Blog
Por Pablo Milani
La revolución del cuerpo, la moda y el baile
La propuesta inicial de Virus fue muy rupturista. Una banda decidida a sacar el acartonamiento del rock argentino anclado en códigos solemnes y poéticas oscuras. Locura, el quinto álbum de la banda, lanzado en octubre de 1985, no fue un accidente, sino el resultado culminante y la síntesis brillante de sus cuatro trabajos anteriores. El disco es, inequívocamente, el momento en que Virus se consolida como el estandarte de la vanguardia pop y el sonido de una Argentina que recién despertaba a la democracia y hacia una nueva libertad.
La aparición de Locura se produce en un período de intensa efervescencia social y política. Tras la caída de la dictadura militar, la sociedad argentina se encontró ante el desafío y la euforia de reaprender el placer, el ocio y la expresión sin miedo. Tiempos en que se tenía pánico de disfrutar y salir a bailar, épocas en el que el cuerpo y la mente lo requerían. La invitación de la banda era pensar, pero al mismo tiempo no quedarse quieto. El tiempo era ahora, el presente temblaba, y la música tenía que ser sentida y vivida día y noche. El álbum se convirtió en el soundtrack de esta transición. Su estilo, lleno de desparpajo y sofisticación, abordó sin tapujos temas que el rock tradicional había evitado o tratado con excesiva gravedad: el sexo como liberación, la noche en Buenos Aires como espacio de encuentro y experimentación, y el deseo físico despojado de moral.
Con Locura, Virus creció en convicción y convocatoria, teniendo cada vez más seguidores con una intención claramente rockera, no por lo estrictamente musical, sino por su actitud desafiante y contestataria que invitaba a soltarse en una etapa que aún cargaba el bagaje de la represión. Musicalmente, Locura es un álbum que abraza sin reservas la música disco y el synth-pop. Mientras gran parte del rock local miraba a bandas británicas de corte underground o post-punk, Virus optó por las influencias más contemporáneas, sintéticas y bailables que dominaban la escena global. Bandas como Depeche Mode o la vanguardia estética de artistas como David Bowie y Roxi Music fueron esenciales. El resultado fue un sonido pulcro, profundo y eminentemente bailable. Los riffs de guitarra se subordinan a los beats de caja de ritmos y a las melodías pegadizas y sintéticas que definieron la moda de la época. Canciones como Pronta entrega o Pecados para dos son ejercicios de pop perfecto, cargados de ritmo y ambigüedad.
La vanguardia del grupo estaba inseparablemente ligada a la figura de su frontman, Federico Moura. No solo era la voz de la banda, sino su ícono de estilo, sofisticación y libertad. Su presencia escénica, elegante, andrógina y totalmente desinhibida, representaba la antítesis del estereotipo del «rockero serio» y barba crecida. Federico encarnó el desparpajo de una nueva juventud que quería romper con las ataduras culturales y estéticas. Él convirtió el glamour en un arma de crítica y liberación, promoviendo la idea de que la superficialidad aparente del pop podía ser, en sí misma, un acto político y profundamente moderno. Él y la banda entendieron que la revolución no solo se daba en la política, sino también en el cuerpo, la moda y el baile.

El disco se grabó en Buenos Airees y fue mezclado en Nueva York con Cachorro López (bajista de Los Abuelos de la Nada) como invitado. Si algo diferencia Locura de todos sus anteriores trabajos es el arte de tapa. Sus cuatro producciones previas se limitaban a ser una simple foto de la banda. A partir de este disco, la banda de los hermanos Moura dio un paso más allá en su propuesta artística. La portada fue encomendada a Daniel Melgarejo, un colaborador cercano y amigo personal de Federico Moura, que compartía y creía profundamente en la visión de Virus. La elección de Melgarejo era significativa, dado su prestigio en la escena contracultural y musical argentina: fue el cerebro detrás de la identidad gráfica del sello Mandioca y el diseñador del logotipo de Manal.
Su estilo, que se manifestaba en proyectos de música y publicidad, se caracterizaba por una poderosa síntesis: el uso de la ironía y el humor se fusionaba con una sensibilidad que apelaba a la ternura y la fantasía. No obstante, Melgarejo mantuvo un perfil llamativamente silencioso y alejado de los focos. A pesar de su trascendencia en el diseño era un artista que prefería la discreción, su obra fue rara vez exhibida públicamente. Cabe destacar que también fue el responsable de sus dos siguientes trabajos discográficos de la banda, Virus vivo (1986) y Superficies de Placer (1987). La imagen minimalista y conceptual de Locura—alejada de la fotografía directa—subrayaba la nueva sofisticación y el interés de la banda por ir más allá del mero formato musical.
La audacia de Virus no solo reside en la música, sino también en sus letras, como lo demuestra la canción Una luna de miel en la mano, una canción escrita por Eduardo Acosta, amigo de Federico. Esta pieza, aparentemente cruda y provocadora, tiene un origen literario mucho más sofisticado que revela la inquietud cultural del grupo. El título es una referencia directa a una obra de teatro que aparece en la novela más famosa del escritor irlandés James Joyce, Ulises (1922). Dentro de la novela, Joyce se inspiró en su colega de estudios Oliver St. John Gogarty para dar vida al personaje Buck Mulligan. Es precisamente este personaje, alegre, vivaz y provocador (y presentado como un admirador de la antigua Grecia y de Nietzsche), quien es el supuesto autor de una pieza teatral con un título escandaloso e irreverente: Everyman His Own Wife Or, A Honeymoon in the Hand: A National Immorality in Three Orgasms (A cada hombre, su propia esposa o, Una luna de miel en la mano: Una inmoralidad nacional en tres orgasmos).
En esencia, Malachi Mulligan, así su nombre, es una figura efervescente y malhablada que actúa como contrapunto del protagonista de la primera parte de la novela, Stephen Dedalus. Al tomar esta referencia, Virus transforma una alusión literaria de la vanguardia modernista en un hit pop, manteniendo la carga de subversión y humor negro que Joyce le infundió originalmente, encapsulando perfectamente el espíritu provocador y desinhibido de Locura. En este disco, la banda parece haber alcanzado su punto más alto, tanto en letras, composición y propuesta artística. En palabras de Federico Moura, resumiendo la temática central del álbum: “Considero que Locura tiene una oculta posibilidad de comprensión popular. Yo creo que es coherente porque tiene una temática: habla del deseo físico, del amor cliché cinematográfico, de los pecados, de las ataduras y dependencias psicológicas en una pareja. El tema es el amor, pero no habla específicamente de eso.” Locura es, a 40 años de su lanzamiento, el álbum que le dio permiso a toda una generación para bailar sin culpa, desear sin restricciones y vivir el presente en la recién recuperada luz de la democracia.
Etiquetas: Música, Pablo Milani, Rock nacional, Virus

