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Por Manuel Quaranta
El documental LS83 (2025), de Herman Szwarcbart, compone un fresco cinematográfico a partir de palabras e imágenes, bajo la afortunada premisa de que ni las imágenes ilustran las palabras ni las palabras describen las imágenes. Un rasgo distintivo es que el nuevo objeto surge del montaje de materiales no producidos para la ocasión.
Las frases leídas por Martín Kohan provienen de Me acuerdo (2020): son frases cortas, sin progresión narrativa. El escritor anota recuerdos de infancia, mínimos, casi banales, omitiendo –aunque no parezca– la tentación nostálgica. Esta escritura plana tiene efectos cómicos, sobre todo cuando el lector (o, para el caso, el espectador) reconoce algunos de los detalles mencionados (una marca, un hábito, un lugar). Son recuerdos de una intimidad compartida, donde importa el recuerdo, pero más aún la forma en que se recuerda.
Las imágenes proceden del archivo del noticiero de Canal 9, que en la década del 70 se registraba en fílmico (16 mm). Tras el golpe de Estado de 1976, el canal fue intervenido por las Fuerzas Armadas y el material quedó en el olvido. En 2018, por puro azar, Szwarcbart encontró 12.000 latas en el Museo del Cine y revisó 150, de las que brotan noticias menores, eventos públicos, entrevistas y celebraciones. Un repertorio audiovisual pintoresco del período dictatorial, que narraba la Argentina como un país idílico.
Pero de pronto, el espectador, distendido por los recuerdos de Kohan (noviazgos efímeros, discusiones familiares, sueños de gloria), se sobresalta ante la irrupción en la pantalla de un Jorge Rafael Videla sonriente, incómodo en su propia sonrisa. Esas apariciones, aún repetidas, refuerzan la incomodidad: los murmullos no ceden –en una sala llena– hasta los créditos.
Sin duda, Videla es uno de los protagonistas de los 83 minutos que dura la película (el otro es la relación entre las palabras y las imágenes). Junto a él, en la pasarela mediática, desfilan reyes, mandatarios, artistas, deportistas, niños y niñas, hombres y mujeres de a pie, ávidos de estrechar la mano del Teniente General.
Pero la escena más siniestra del film no la protagoniza Videla (la tarea de selección es ardua, los candidatos eran muchos y muy fuertes: el presidente honrando la justicia y la libertad, Massera conversando orondo con un famoso cómico, la madre de Videla, exultante, deseándonos un futuro promisorio).
Giorgio Agamben retoma una observación de Primo Levi y señala, en Lo que queda de Auschwitz, que el partido de fútbol entre miembros de las SS y representantes del Sonderkommando no constituye una muestra de humanidad, sino el punto máximo del horror nazi. El verdadero horror –afirma el filósofo italiano– no reside en la violencia explícita ni en el estado de excepción permanente, sino en la persistencia de la normalidad dentro del sistema de exterminio.
Esa misma sensación se impone cuando Galtieri, tras departir amistosamente con dos conscriptos, comparte un plato de comida con uno de los tantos periodistas adictos al régimen y bromea sobre la preparación del alimento. Es en esta escena –horrorosa y cómica, justamente por humanizar al jerarca– donde se escuchan tres o cuatro risas estruendosas, más cercanas al nerviosismo que a la gracia.
La trama de LS83 necesita la complicidad del espectador para funcionar, del mismo modo que la dictadura necesitaba la complicidad ciudadana (nosotros no sabíamos). Cuando el giro se advierte, el documental adquiere visos de película de terror: la secuencia final muestra hamacas vacías balanceándose y las olas del Río de la Plata rompiendo contra la playa desierta. Entre las imágenes y las palabras se abre una herida de la que nunca vamos a poder desentendernos del todo.
* «LS83» se proyecta todos los domingos a las 18 horas, hasta el 1 de marzo, en el Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires), Av. Figueroa Alcorta 3415, Ciudad de Buenos Aires.
Etiquetas: Cine, dictadura, Documental, Giorgio Agamben, Horror, Jorge Rafael Videla, LS83, Manuel Quaranta, Martín Kphan, Primo Levi

