humano, frágil y tan real recorre todo el disco de principio a fin. En Welcome to the Machine la puerta que se abre simboliza el descubrimiento musical, pero también la traición de una industria más interesada en cifras que en sentimientos reales. Es un detalle sonoro que encierra toda una crítica a un mundo donde muchas veces se olvida lo esencial, la emoción pura que nace de la música misma. Wish You Were Here no es solo un álbum, es un lenguaje propio, una forma de ausencia, un vestigio con la necesidad de recordarlo para seguir adelante. Este disco funciona como un espejo, pero no es un reflejo que devuelve una imagen clara, sino uno que fragmenta y distorsiona, y aun así su brillo no decae, sino que sigue nutriéndose de nuevas y profundas emociones, y ese es el verdadero poder de Wish You Were Here. Cincuenta años después, este disco sigue siendo una de las expresiones más puras de lo que la música puede significar. Quizás porque todos en algún lugar de nuestra vida tenemos en un rincón un Deseo que estuvieras aquí dedicado a alguien.

 

 

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