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Heavy metal para millennials

Por Luciano Sáliche

No está muy claro cuándo comenzó el heavy metal. Se estima que entre los 60 y 70, como una suerte experimento rabioso, apareció en forma de destello en algunas canciones de Led Zeppelin, Deep Purple, Black Sabbath y Judas Priest. Pero si la importancia de este tipo de fenómenos no recae en su origen sino en su manifestación, ¿qué implicancias tiene este género en Argentina? ¿Hay una argentinidad metalera? El año pasado la editorial La Parte Maldita publicó el libro Se nos ve de negro vestidos. Siete enfoques sobre heavy metal argentino. La tapa es un homenaje al mítico disco de Hermética Ácido Argentino y los siete textos que incluye intentan abordar al género desde diversas perspectivas.

Los escritores (Juan Ignacio Pisano, Luciano Scarrone, Ezequiel Martín Alasia, Gito Minore, Gustavo Martín Torreiro, Manuel Bernal, Emiliano Scaricaciottoli y Diego Caballero) forman parte del Grupo de Investigación Interdisciplinaria sobre el Heavy Metal Argentino (GIIHMA) que estudian el tema como equilibristas sobre un tapial procurando no caer hacia ningún de los dos lados: ni en la academia y su “efecto de cientificidad”, ni en el periodismo y su “descriptivismo, puro y banal”. Para ellos, se trata de un soporte literario, más vinculado a las ciencias sociales, un libro como plataforma abierta a la comunidad. Ya desde el prólogo comentan que “hay una inflexión nacional”. ¿Cómo abordar un género musical que tiene semejante impronta nacional? ¿Es posible hacerlo desde una objetividad llana, intentando evitar la pasión que le despierta al analista?

Se nos ve de negro vestidos. Siete enfoques sobre heavy metal argentino (La Parte Maldita, 2016)

El 23 de junio de 2002, en la Presidencia de Eduardo Duhalde, se realizó una manifestación en el Puente Pueyrredón donde diferentes organizaciones sociales se agruparon para aunar reclamos. La emblemática huida en helicóptero de Fernando De la Rúa había sucedido seis meses atrás, sin embargo la crisis continuaba inminente. Frente a una manifestación de semejante envergadura, el Gobierno ordenó el desalojo (Felipe Solá, por entonces Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, fue quien dio la orden) y entre los 33 heridos que dejó la represión de ese día, fallecieron Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. El segundo de ellos, un joven de 22 años, cuando murió tenía puesta la remera de Hermética, una de las bandas más importantes de la historia del heavy metal argentino y, por qué no, de la música nacional.

Este detalle no es casual ya que el género tiene una fuerte impronta de clase, donde el trabajador, “el laburante”, ocupa un lugar central, muchas veces asociado a la figura del piquetero y al proceso de fábricas recuperadas. Hace poco conversé con Emiliano Scaricaciottoli y Diego Caballero y me dijeron que “en cada crisis institucional el heavy metal tiene algo para decir”, calificando a la Crisis del 2001/2002 como el hecho político más trascendental de esta generación. La Patria, lo nacional, todo se construye a partir de una serie de episodios, al que se suma la Guerra de Malvinas —sucedida 20 años antes, donde muchos jóvenes metaleros aún no habían nacido—, que dan cuenta de un itinerario temático sin demasiadas demagogias. “El heavy metal también se presenta como una forma de militancia. Para nosotros escuchar heavy metal implica también reflexionar y formarnos para poder leer y desmantelar ese presente y analizarlo”, me comentaron luego, sobre ese movimiento cultural que, por momentos toma la forma de una religión, enigmática e intimidante para quienes son ajenos, poderosa y movilizadora para quienes la disfrutan.

Darío Santillán

¿Podrán los millennials, las nuevas generaciones, los pequeños y atomizados espectadores de la música contemporánea, dar cuenta del trasfondo cultural, político e ideológico de todo lo que escuchan? Se nos ve de negro vestidos es una forma de reflexionar sobre todo lo que nos atraviesa, evitando los prejuicios adherentes a todo este entramado artificial de sentido común que nos anula el pensamiento. El heavy metal, como fenómeno, merecía una reivindicación. Sin celebraciones acríticas, sin lapidaciones funestas, este libro es el caso.

 

Se nos ve de negro vestidos
Siete enfoques sobre heavy metal argentino
La Parte Maldita, 2016
149 páginas

 

 

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