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Facundito – 5° Entrega

Hola pa…

¿Todo bien? Acá todo muy tranquilo, bah, tranquilo es una forma de decir porque viste que ahora que cobré y ando con unos mangos en el bolsillo me merecía salir a disfrutar un poco, ir a conocer la parte nocturna de la ciudad, la noche porteña y todas esas cosas que tanta buena prensa tienen. Bueno, salí el finde con dos pibes que conocí en la pensión, uno se llama Juan, es flaquito y usa el pelo casi rapado, estudia medicina y viene de Bariloche, es bastante copado, siempre está hablando sin parar, es un chamuyero bárbaro pero tiene cara de buenazo, dice muy seguido ¿me entendés? ¿me entendés? Al final de cada frase dice ¿me entendés? Me hace morir de risa el pibe, se vino desde allá a estudiar en la UBA porque quiere ser médico como el Che Guevara, tiene unos mambos humanistas muy copados. Y el otro chico se llama Camilo, es un gordo bragadense barbudo que está estudiando filosofía y habla muy raro, usa palabras raras y siempre dice cosas sobre la existencia que mucho no entiendo entonces Juan le repregunta y ahí el pibe aclara y yo capto un poco. Cuando lo conocí me pareció un pelotudo de la clase alta que se la quiere dar de intelectual, de tipo inteligente moviendo las manos, haciendo ademanes, con mirada tranquila y oratoria pausada, a mí en seguida me salió un ¿qué me estás diciendo, loco de la guerra? Pero después nos tomamos unos mates y pegamos buena onda. Con los dos, son re copados los chicos y lo bueno es que están conmigo en la pensión así que joya y ninguno está forrado en plata ni mucho menos porque la vida en la pensión es bastante humilde, ¿viste? hay como una cosa de comunidad que te hace sentir bien, como pobre contento, y como dice mamá: no se atrevan a quitarnos la alegría. Bueno, la cuestión es que el finde salimos, le metimos joda, nos tomamos unos fernet en la pensión, ese día no había nadie, el comedor estaba casi desierto, había una pareja de ecuatorianos comiendo pero apenas nos dieron charla porque de toque desaparecieron. La paraguaya que es la dueña de la pensión andaba con el tereré porque hacía un calor de loco y nos decía que tengamos cuidado, que la noche está picada, así decía: picada. Nosotros le metimos fernet y de ahí fuimos a una fiesta de no qué facultad en un boliche que queda cerca de Congreso, estaba lleno de mujeres, bailamos un montón, tomamos unas cervezas, otro fernet, le metimos cumbia, la pasé re bien, estos dos pibes son una masa. Camilo bailando haciéndose el Mick Jagger… no sabés lo que era, tiraba pasitos, aleteaba con los brazos, con el Juan no podíamos parar de reírnos, y el Juan se la daba de galán y sacaba a bailar a las chicas y les decía que tenía una excelente anatomía, que su estructura ósea envuelta en su delicada piel tenía una belleza científica; con Camilo lo mirábamos y no podíamos creer cómo las minas se le quedaban, lo escuchaban, las conquistaba. Después bailamos con un grupito de rosarinas y el Juan consiguió el número de una de esas chicas que estudiaba en una universidad privada algo que tenía que ver con la moda entonces quedamos que el finde que viene nos invitaban a hacer una previa. Llegamos de día a la pensión, serían las seis ponele, la paraguaya estaba meta tereré baldeando la vereda, nos convidó un poco y de ahí al sobre. Bueno eso, qué se yo, como que necesitaba un poco de joda ¿viste? Está mejorando mucho la vida acá en la capital, con estos chicos que me hice amigo las cosas están mejor, más divertidas, menos solitarias, así que despreocupate que acá todo va viento en popa, con la guita ando bien y el laburo va queriendo. Mandá saludos para allá viejo, mandá muchos saludos.

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