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Atropello Carregal

Por Luciano Sáliche

I

La noche chivilcoyana te envuelve en un manto bastante desconcertante. Me gusta el invierno cuando no hay nadie, sólo unos pocos bares abiertos, los más rockeros, y aunque el frío te tire en la cama, la cerveza y el riff de algún clásico del 2000 seduce. Seduce mucho más que ir directo a los boliches que abren a las 3 de la mañana. El invierno es así. De esta manera me encontré con Atropello Carregal. Después de unos pooles en Los Indios con amigos, caímos en Piluso. Había cinco tipos arriba del escenario. Buenas pilchas: chupines, lonas, tatuajes, cortes raros, agite, show, actitud. La nitidez del sonido, la afinidad de las voces, el ruido perfectamente desprolijo y la expresividad de sus cuerpos daban cuenta que eran una buena banda.

Cuando terminaron, nos pusimos a hablar afuera del bar. “El Pollo” Fernández era el violero y corista del grupo. Tenía su cuota de front-man y eso era como mínimo llamativo. Me contó que eran de Munro, que ya habían tocado varias veces en Chivilcoy, que les gustaba la movida, el recibimiento, el ambiente. Hablamos de Makena, de Cromañón, de Sumo, Científicos del Palo, Eruka Sativa y Spinetta y los Socios del Desierto. Era un rockero haciendo rock en un bar perdido de la llanura pampeana. ¿Qué lo motivaba a tirar unos riffs para 50 personas en un ignoto pueblo un día de invierno letal? ¿Qué es lo que movía a un grupo de pibes a tamizar toda la bronca contenida por una sociedad estupidizada haciendo un poco de potente rock gratuito?

Cuando los vi sentí una especie de enojo, de brutalidad desmedida en la intención de hacer ladrar los instrumentos, esa consistencia mítica del rock que no se encuentra tan a menudo: la actitud. Por esas vueltas extrañas de los lazos sociales teníamos un amigo en común que hizo que volvamos charlar. “Hay una mirada autocrítica bastante presente en las letras de Atropello. Si hay enojo o bronca no es con los demás o para con algo que viene de afuera, sino más bien se trata de nosotros interactuando con aquello que nos molesta, con aquello que nos gusta, con aquello que nos hace dudar y que nos trae placer y culpa a la vez. No nos gusta mucho hablar de rebeldía en términos generales, la rebeldía suele aparecer ligada a una mirada antisitémica muchas veces ingenua. Que el sistema es perverso no es una novedad, pero también somos parte de eso, y no todo lo sistémico tiene que ser erradicado solo por el hecho de ser parte del sistema”, le dice “El Pollo” Fernández a Polvo, reflexivo y despabilado.

II

Hacer el pasaje del vivo al YouTube es toda una experiencia. Cuando los busqué en la web, entendí que la música que escuché ese viernes, era la misma que sonaba en mis auriculares. Descontrolado fue la canción que me produjo el déjà vu, la paramnesia de reconocimiento. Un track futurista pero no por eso menos ruidoso. Luego de palpar algunos temas sueltos me metí de lleno en su último disco, el que estaban presentando esa noche en Chivilcoy. “Libre de opción, libre de expresión, sexo libre en tu habitación. ¿Cuán libre sos?”, son las primeras palabras que se pronuncian en Atropello Carregal y la moral de la naturaleza. Desde el vamos se percibe una crítica, una interrogación. El título es poderoso, invita a la pregunta, a la duda. Y las canciones -para resaltar: Al fondo, Años bajo el cuero y No quiero– logran abordar la cuestión plantando dudas en los oídos de quienes le ponen play a las canciones.

“Buscamos despertar una mirada crítica sobre aquellas cosas que nos son enseñadas como ‘lo natural’. Hay quienes se adjudican el poder de determinar lo que corresponde o no a una supuesta ‘moral de la naturaleza’, y eso nos parece -volviendo a la cuestión sistémica- un discurso conservador que trata de evitar la discusión e intenta frenar la posibilidad de cambio. Sin embargo decidimos incluirnos en el título del disco Atropello Carregal y la moral de la naturaleza, ya que entendemos que la moral de la sociedad también está en nosotros porque, obvio, somos parte de esa sociedad y no podemos observarla como si fuésemos sujetos externos y ya. Nuestras conductas también están teñidas por algún grado de moralidad… nuestras visiones sobre la monogamia, la infidelidad, la familia, el trabajo, la homosexualidad, el rol de la mujer, etcétera, no pueden escaparle a algún tipo de moralidad”, cuenta Fernández.

III

Chivilcoy tuvo y tiene buenas bandas que se presentan los fines de semana en la ciudad. Son varios los bares que curten la movida. Hay un público fanático pero en general lo que se da es una comunidad gustosa de rock que asiste a ver a todas las bandas locales. “La primera vez que fuimos a tocar allá fue con una banda amiga, Los primos que ya no existe, algunos de sus integrantes forman hoy Los mutantes del Paraná -hermosa banda instrumental-. Recuerdo que tocamos en un lugar que se llama Los Indios, ¿puede ser? También tocamos en un anfiteatro. Otra vez tocamos en la calle allí junto a la plaza del centro, pero el lugar que más visitamos es Piluso. Nos tratan mil puntos y la gente de allá de a poco nos va viniendo a ver. ¡Es lindo eso! No recuerdo tampoco cómo llegamos a tocar allá la primera vez. Tenemos algunos amigos de Chivilcoy que nos hacen la gamba cada vez que tocamos, seguramente ellos nos habrán conseguido alguna de las primeras fechas”.

Y agrega: “Nos gusta en general salir de la dinámica que ofrece Capital para el under en general. No estar tan preocupados por la convocatoria, por la venta de entradas, etc. En Chivilcoy en particular siempre hemos tocado sin cobrar entrada. La gente va al bar y ve una banda, algunos conociéndola de antes y otros escuchándola por primera vez. En Capital la dinámica es distinta, entonces disfrutamos mucho de eso. Por otro lado, después de tantos años yendo a tocar allá hay gente que va a ver a Atropello, y se va creando un lindo clima muy bonito, te sentís menos visitante cuando algunas bocas empiezan a cantar tus canciones”.

IV

La puja hegemónica en la cultura existió desde siempre. Pero las nuevas las tecnologías han permitido darle una mayor visibilidad a los productos alternativos y autogestionados, y una mayor posibilidad de acceso a la audiencia cautiva perdida entre opciones maistreams. La pregunta por las ganas es inevitable. Una vez leí que si alguien no trabaja por la vocación, ¿qué garantiza que lo hará por la guita? Hay algo de ingenuidad pero no por eso menos certeza. Las ganas de elaborar un producto cultural digno vienen de la voracidad de querer insertar una mirada sincera en el campo de la cultura. Una mirada invisivilizada, harta de tanta repetición y estrategia de mercadeo.

¿Cómo trabaja Atropello Carregal? “La inspiración espontánea creo yo que es la chispa, pero es el laburo constante lo que se encarga de que esa chispa encienda algo. La inspiración espontánea puede ser un ‘yeitecito’, unas palabras que cantaste sobre unos acordes que te coparon. Ahora bien, después todo eso hay que desarrollarlo, a veces cuesta más, a veces sale de una manera mucho más simple. A veces lo resuelve uno por su cuenta, otras veces el aporte de un tercero te saca del lío. Pasa de todo en el camino hacia una canción. Lo que pensaste que iba a estar buenísimo después queda totalmente desechado o de repente revivís un tema que tenías cajoneado hace años. ¿Quién dijo eso de que la inspiración te encuentre trabajando? ¿Picasso? Bueno, eso. Opino como él. Ufff te traje a Picasso, que intelectual estoy la puta madre”.

Pero el ambiente crece y continúa próspero para la movida alternativa. “Hace un tiempo venimos escuchando y conociendo bandas under, vamos a muchos shows. Y mi sensación es que hay un nivel de bandas muy interesantes. Hay una apertura musical que enriquece a la escena. No siento hoy que haya un tipo de banda que sea la onda del momento, como tal vez lo fueron las bandas reggae o el rock barrial hace un tiempo atrás. Hay bandas de todos los estilos y a la vez menos prejuicio de quienes prestan la oreja. Por otro lado hay mucho respeto por la ejecución de los instrumentos en vivo, y me parece que eso está bueno, preocuparse por cómo tocar, por el audio. Digamos que ahí también se ve el trabajo constante del que hablábamos antes. Hay rock nacional del bueno para rato, no sé si surgirán muchas bandas que llenen estadios, ni si tendrán lugar en las radios, pero eso no importa”.

En diez años de vida, la banda mantiene una estructura formal y arraigada. No han tenido grandes cambios. En su segundo disco Partido se sumó el percusionista y hace unos meses cambiaron de bajista. Así se conforma Atropello Carregal: Juan “Gordo” Franke en la voz, Gonzalo “Pollo” Fernández en coros y guitarra, Mauro Meinardo en percusión, Guido “Mini” Parisi en coros y guitarra, Damián Magliola en bajo y Juan Manuel “Muñe” Fernández en batería. Hay algo que no se puede negar: la banda suena de puta madre. Para quienes quieran verla en vivo, el 18 de julio tocan en Uniclub, barrio del Abasto, junto a Oridios y el 1° de agosto se presentan junto a Pezones Cardozo en Niceto Lado B, pleno Palermo. Y para los chivilcoyanos, en agosto o septiembre van tocar en algún bar de la ciudad.

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Comentarios

'One Response to “Atropello Carregal”'
  1. […] En el medio de la llanura pampeana, cuando las luces bajan, los sapos ladran y los grillos flashan, la noche chivilcoyana se pone intensa. Hoy se presentan a las nueve de la noche en el bar más rockero de la ciudad […]

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